Una importante revista inglesa reunió a algunos de los diseñadores automotrices más importantes del medio para que determinaran, partiendo de su experimentado criterio, cual fue el auto más hermoso de la historia del automóvil.
El jurado estaba conformado por individuos que en su día fueron responsables –y siguen siendo- de dar vida a muchos íconos de la industria, desde humildes autos que movieron a las masas hasta los eternos deportivos ‘de afiche’ que adornaron millones de cuartos.
Giorgetto Giugiaro, creador del Volkswagen Golf Mk. I o el primer Lotus Esprit, Peter Stevens, la mente a cargo del épico McLaren F1, Marcello Gandini, de cuyos trazos nacieron las carrocerías del Lancia Stratos o el Lamborghini Countach, y Leonardo Fioravanti, escultor de figuras como la del Ferrari Daytona, tuvieron una apreciación en común: su admiración por el Citroën DS, que en 1955 revolucionó la industria con sus originales innovaciones tecnológicas y su deslumbrante carrocería.
Las siglas DS hacían alusión a ‘desée’, o diosa en francés, este fue el auto salió de la mente de Flaminio Bertone, y se mantuvo vigente por más de 20 años de vida comercial, en los cuales más de 1,5 millones de unidades poblaron las calles. Muchas de sus ideas, adelantadas a su tiempo, se están implementando aún en los vehículos de hoy.