William Rodríguez tenía la llave maestra y con ella salvó centenares de vidas en el 11-S.
William Rodríguez tenía la llave maestra y con ella salvó centenares de vidas en el 11-S.

El último hombre en salir de las Torres Gemelas

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Septiembre 19 de 2008

El último hombre en salir


William Rodríguez narra los drámaticos hechos de ese 11-S



Tenía la llave maestra que abría todas las oficinas de las Torres Gemelas y el valor suficiente para subir piso a piso –hasta el 39- para salvar centeneres de vidas. Ese 11 de septiembre de 2001, William Rodríguez pasó de conserje a héroe.

Por 20 años, William, nacido en Puerto Rico, trabajó barriendo las escaleras de los 110 pisos en las Torres Gemelas.

A las 8:45 de la mañana del llamado 11-S, William estaba en el sótano de la Torre Norte en el World Trade Center en Nueva York. Ese día no debía trabajar, pero su jefe se lo había pedido como un favor especial.

“Un minuto después se oye una explosión muy fuerte que nos levanta por el aire. Las paredes se rajan, el cielo falso nos cae encima, los rociadores contra incendio se activan, 14 personas entran a la oficina gritando, un hombre llega con su cuerpo quemado y nadie lo quería ayudar”.

Liderados por el puertorriqueño logran salir por el área de carga y descarga. Pero él insiste en volver.

El barrendero de la llave maestra

Decide regresar, sale de nuevo con dos personas que estaban atrapadas en el ascensor y allí se encuentra con un policía que le pregunta si él tenía la llave maestra.

Como si fuera un miembro del Cuerpo de Bomberos, sube piso por piso con ellos. Abriendo puertas. Nunca pensó que podría encontrar la muerte. “Yo estaba desesperado por sacar a las personas; en ningún momento pensé que me iba a enterrar vivo”.

Llegó hasta el piso 39. Allí un bombero le pide que baje, que ya había ayudado lo suficiente. Pero no quería. Fue entonces cuando le pidieron que ayudara a bajar a un señor que estaba en silla de ruedas en el piso 27. Y así lo hizo sin saber que se salvaría, una vez más, de la muerte.

“Voy a morir y va a ser una muerte lenta”

Al salir del edificio escuchó varios gritos: “no mires para atrás”. Cuando lo hizo, vio cómo la Torre norte, de la que acababa de salir, se derrumbaba a pocos metros de sus espaldas.

Corre con la velocidad que le dan sus piernas y el desespero de salvar su vida, pero sabe que no va a ser suficiente. Por instinto, o no sabe por qué, se arrastra bajo un camión de bomberos y allí espera.

“Voy a morir, y va a ser una muerte lenta y fea”, pensó William bajo los escombros. Pasaron horas y él allí, solo... Cuando tenía perdida la esperanza, las manos de los organismos de socorro, lo sacaron entre los fierros retorcidos del camión y las columnas de polvo que no dejaban respirar.

El seguir viviendo se lo debe a unos camarógrafos de CNN y Globo de Brasil. Ellos vieron cómo William se metió bajo el carro cisterna y avisaron a los organismos de socorro. “El milagro es no haber tenido ni un solo rasguño cuando me sacan de allí”.

“¿Dónde están las Torres?”

“Cuando salí y vi lo que había ocurrido dije: aquí había cientos de pisos, dos edificios, ¿dónde está todo? ¿dónde fueron a parar? 20 años trabajando en el mismo lugar y no encontrar nada, fue muy duro”, dice William con mucha tristeza.

Las Torres habían desaparecido. Esos monumentos del capitalismo irrompible de Estados Unidos ya eran sólo polvo y un país desconcertado y temeroso no lograba despertarse del estupor que lo poseía.

Las dos Torres se habían derrumbado. Increíble. Él seguía con vida y muchos de los que habían tratado de salvar vidas también yacen entre los escombros.

Su vida cambió: ahora ayuda a las víctimas

Todos los días de su vida, William le da gracias a Dios por haberle dado una nueva oportunidad. Por eso creó el grupo Víctimas Hispanas y comenzó a cabildar sobre nuevas legislaciones para ayudar a los indocumentados que sobrevivieron a los atentados del 11 de septiembre.

“Me volví un adicto a ayudar. Creo que esto es una misión de vida (…) Doy charlas por el mundo, llevando un mensaje de lo que pasó el 11 de septiembre. Recuerdo a los latinos que ese día estaban allá, porque la gente se olvida de las personas…”, cuenta William.

La lucha de William se centra en ayudar a los rescatistas que se están muriendo por haber inhalado los humos tóxicos ese día. “Ya han muerto 300 desde el 11 de septiembre”.

“Héroes fueron todos los que murieron ese día”, dice William con humildad. Pero es innegable que él también lo es. No sólo por lo que hizo sino porque el valor propio que descubrió y que ahora pone al servicio de quienes lo necesiten.

Jaime Andrés Ospina / Terra Colombia
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