El orígen de la especie, historia del Volkswagen Golf GTI
El Volkswagen Golf GTI de 1976 fue el génesis de
un segmento sin el cual no se podría concebir la
industria automotriz actual: los hot hatches.
Desde ese día, todas –o casi todas- las marcas
ofrecen al menos un modelo compacto con
ambiciones deportivas.
El primer GTI nació producto casi de una
insubordinación. VW acababa de introducir el
Golf, reemplazo del ‘Escarabajo’, y se estaba
vendiendo muy bien.
Sin embargo, el ingeniero y piloto de pruebas de
VW, Alfons Lowenberg, tenía la idea de un Golf
potenciado, y pronto él y un puñado de sus
compañeros comenzaron a modificar en secreto
un Golf básico.
El resultado fue tan bueno que cuando
Volkswagen se dio cuenta del ‘proyectico’, no
pudo más que doblegarse ante lo apabullante y
efectivo que era el Golf de Lowenberg, y
finalmente aprobó el desarrollo del proyecto
EA195, el todopoderoso Golf GTI.
Vanguardista
Las siglas significaban Gran Turismo Inyección,
porque el motor elegido para propulsar el auto
era un 1,6 litros utilizado en el Audi 80 GTE,
aunque con algunas modificaciones importantes,
destacando la inyección mecánica de combustible
Bosch K-Jetronic.
Con esto entregaba saludables 110 HP a 6.100
rpm y 14,2 kg-m de torque a 5.000 vueltas, que
permitían a este minimonstruo de poco más de
800 kg llegar a los 100 km/h en 9 segundos y
topar en 182 km/h de máxima. Hasta ese
momento, era el VW más rápido de la historia.
La suspensión y chasis fueron puestos al punto
del nuevo rendimiento, por lo que se colocaron
amortiguadores más rígidos y barras
estabilizadoras en ambas puntas, otorgando al
GTI un muy buen manejo en curva, pero con la
suficiente comodidad para usarlo todos los días.
El deportivo compacto de VW fue un éxito
instantáneo y las 5.000 unidades planeadas para
el primer año ¡se multiplicaron por diez! Más
adelante se incrementó la cilindrada a 1,8 litros,
entregando 115 HP.
En México tuvimos nuestra versión, el Caribe GT,
que si bien no disponía de la inyección de
combustible, contaba con un carburador de dos
gargantas y rendía 85 caballos, muy cercano a la
versión europea. Para la segunda generación del
Golf, que apareció en 1984, VW ya tenía la
formula estudiada. El GTI contaba con un motor
de 1,8 litros y 115 HP (16 válvulas y 130 caballos
para 1986), un chasis totalmente nuevo y
estructuralmente más eficaz, y mejores frenos.
En Europa, una versión supercargada denominada
G60 alcanzaba los 160 HP. Incluso hubo versiones
especiales, como la Rallye o la G60 Limited
Edition (sólo 71 unidades) con 210 HP y tracción
total. Las ventas también subieron, alcanzando
los 17 mil ejemplares.
La tercera generación del Golf llegó en 1991, y
con ella un nuevo GTI que comenzó la debacle del
espíritu deportivo del modelo original. Al ser más
pesado, cómodo y lujoso, dejaba de lado la
agilidad y la viveza de los dos primeros. Tenía un
motor que apenas entregaba 120 HP, y si bien era
más deportivo que un Golf normal, no era para
nada el explosivo minicohete de unos cuantos
años atrás. El GTI se vio aun más opacado por la
introducción del Golf VR6 de 172 caballos.
El GTI de la cuarta generación del Golf siguió por
este camino, pues aunque por primera vez ofrecía
un motor turbo –el clásico 1,8- apenas llegaba a
los 150 HP. Era más pesado y menos respondón
que el MKIII y tenía una suspensión demasiado
blanda.
A pesar de todo, esta generación nos regaló la
edición de 25 aniversario del GTI con 180
caballos. Este también se vio opacado por el
todopoderoso R32, que ya jugaba en la liga del
Lancer EVO y el Impreza WRX STI gracias a la
combinación de tracción en las cuatro ruedas y un
VR6 de 3,2 litros y 250 caballos.
Duro reto
Después vino el GTI V, que se dejó de vender en
Colombia y que ha regresado al espíritu original
del auto, al menos en prestaciones y carácter de
manejo. Aunque no es un auto ligero, su
conducción y potencia lo hacen un verdadero auto
deportivo.
Lo efectivo del bastidor aunado a uno de los
mejores motores de la industria -2,0 litros turbo
de inyección directa y 200 HP- lo han convertido
en el mejor de la familia, quizá una de las
razones más fuertes para que el VI haya cambiado
tan poco respecto a su antecesor, porque ¿para
qué cambiar lo bueno?