Febrero 22 de 2008
De política batalladora a cautiva desesperanzada
VEA EL ESPECIAL
Terra Colombia /Inés Ospina
El 26 de marzo de 2001,
Íngrid Betancourt, senadora por el partido verde Oxígeno, fue portada de la Revista Semana. En ella se veía a una Betancourt vestida con armadura y en el título se leía ‘Juana de Arco’. Y así se le puede resumir a la ex candidata presidencial, en poder de las Farc hace ya seis años, como una política de carácter recio.
Su nombre –y su carácter- se empezaron a conocer en 1996 cuando en el Congreso, como Representante a la Cámara por Bogotá, tachó como “delincuente y corrupto" al entonces presidente Ernesto Samper, acusado de haber utilizado seis millones de dólares del cartel de Cali para llegar al poder. Sus acusaciones no las hacía sin conocimiento de causa, pues ya tenía en su haber un libro titulado ‘Sí sabía’, una investigación sobre la financiación de la campaña de ex presidente.
La sinceridad, como es costumbre en este país, trae consigo indignas cuentas de cobro. En diciembre de 1996 recibió amenazas de asesinato y decidió enviar a sus dos hijos, Melanie y Lorenzo, a Nueva Zelanda, donde entonces residía su ex esposo, Fabrice Delloye. No volvió a vivir con ellos de forma permanente.
Se le recuerda repartiendo condones como “protección contra la corrupción”. Como Representante presentó la Ley de protección para los cerros de Bogotá y fue ponente de la Reforma Tributaria, de la Financiación de Campañas Electorales, el acto Legislativo de Reforma Política y de la Reglamentación de la participación de minorías en la Cámara de Representantes.
Esa misma vehemencia la llevó dos años después a ser la candidata al Senado más votada por el partido Liberal, con más de 160 mil votos. Sin embargo, no se sentía cómoda en el partido. Ya en marzo de 1997, durante la convención del liberalismo, se le había oído gritar en medio de cientos de delegados asistentes “hay intereses mafiosos… Desde hace muchos años el Partido Liberal viene teniendo unas relaciones vergonzosas con los delincuentes del país". Luego en medio de una silbatina, fue retirada a empujones del recinto. Así fue como nació, a finales de 1998, el partido Verde Oxígeno, cuyo nombre significaba la búsqueda de un nuevo aire político del país.
Como Senadora siempre se le vio en fuertes intervenciones durante los debates de narcotráfico, corrupción y guerrilla. Por eso, cuando se postuló como candidata presidencial, con
Clara Rojas como fórmula vicepresidencial, su programa de gobierno afirmaba:
“Queremos continuar creyendo que las Farc siguen siendo un grupo preocupado por lograr una mayor justicia en Colombia. Pero no se puede desconocer que algunos de sus miembros mantienen tratos y apoyan el narcotráfico. Las Farc tienen que limpiar su propia organización".
En las elecciones del 26 de mayo de 2002, tres meses después de haber sido secuestrada, Betancourt obtuvo poco más de 53 mil votos de los 11 millones de sufragios válidos. Votos que se quedaron simplemente en las encuestas porque su dueña sigue secuestrada, seis años después. Y de aquella batalladora, que los medios tildaron como una Juana de Arco, queda un lánguido recuerdo, destruido por completo en la última prueba de vida recibida que muestra a una Íngrid silenciosa y derrotada.