Con la aparición del SL63 AMG, el sustituto del SL55 AMG, Mercedes hizo algo mucho más allá que cambiar un modelo por otro. Sentó las bases de una nueva generación deportiva en sus modelos de serie. Funcionalidad, comodidad, agilidad y posibilidades de uso, para un vehículo que va más allá de lo exigible en un modelo deportivo.
El SL63 AMG es, a nuestro juicio, una joya de la industria automotriz. No sólo desprende el aroma a calidad y elegancia de los más caros productos de Mercedes-Benz o el placer de manejo que siempre se asocia a un descapotable. Es, en sí mismo, un compendio de tecnología, un escaparate del nivel tecnológico al que ésta histórica firma y AMG han llegado en materia de prestaciones y confort.
El SL63 AMG es todo un homenaje a la tecnología aplicada al automóvil. La atención al detalle del habitáculo, la calidad de los remates y de la tapicería, el logradísimo techo duro retráctil, la ausencia de ruidos aerodinámicos, el embriagador y masculino sonido del escape, la versatilidad de su caja de cambios o la eficacia de su dirección son sólo algunos ejemplos de lo que se puede encontrar en esta obra maestra.
Reputación mecánica
El mejor argumento de este modelo es su motor. En el caso que nos ocupa, un V8 de 6,3 litros (en realidad un 6,2 tiene 6.208cc), es una especie de tributo al Mercedes-Benz 300SEL de competición diseñado por AMG a comienzos de los 70 y sobre el que la preparadora oficial de Mercedes edificó su reputación.
Al igual que el 5,5 litros al que reemplaza se trata de un V8 aspirado que llega para convertirse en uno de los más grandes y potentes entre los vehículos de serie. Sus 518 HP y 64,2 kg-m de torque son toda una declaración de intenciones. Pasa de 0 a 100 km/h en 4,6 segundos (modo manual) y está limitado a 250 una vez a fondo. Destaca por su descomunal entrega de torque a bajas velocidades y por el radical sonido del escape. Junto a él, se encuentra el otro santo y seña del SL63 AMG, la caja de cambios MCT-7.
Cambio AMG Speedshift MCT-7
Después de haberlo manejado unos cuantos días, de haber pasado más horas sentados al volante que viendo la televisión, hemos desarrollado una especial relación con este auto. Lo conocemos hasta el detalle más oculto. Por esa misma razón, por encima del motor, por encima del espíritu AMG, más allá de su refinamiento, nos creemos los suficientemente versados como para afirmar que lo mejor de este auto es la caja de cambios.
Con el Speedshift MCT-7, fabricado en exclusiva por AMG para este modelo –aunque el nuevo E63 AMG 2010 también lo montará-, Mercedes-Benz ha tocado el cielo. Combina la deportividad, agilidad y rapidez de un cambio manual con el confort de una caja automática. Pero hay más, mucho más. Con cuatro modos de funcionamiento y una función de arranque de competición, denominada Race Start, el MCT-7 proporciona una versatilidad de uso inigualable en cualquier otro modelo de la competencia.
Las siglas MCT responden a ‘Multi-Clutch Tecnology’. En lugar del clásico convertidor de par, que montaba el anterior SL55 AMG, el MCT se compone de un embrague multidisco (seis, para ser exactos) en baño de aceite. En la práctica, esto se traduce en unos cambios de marcha imperceptibles e inmediatos.
La MCT-7 Speedshift AMG trabaja en conjunción con el motor o, mejor dicho, cuando seleccionamos cualquiera de los cuatro modos de funcionamiento disponibles (Confort, Sport, Sport Plus o Manual), el software de gestión del motor modifica también la inyección de combustible. Obviamente, la velocidad de inserción de las marchas va disminuyendo desde el modo más lento (Comfort) al más rápido (Manual). En este último, las relaciones se engranan en sólo 100 milisegundos, casi a la altura de un auto de competición.
Un botón giratorio (AMG Drive Unit) en el puente central permite seleccionar el modo de funcionamiento seleccionado. Bajo las siglas S+, de Sport Plus, se encuentran las letras RS, de Race Start. Esta función es similar al Launch Control de otros modelos de la competencia. El funcionamiento del RS es ciertamente particular. Aunque esté ubicado en el botón giratorio, no se activa de esa manera.
Primero, hay que insertar el modo Sport Plus, y asegurarse de que el Control de Estabilidad esté activo. Después se pisa el freno con el pie izquierdo, hasta que la luz del RS se encienda. Por último, con el pie derecho pisamos el acelerador y levantamos el pie izquierdo del freno. Es sensacional. El SL63 AMG sale disparado hacia delante con toda la fuerza que proporciona su motor, completamente recto, sin pérdidas de tracción ni deslizamientos laterales.
Finalmente, entre las maravillas de este cambio se encuentran la función de doble embrague, activa sólo en los modos S, S+ y M. Con el kickdown pasamos de quinta a segunda o de sexta a tercera, de manera directa sin transición, en línea con lo que Porsche ofrece en su magnífico PDK.
Si el botón giratorio sirve para seleccionar los modos de transmisión, las levas y la palanca de cambios se utilizan para gestionar las marchas en el modo manual. Pero hay más botones.
