Las 500 Millas de Indianápolis es uno de los eventos más importantes en el mundo del deporte a motor, completa la Triple Corona (junto con el GP de Mónaco y Las 24 Horas de Le Mans) a la que todo piloto serio aspira y es la vaca sagrada del automovilismo norteamericano, la prueba máxima para las marcas y pilotos locales.
En semejante templo de la velocidad, hace 70 años, un pequeña compañía italiana de autos deportivos, conoció el sabor de la gloria y avergonzó a sus rivales estadounidenses. Maserati fue el primer fabricante italiano en obtener la victoria en la emblemática pista. El vehículo que prepararon para tan exigente carrera (200 vueltas de curvas a 90º, peraltes y superficie de ladrillo) se convertiría en leyenda y confirmaría el pedigrí de competición para la firma de los Orsi.
En Bolonia, los ingenieros de la firma del tridente experimentaban en el 8CTF (concebido un año antes por Ernesto Maserati), con motor de 8 cilindros en línea 3 litros y doble supercargador tipo Roots presurizando cada bancada de 4 cilindros, y trabajaron fuertemente en el, hasta obtener 365 caballos.
Al mismo tiempo Michael J. Boyle, el jefe de uno de los más grandes sindicatos de Chicago y dueño de un par de autos Millar and Stevens de Indy, le encargó a su jefe de mecánicos, Harry Henning, que visitara la fábrica de Maserati en Bolonia —luego de quedar notoriamente impresionado con el desempeño de un 6CM que poseía— . Henning logró negociar un par de ejemplares del 8CTF y los embarcó hacia Estados Unidos, en dónde logró, con su equipo de mecánicos, exprimir hasta la última gota de rendimiento del enorme motor.
Para la carrera de 1939 el piloto escogido fue Wilbur Shaw (quien fuera presidente de la pista desde 1945 hasta 1954). Shaw, a bordo del “Boyle Special” logró la primera victoria para una marca europea en Indianápolis 20 años después de la última victoria de Peugeot, pero antes tuvo que combatir a Cliff Bergere en su Miller-Ford Offenhauser y al Adams-Sparks de Jimmy Snyder. Shaw quedó tan contento con su victoria y el desempeño del auto, que se tomó una foto con el auto al finalizar la carrera y se la envió la los hermanos Maserati con la siguiente dedicatoria: 'A los hermanos Maserati, por haber construido un auto tan asombroso'.