Casi cuatro décadas después, Chevrolet repite la historia con el Camaro: es el último de la camada pony car en llegar al mercado y parece dispuesto a comerse vivo a cualquiera que se atreva a presentarse como su rival.
Antes que nada, las preguntas obligadas: ¿llegará a Colombia, lo importará Colmotores? Más que un negocio, traer el Camaro sería un verdadero capricho debido a que el mercado nacional no es el propicio para comercializar autos como este, que están dirigidos a un nicho muy particular; pero como bien dicen, la esperanza muere al último. Mientras tanto, hemos podido ser los primeros testigos de las cualidades que ofrece este deportivo americano a través de una prueba de manejo exclusiva realizada en México.
Las imágenes lo dicen todo. El nuevo Camaro es sublime y espectacular a simple vista, y aunque está claramente inspirado en el modelo de 1967, no parece sólo una reproducción del modelo original. El nuevo Chevrolet redefine y hasta patenta el término 'retrofuturista', ya que es idéntico al concepto original y bien podría pasar como un auto modelo 2012.
Deportivo al 100%
Esos faros, la protuberante nariz, la parrilla negra y el enorme power dome sobre el capó intimidan hasta al más fiero de los vaqueros. Los costados se destacan por dos cosas: la primera es la escasa área acristalada, que sugiere una cabina poco espaciosa pero muy personal. La segunda son los enormes rines de 20 pulgadas, con pisada de 245 mm adelante y 275 atrás, que hablan a las claras de sus intenciones.
La parte posterior no es menos espectacular, con todo y que no tiene formas exageradas, sólo bien hechas y proporcionadas: difusor trasero (más estético que funcional), exhostos dobles con salidas de 3 pulgadas, 'cola de pato' y luces traseras dobles como en los viejos tiempos. Es un auto exagerado, de formas poco discretas y muy agresivo; por todo ello, es uno de los deportivos mejor concebidos y se convirtió en un clásico tan pronto se puso en circulación.
En el interior las cosas también son clásicas, como los relojes circulares dentro de marcos cuadrados, o los indicadores al frente de la palanca, que muestran temperatura y presión de aceite, carga de la batería y temperatura de la transmisión.
El resto de los controles es más sencillo y bastante intuitivo, e incluye climatizador, calefacción para las sillas, computador de viaje, un potente equipo de audio con parlantes Boston Acoustics y poco más. Sobresalen los asientos, mullidas aunque con tendencia a la firmeza, mientras que el soporte para piernas y espalda no es excelente pero sí correcto; curiosamente, se acomodan mejor al cuerpo que los de un Corvette.
En general el nivel de ensambles y materiales es muy bueno. Se nota sólido y prácticamente libre de ruidos y vibraciones. Eso sí, el espacio está reservado sólo para dos pasajeros.
Sensaciones extremas
Tan pronto ponemos en marcha el motor, se hace presente un sonido ronco y profundo, muy discreto para los más puristas, ya que la insonorización de la cabina es muy buena. Basta con que aceleremos algo más y el motor se hará presente de forma contundente. Se trata de un V8 de aluminio y 6,2 litros que entrega poco más de 400 caballos en la versión automática (422 en la manual). Con este corazón, derivado del Corvette, el Camaro no es poca cosa.
Comenzamos a rodar y lo primero que se hace evidente es la calidad de marcha y la puesta a punto de la suspensión. Es claramente firme, sin llegar a ser incómoda, y aunque sus 1.800 kg de peso no se ocultan en ningún momento, muestra una obediencia total a nuestras órdenes. Pisamos a fondo y alcanzamos los 100 km/h en cuestión de 7 segundos, cifra que fácilmente disminuiría hasta los 5 (o menos) al nivel del mar. Seguimos acelerando y el Camaro gana velocidad sin pena alguna. En un par de ocasiones logramos poco más de 260 km/h y el auto parecía querer más y más. La puesta a punto en tierras germanas queda plenamente comprobada. Lo mejor del caso es que siempre está presente una enorme sensación de confianza gracias a la buena estabilidad lineal y a que el frontal no flota nunca.
Tiene potencia de sobra para acelerar y rebasar, o simplemente para que el auto que se nos acerque en la autopista, se haga más y más pequeño en el retrovisor con tan sólo mantener a fondo el acelerador. Lo que menos ayuda quizá sea la ausencia de una cabeza multiválvula, ya que el límite de giro se encuentra a 'escasas' 6.000 rpm; 1.500 vueltas más harían un mundo de diferencia. Por su parte, la caja automática de seis marchas cumple; en modo manual soporta el cambio aun llegando al corte, y en reducciones de marcha incrementa el giro del motor para compensar en una especie de 'punta-tacón'.
Afinado en Europa
Durante el desarrollo del Camaro, se hizo evidente que tenía que ser el mejor en su segmento. Para ello, una de las fases de prueba por las que pasó fue la pista de Nürburgring, donde los ingenieros de Chevrolet afinaron suspensión, frenos, caja y dirección… Hay que decir que ese trabajo se nota, y mucho. Durante nuestras sesiones de pruebas y fotos tuvimos oportunidad de manejar tanto en circuito como en carretera de montaña y autopista.
El comportamiento es más que satisfactorio, y si tuviéramos que usar una sola palabra para definirlo sería 'equilibrio'. El auto nos deja ir muy deprisa si así lo exigimos, con una clara tendencia al subviraje si nos excedemos en una curva y llevamos activado el control de estabilidad; situación que cambia al drifting más obsceno si apagamos las asistencias.
El secreto aquí es seleccionar el Competitive Mode en el control de estabilidad, donde se apaga el control de tracción y la tolerancia al sobreviraje es mayor, aunque al final la electrónica intervendrá si el vehículo ya está 'muy de lado'.
Otras áreas para destacar son, por un lado, la resistencia a la exigencia, ya que nunca muestra agotamiento ni entra en modos de protección de motor o caja, como sí sucede con otros deportivos incluso de marcas premium. Por el otro están los frenos —firmados por Brembo—, con enormes discos de casi 36 cm de diámetro en ambos ejes y pinzas de seis pistones adelante y cuatro atrás. Con este sistema, pasar de 100 km/h a cero es cuestión de unos 38 metros, y se muestra libre de fatiga incluso después de varias repeticiones.
Con un precio aproximado de 30 mil dólares en Estados Unidos para la versión SS, el éxito del Camaro está prácticamente asegurado. Si a eso le sumamos un desempeño dinámico más que competente, una muy buena calidad general y un diseño que hará fantasear a miles, el Mustang y el Challenger pueden tener los días contados… ¿Ya hemos visto esta historia?