Bajo el botón giratorio, hallamos tres pulsadores: el superior para manejar el control de estabilidad, el del medio para controlar la suspensión activa ABC (Active Body Control) y el del inferior, con las letras AMG, para memorizar la combinación de modo de manejo y reglaje de la suspensiones seleccionado. Simplemente, basta con presionar durante unos segundos el citado botón y quedará almacenado. Para cambiarlo, mismo procedimiento: Seleccionamos la función de la transmisión deseada, escogemos el reglaje de las suspensiones y presionamos continuadamente el botón AMG.
Realmente, antes de montarse toca leer con cuidado el manual de instrucciones. Nosotros no lo hicimos y nos costó un buen tiempo y varias pérdidas de tracción entender a la perfección todo el elenco de botones y tecnología asociados al vehículo.
Así se maneja
Con la nueva caja de cambios MCT-7, el SL63 AMG se desenvuelve como un dócil animal doméstico a bajas velocidades (se acabaron las inercias de los convertidores de par, bienvenidas las transiciones inapreciables de los dobles embragues) y se convierte en una bestia rabiosa en manejo deportivo. Sólo en reducciones y en otro modo que no sea Comfort, la MCT-7 se nota desbocada, dando golpes de gas y saltando entre marcha y marcha sin ningún respeto por la suavidad.
Las gran cantidad de torque surgen como un torrente a la mínima insinuación del acelerador. La aguja del cuentarrevoluciones sube sin pausa hasta que automáticamente, el software del motor decide insertar una marcha superior (en automático).
Al igual que el anterior SL55 AMG, el SL63 AMG cuenta con el denominado ABC (Active Body Control), un sistema de suspensión activa con dos modos: Normal y Sport. El primero es especialmente indicado para viajes tranquilos y techo al descubierto y casa a la perfección con el modo Comfort de la caja de cambios. El segundo, mediante el que se modifica el tarado de la suspensión, es, obviamente, indicado para sentirse más próximo a Lewis Hamilton o Heikki Kovalainen. Aun así, podemos manejar en modo Sport y no sentir molestias en la espalda tras varios kilómetros de recorrido.
Pesa bien por encima de los 1.950 kilos, sin duda, perjudicado por todo el sistema de accionamiento de la capota dura retráctil. Pese a ello y a la inevitable modificación del reparto de pesos, se siente ágil y manejable. La dirección desempeña un rol importante, es directa, precisa, suave y cuenta con un radio de giro inimaginable para un auto de sus dimensiones. Está más próxima a la de un sedán de lujo que a la de un deportivo de raza. El SL63 AMG se dobla casi como un contorsionista. En garajes y estacionamientos, el único problema que tenemos es el de controlar la altura de los bajos, porque las columnas y demás obstáculos que hacen de estos lugares un verdadero quebradero de cabeza para los autos más deportivos no suponen ninguna dificultad.
Por último, una curiosidad más. Otra de las configuraciones que también pueden elegirse a voluntad del conductor es el reglaje del ESP. Es posible desconectarlo totalmente, conectarlo o activarlo en modo Sport para una configuración más deportiva y permisiva. Manejar un SL63 AMG es como escoger un menú de un restaurante. Sólo tienes que elegir lo más te apetezca en ese momento.
Llamativa presencia
Como es habitual, el celo puesto por AMG para modificar los productos de Mercedes-Benz es excepcional. Si ya con el rediseño al que se sometió a toda la Clase SL en 2008, había logrado un producto mucho más agresivo y llamativo que su antecesor, con la llegada del SL63 AMG, modelo del año 2009, potenció esa imagen. AMG añadió, junto a los cambios mecánicos, una serie de aditamentos exteriores que lo hacen más atractivo. Parrilla negra, faldones laterales, alerón trasero y, sobre todo, el difusor son las señas de identidad de un modelo calzado sobre unas descomunales llantas de dimensiones 255/35ZR, delante, y 285/30ZR, detrás, en rines de aleación ligera de 19 pulgadas y cinco radios. A través de ellos, se entrevén unos descomunales discos de freno de 14.2 pulgadas con pinzas de freno de 6 pistones, para las llantas delanteras, y discos de freno de 13 pulgadas y pinzas de 4 pistones, para las traseras.
La presencia y empaque del SL63 AMG está fuera de toda duda. No importa, con el techo puesto o con él quitado es un auto llamativo, de esos que hacen que se vuelvan las miradas.
Y si el exterior resulta impactante, más lo es el interior. Acabados de fibra de carbono, panel de instrumentos AMG y asientos tipo baquet con infinitas posibilidades de reglaje destacan por encima de todo. Detrás de los asientos, disponemos de un hueco más o menos amplio para almacenar pequeños objetos, en caso de que el espacio del baúl resulte exiguo. Lo que menos nos ha gustado es el manejo de los sistemas de navegación, audio, climatizador, etc. Los mandos de los botones incrustados en la consola central son pequeños y su manejo resulta poco intuitivo. Hay que apartar muchas veces la vista de la carretera para saber donde están ubicados.