De una región ubicada a 800 kilómetros de la
ciudad de Moscú, y que toma el nombre de
Tatarstan, nace otro todoterreno extremo hecho
localmente, digno para las condiciones de las
tierras que lo han creado.
Más de cinco metros de largo en su versión corta,
casi 2 y medio de ancho y una similar medida a lo
alto convierten a este animal en algo que cubre
una necesidad demasiado puntual en condiciones,
usos y lugares muy extremos.
Según la variante escogida puede llevar hasta seis
ruedas, todas motrices, cuyas dimensiones
exceden cualquier tipo de clasificación (no
pueden superar los 80 km/h, aunque se espera
posteriormente el desarrollo de unas que
alcancen 20 km/h más y sean blindadas).
Otra particular característica es que de serie el
Viking viene preparado para flotar en el agua y
navegar a un máximo de 15 km/h, convirtiéndose
así en un vehículo anfibio. El fabricante asegura
que terrenos nevados o congelados no
representan ningún inconveniente para este
todoterreno (si se rompe el hielo, algo muy
probable partiendo de su envergadura, al menos
no se hundirá).
Su artesanal y arcaico aspecto delata su
procedencia, pero el gigantismo de todos sus
componentes y las capacidades que se le
atribuyen sin duda lo convierten en algo
intimidante.