En los últimos diez años los vehículos híbridos han cobrado mucha relevancia para los fabricantes que han decidido lanzar uno o más al mercado. Se trata de vender una imagen de ecología que cada vez se valora más entre el público general.
Y no sólo se trata de imagen, en muchos casos un híbrido podría ser la salvación para más de una marca que necesita registrar un promedio de consumo más bajo entre todos los miembros de su gama de productos para cumplir cierta reglamentación (caso de aquellos autos a la venta en EE.UU.). Su mayor ventaja se refleja en el manejo urbano, en donde el motor muchas veces está prendido innecesariamente, en carretera las diferencias de consumo no son tan apreciables.
Este es el caso de Land Rover, que según en medio británico ya está desarrollando un sistema híbrido que funcionará en el eje trasero de su futuro todoterreno de dos puertas, el LRX. Gran parte de estos componentes serán compartidos con su hermana Jaguar, que en los próximos años también planea extender su oferta con alternativas más económicas en el manejo urbano.
Por ahora, lo único confirmado es que Land Rover estrenará un sistema de arranque y parada automática del motor y aprovechará la energía generada en las etapas de frenado, algo que ya varios fabricantes incorporan, más vale tarde que nunca.