Julio 3 de 2008
Íngrid recibió a sus hijos después de seis años de cautiverio
ESPECIAL: Rescatan a Íngrid, tres estadounidenses y 11 secuestrados más
El 'paso a paso' de la liberación de Íngrid Betancourt
Con un abrazo Íngrid Betancourt recibió a sus dos hijos, Mélanie y Lorenzo Delloye, en la puerta del avión que los trasladaba desde Francia para recibir a su mamá.
“Quiero compartir con todos ustedes está dicha infinita de tener a mis hijos junto a mí después de siete años de no verlos. Me imagino que Nirvana, el paraíso, tiene que ser parecido a lo que estoy viviendo en este momento”, dijo Íngrid en medio del llanto.
Betancourt se refirió a sus hijos como sus "niñitos, mi orgullo, mi razón de vivir, por ellos seguí con ganas de salir de la selva. Démosle gracias a Dios por este momento tan lindo”.
Con lágrimas en sus ojos, Íngrid dijo que encontró muy lindos a sus hijos y dio gracias a Dios porque “hoy no se parecen a mí”.
“Ellos crecieron solitos, dieron una batalla hermosísima (…) La última vez que vi a Lorenzo era muy pequeño, yo lo podía alzar y me acurrunchaba con él y le dije que me iba a volver ’acurunchar’ con él, espero que su novia no se ponga celosa (…) Mélanie está muy linda, verla con ese cuerpo de mujer y con el cinturón que le mande desde mi cautiverio me da alegría”, dijo Betancourt mientras abrazaba a sus dos hijos.
La recién liberada relató que el canciller francés, Bernard Kouchner, le dijo que tenía que darle “muchos besos, muchos besos” a sus hijos. “Creo que fue una orgia de besos”, contó Íngrid.
En el avión, que aterrizó en Bogotá a las 8:13 a.m., no sólo venían sus dos hijos, también estaba su hermana, Astrid Betancourt, su ex esposo, Fabrice Delloye, y el Canciller francés, Bernard Kouchner, quienes saludaron a la recién liberada.
Íngrid, su primer día de libertad
Fueron 2.321 días los que Íngrid Betancourt estuvo en poder de las Farc, oculta en la profundidad verde de una selva desconocida y esperando el momento en que volvería a abrazar a su madre y a sus hijos. Ayer, gracias a un gran operativo militar, llegó el día anhelado por más de seis años. Volvió a respirar el ‘aire’ de libertad junto a otros 14 secuestrados.
La lucidez de la libertad
Después de descender del avión de las Fuerzas Armadas, que la condujo hacia la libertad junto a los 11 militares, Íngrid no paró de relatar, con sorprendente lucidez, cómo fue su liberación y qué espera de ahora en adelante.
"No hay antecedentes históricos de una operación tan perfecta" dijo la ex candidata sobre el operativo que condujo a su rescate. Atinó a agradecer a Dios, a Colombia, al Ejército e incluso a los medios de comunicación.
Betancourt se deshizo en emoción al recordar cómo se fue dando cuenta que iba a camino a la libertad. Tras abordar una aeronave con rumbo a un 'clima frío', relató que 'vi al comandante que durante tantos años, 4 años estuvo al mando de nosotros, que tantas veces fue tan humillante y tan déspota, lo vi en el suelo, empeloto, los ojos vendados'.
Minutos después, quienes conducían a Íngrid le dijeron lo que estuvo esperando por más de seis años. ‘Somos el Ejército Nacional. Están en libertad', recordó.
Al responder preguntas de la prensa, la ex candidata eludió una posible postulación presidencial, elogió la gestión del presidente Uribe e incluso dijo que si pudiera devolverse en el tiempo, viajaría de todos modos a la zona de distención en 2002. 'Siento que el cautiverio era mi destino. Tenía que vivirlo', remarcó Íngrid.
Sin embargo, horas más tarde, dejó en el aire un cuestionamiento directamente dirigido al mandatario, al asegurar que en la operación de rescate, 'pudimos terminar muertos, pero Uribe se la jugó'.
