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AUTOMÓVIL puso a prueba la nueva Ford Ranger 2,5 Diesel

 


La Ranger de Ford llega a nuestro mercado con un atractivo rediseño y mejoras de equipamiento, cambios que, se espera, incrementen su participación en el competidísimo segmento de las pick-up livianas.

 

Prueba Ford Ranger TDCi


Guerrera con ambiciones

Según Ford Colombia, se han vendido cuatro generaciones de su pick-up más importante en el mercado colombiano, pues productos tan representativos a nivel global como la F-150 se convierten en una compra de nicho en un contexto con unas necesidades muy distintas en cuanto a consumo y practicidad.

Lo cierto es que más que una generación totalmente nueva, este lanzamiento es una importante actualización que pone a la Ranger nacional —sigue ensamblándose en la CCA— a la par con su modelo equivalente en Europa. A pesar de que en la zona frontal la cercanía con su hermana, la Mazda BT-50, se hace más evidente por ciertos rasgos de las farolas, hay nuevos recursos estéticos que le dan una identidad mucho más definida en comparación con su predecesora.

Rasgos de familia

Entre los cambios principales encontramos una parrilla de tres barras horizontales cromadas (la superior luce orgullosa el nombre de la camioneta), un conjunto óptico renovado en su totalidad, pues las unidades delanteras tienen un corte mucho más afilado y agresivo, mientras que las traseras ahora presumen de una decoración parcialmente transparente. Asimismo, los rines, los parachoques y los repetidores laterales de las direccionales son nuevos.

El habitáculo se mantiene prácticamente idéntico y las únicas variaciones para resaltar son la nueva iluminación interior, de color rojo, y una útil entrada auxiliar para conectar cualquier dispositivo de música (algo que en su día nos hizo falta en la BT-50).

Todo a bordo de la Ranger nos recuerda, naturalmente, a su pariente japonesa, que nos ha acompañado en la ruta más de una vez y ha engalanado las páginas de AUTOMÓVIL en dos ocasiones (ediciones 6 y 17). La unidad probada es el tope de la gama, que equipa el conocido diésel de 2,5 litros y 140 caballos, sin duda la alternativa más importante, pues a diferencia de hace unos dos años, la proporción de ventas de las variantes diésel contra las de gasolina es de 65-35%.

Notamos de nuevo un propulsor que en pendientes o en condiciones difíciles a veces necesita gran aceleración para lograr que la Ranger arranque con soltura, y quizás el embrague sufra más de la cuenta en terrenos de poca tracción. Su mejor punto está presente a partir de las 2.000 revoluciones (aunque hay vida desde las 1.800), franja en la que puede recuperar con mucha tranquilidad en marchas largas, y la zona más contundente del tacómetro se encuentra en las 2.500 rpm; a 3.500 logra y mantiene su velocidad máxima de 170 km/h (en quinta) con mucha facilidad, aunque no es necesario transitar a ese ritmo en un vehículo de su tipo.

El accionamiento de la caja de cambios sigue siendo aceptablemente preciso, sin ser rápido, típico en una pick-up. El embrague, por su parte, nos pareció sorpresivamente suave, al igual que la dirección, de correcta asistencia y con cuatro vueltas entre topes. Los frenos tienen un tacto duro que permite dosificar con facilidad la frenada. En alguna maniobra urbana que requiera pisar con fuerza, el corto recorrido del pedal hace poco difícil activar el ABS estando cercanos a la detención.

Gracias a los pocos cambios por dentro, volvemos a acostumbrarnos muy fácilmente a los mandos, simples pero muy bien pensados en su disposición. Los materiales interiores están orientados netamente al trabajo, y su tacto y apariencia dan sensación de resistencia, más que de finura. La posición de manejo es fácil de encontrar, la altura del asiento es fija y permite una visibilidad aceptable; sin embargo, el espacio interior para los pasajeros traseros podría ser más amplio.

Gran futuro

Son tres las versiones disponibles de la Ranger: una básica 2,2 4x2 con el veterano propulsor de 99 caballos; sigue una evolución con tracción total y otra conocida planta de poder de 2,6 litros, que ahora equipa doble airbag de serie; y por último, la variante que probamos, la más equipada, que agrega con respecto a la 2,6 los necesarios frenos con sistema ABS y la ya usual asistencia del EBD.

El precio de introducción de este modelo asciende a 74,7 millones de pesos, cifra favorable si tenemos en cuenta el interesante equilibrio que ofrece entre la austeridad de una herramienta de trabajo y los elementos de equipamiento que, simplemente, son necesarios.

Estos cambios eran imprescindibles para llevar a la Ranger a mejorar sus ventas hasta una proyección que Ford ubica en el 10% de su segmento (aproximadamente unas 120 unidades anuales), meta muy probable ahora que la camioneta se encuentra más preparada.

Manuel Fernández

 

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