Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles, decía Bertold Brecht.
Y para esos imprescindibles que lucharon toda la vida para alcanzar un sueño como tener un Mercedes-Benz Clase E, la vida los retribuye con esta versión de entrada de la gama, que de ninguna manera es un auto accesible, pero ya se encuentra al alcance de mucha más gente. La distancia: 132 millones de pesos. Es abrumadora la diferencia de precio incluso con su hermano C350, que es 23.000 dólares más caro y es allí donde este E200K se vuelve más atractivo aún para quien no necesita potencia ni prestaciones, y si viajar con mucho espacio y toneladas de confort.
El último caballero
El Clase E es uno de los sedanes premium más emblemáticos del mercado colombiano y del mundo, y lo viene siendo por décadas. La generación actual (W211) data del 2003, aunque en el camino a recibido varias actualizaciones estéticas, de equipamiento y mecánicas.
La línea en general sigue esa corriente que gusta a los hombres maduros: sobria, elegante y sin recursos exagerados. Todo es elegancia apegada a los cánones clásicos. El interior en cambio luce menos riguroso. En este modelo 2008 se aprecian cambios de colores, en el diseño del timón y otros detalles de terminación. Aún así se destaca la incorporación de materiales de alta calidad como la madera, el cuero y algunos acentos cromados.
Su posición de manejo es muy señorial, con un claro dominio del vehículo y una retroalimentación muy fidedigna de lo que ocurre bajo las ruedas. De hecho bastan unos pocos minutos de carretera para “sintonizarse” con las posibilidades dinámicas de este soberbio sedán.
Con respecto a los asientos, la comodidad no está reñida con la efectividad. Los delanteros cuentan con un buen soporte sin merma de confort y disponen de múltiples posibilidades de regulación desde los comandos eléctricos ubicados en las contrapuertas y unas correderas longitudinales que parecen infinitas. Los traseros son amplios, ideales para que quienes allí viajen intenten convencer al “chofer” de que cada itinerario sea lo más prolongado posible.
Está claro que algunos usuarios que alcanzan a comprar un carro de este tipo no lo entenderían si no es con la poderosa respuesta de un V8, o por lo menos de un V6 de buena cilindrada, listo para devolver los ímpetus de algunos pies derechos algo pesaditos.
Pero nos animamos a asegurar que a la mayoría de los usuarios les alcanzará la respuesta contenida del pequeño cuatro cilindros de 1,8 litros turboalimentado que se aloja en el vano. Gracias a sus 183 caballos y la buena penetración aerodinámica del Clase E, le basta para ofrecer una velocidad máxima de 225 km/h y una aceleración apenas por encima de los 9 segundos para alcanzar los 100 km/h con partida detenida a nivel del mar. El poder no desborda pero de ninguna manera se trata de un auto lento y con esas prestaciones más que dignas es una tarea relajada mantenerse en buenos ritmos en carretera y caminos sinuosos.
Conducta impecable
El E200K se luce en cualquier ambiente. Ya sea en la ciudad, donde su aislamiento del ruidoso exterior hace de la cabina un rincón muy privado y confortable, hasta su paso por las carreteras sinuosas. Su comportamiento continúa siendo intachable, con una neutralidad notable. Lo que pierde en deportividad con la respuesta frente a un Serie 5 de BMW lo gana en confort de marcha.
En cambios de dirección, casi no existe oscilación lateral, algo ideal para cualquier tipo de trazado, mientras la dirección ofrece un buen compromiso entre respuesta y grado de asistencia por medio de un volante de generoso tamaño que filtra el grado justo de lo que pasa entre las ruedas y el asfalto. Gracias al ABS y al BAS sus frenos logran detenciones muy buena y afortunadamente casi no presentan fatiga.
Sólo si se desconecta el ESP se puede hacer que el eje trasero se insinúe un poco más de lo debido. Pero el control de tracción permanente actúa de inmediato, sobre todo a bajas velocidades e impide ir más allá de la adherencia de los neumáticos, siempre dentro de los límites de la física.
Como buen tourer alemán el ambiente ideal es la autopista, y se puede rodar a ritmos elevados con una marcha impecable en general, y donde siempre prevalece el dominio total de las situaciones por parte de quien va al volante, una cualidad intrínseca de Mercedes. Su comportamiento dinámico es de lo más efectivo para el entusiasta con un manejo preciso y muy consistente, sin mermas en sus cualidades de confort. Es en los caminos llanos donde menos se siente la anticuada y algo lenta caja de 5 velocidades. En el resto de la gama E, Mercedes ofrece la brillante transmisión 7G que le vendría más que bien a este motor, teniendo en cuenta que es el de menor potencia y torque disponibles. El E200 es un gran sedán premium sin más pretensiones que la de acercar un auto de su investidura a un mayor número de usuarios. Claro que hay algunos faltantes en su equipo como las luces de xenón, las bolsas de aire laterales, o los sensores de lluvia, pero cuenta con asientos de cuero, un buen sistema de audio, climatización automática, sunroof, y una larga lista de amenidades de confort, además de los sistemas Pre y Prosafe que previene el efecto antisubmarinismo de hundimiento de los asientos o dispara las luces de parqueo ante una frenada brusca o un accidente entre otras soluciones en pro de la seguridad.
De esta manera y por su precio el E200K se convierte en el más accesible de los autos premium del segmento E europeo. Claro está que el BMW 525i ofrece por ejemplo un motor V6 con más caballos como entrada de gama, pero que un producto con la estrella en el frente sea el más barato cuando tradicionalmente nos acostumbramos a lo contrario es una apuesta digna de valorar y, claro, de aprovechar.