El comienzo del fin: su último día de secuestro
“Esta mañana, cuando me levanté, recé el Rosario a las 4:00 de la mañana; me encomendé a Dios. Teníamos la expectativa que de pronto alguno de nosotros pudiera ser liberado por una comisión internacional”, narró la ex candidata presidencial, horas después de su liberación. Íngrid nunca se imaginó que después de haber rezado el Rosario volvería a ver a su madre, Yolanda Pulecio, quien luchó incansablemente por su liberación.
“A las 5:00 de la mañana, oí en radio a mi mamá. Iba a tomar el avión para Francia. Oí a mi hija Melanie, que me decía que se iba para la China. Oí a mi ex esposo, el papá de mis hijos, a quien adoro, Fabrice, (Delloye) diciéndome que había una foto mía en una cumbre en el Mont-Blanc, y pensé: Bueno, de pronto no hay nada; de pronto esta vez no es para mí’, pensó Betancourt.
A las 2:00 p.m., después de la operación de rescate, un militar camuflado de guerrillero le dijo una frase que recordará toda su vida: “Somos del Ejército. Ustedes están libres”.
La felicidad de Betancourt y los otros liberados fue tal, que el helicóptero en que los trasladaba hacía la libertad casi se cae. “Saltábamos, gritábamos, llorábamos, nos abrazábamos. No lo podíamos creer. Dios nos hizo este milagro. Este es un milagro que quiero compartir con todos ustedes, porque yo sé que todos ustedes sufrieron, con mi familia, con mis hijos, sufrieron conmigo. Este es un orgullo para todos nosotros como colombianos”, aseguró Betancourt.
El abrazo más largo de sus vidas
En Bogotá, su madre, Yolanda Pulecio, la esperaba con el corazón en la mano y las lágrimas de felicidad en su rostro. La alegría era completa después de luchar y de haber recorrido el mundo entero para pedir la liberación de su hija. Finalmente la pudo abrazar.
A las 5:05 p.m. aterrizó en Catam, el avión de las Fuerzas Armadas, con Íngrid Betancourt y 11 policías y militares que habían sido liberados cuatro horas antes.
Con las manos entrelazadas y las gafas oscuras que la han caracterizado, Yolanda Pulecio, esperaba que su hija; que no veía desde el 11 de febrero de 2002. A menos de 20 metros del lugar donde se detuvo el avión donde venía su hija.
La puerta principal de la aeronave se abrió y el primer rostro que se vio fue el de Íngrid Betancourt. Su mamá salió corriendo, la observó de arriba abajo, la abrazó y la besó como si nunca en su vida la hubiera visto, como uno de esos besos que una madre le da a su hija cuando tiene su primer día de escuela.
Con aplausos de los militares y de los más de 100 periodistas que estaban en el lugar, Íngrid Betancourt besó, abrazó a su madre y le dio gracias a Dios por tenerla de nuevo a su lado.
“A mí se me sale la voz porque estoy muy, muy emocionada”. A los periodistas nos dijo “acompáñenme, primero, a darle gracias a Dios, a la Virgen. Mucho le recé. Mucho me imaginé este momento con mi mamita”, dijo Betancourt.
Las lágrimas no eran sólo de Íngrid y de su madre. Jorge Eduardo Géchem, liberado por las Farc en febrero, se encontraba en el lugar. Al ver que sus compañeros de cautiverio habían sido liberados y pisaban tierra libre, se sumergió en el mismo llanto de aquel día que fue liberado por las Farc. Tal vez, la mitad de su llanto era por los otros secuestrados que aún se encuentran en poder de esa guerrilla.
Luis Eladio Pérez, otro de los liberados por las Farc en febrero y quien había dicho que lucharía por la libertad de Íngrid Betancourt, no podía creer lo que veían sus ojos: Íngrid estaba a su lado. ¡Libre!
No más selva y sufrimientos
Para Íngrid Betancourt y sus otros compañeros de cautiverio no habrá más noches en vela, pensando en el futuro que les podría esperar en la espesa selva colombiana.
Ya no habrá más sufrimiento, están libres y eso es lo más importante en la vida de estas 15 personas que tuvieron que padecer momentos de desesperanza, desilusión, soledad, desespero y angustia.
Ahora, estos 15 rescatados pueden levantar sus miradas y ver a su alrededor, después de muchos años, la libertad que les fue injustamente arrebatada.
Jaime Andrés Ospina / Terra Colombia