Más de la fiebre SUV. Tanto, que hasta en el segmento de los compactos hay novedades como el ejemplo que ves en esta nota. Y no es que una SUV compacta sea una novedad como tal, sino que la sorpresa recae en el hecho de que la Compass sea el primer todoterreno en la historia de Jeep en derivar de un auto compacto y con tracción delantera. Nos referimos al Dodge Caliber, con el que el Compass comparte una gran mayoría de elementos mecánicos como el bastidor, el motor, el sistema de tracción integral (disponible en algunos modelos del Caliber) y las transmisiones manuales y de variación continua CVT, por citar los más importantes.
Un carro con overol
Por fuera la historia cambia, ya que no comparte prácticamente nada con su primo Dodge, que dentro de la región andina se consigue en Venezuela, pero no llegará a Colombia. Con respecto al “family feeeling”, sólo la parrilla y los faros redondos son lo único que pueden parecerse, digamos, a una Cherokee/Liberty a escala. Lo demás es original y apuesta por una imagen robusta y agresiva, invitando a rodar fuera del pavimento; tal es el caso de los guardabarros, que además contribuyen a darle un aspecto de mayores dimensiones de las que tiene en realidad. Otros distintivos del costado son las manijas de las puertas traseras ocultas en los parales C y la forma triangular de los últimos vidrios. Finalmente la parte posterior nos recuerda a varios modelos del grupo, como la Gran Cherokee en combinación con los faros de la última Ram Charger norteamericana; cuestión de enfoque.
La altura de la carrocería nos recuerda que no se trata de un todoterreno de verdad, sino de una utilitaria compacta más pensada para rodar en destapadas de mediana dificultad cada vez que se nos antoje alejarnos de la civilización para acampar o simplemente pasear el fin de semana. A su favor destaca una buena altura de la carrocería con respecto al piso, ligeramente superior al Caliber y suficiente para librar obstáculos de cierta magnitud.
Una vez en el interior el ambiente es el de un auto familiar amable, con buena sensación de habitabilidad. Hay espacio para las piernas adelante y atrás (con mucho espacio para los pies debajo de los cojines delanteros), unos asientos no muy mullidos que agarran lo suficiente y frente al conductor, un volante grande y recto que lamentablemente no dispone de regulación en profundidad.
Un punto a mejorar es la calidad de los materiales del tablero y paneles de puertas ya que encontramos algunas rebabas y empalmes desiguales o frágiles; es una de sus áreas de oportunidad para mejorar más claras.
A la tierra
Lo más interesante de la Compass llega a la hora de ponernos en marcha, especialmente si el camino es destapado y está lloviendo, ya que bajo estas condiciones saldrá a relucir la correcta puesta a punto del bastidor y la eficiencia de la tracción integral y el control de estabilidad. Y es que aunque está lejos de tratarse de un campero en forma –como lo dice el baúl-, el sistema es básicamente un tracción delantera en el que el eje trasero se pone en marcha de forma automática cuando las ruedas delanteras detectan una patinada. Adicionalmente, la Compass tiene una pequeña palanca en la consola desde donde se puede bloquear el diferencial para que la potencia se mantenga constante en ambos ejes, facilitando las cosas de manera notable si tenemos que manejar sobre tierra, lodo, agua o incluso nieve ligera. Por el contrario, lo que menos ayuda a salir del camino son las ruedas Continental que lleva de serie, perfectas para el asfalto –seco o mojado- pero escasas para convivir con la naturaleza, particularmente con el lodo. Por su parte, el control de estabilidad ESP presume una eficiencia notable, con intervenciones discretas y justo en el momento en el que el auto comienza a perder la trayectoria, claro, si es que eso hemos buscado “jugando” con la transferencia de peso. Adicional a este sistema, se encuentra un control que limita la inclinación de la carrocería, lo que ayuda a evitar volcaduras. En curvas no presenta la transmisión de pesos de casi todos los SUV y más bien se mueve con la alegría de un auto divertido, señal indisimulable de su ADN.
Corazón mundial
Bajo el capó, la Compass tiene –en cualquiera de sus versiones- el nuevo motor mundial que la marca ha desarrollado en conjunto con otras armadoras. Se trata de un cuatro cilindros de 2,4 litros que entrega 172 HP y un torque de 22,8 kg-m. Cifras que parecen suficientes para mover dignamente sus poco más de 1.500 kilogramos de peso. Nos resultó curioso pero agradable que el modelo de pruebas estuviera equipado con una transmisión manual. El comando de caja que sale de la consola central, en una forma que acostumbran más las vanes familiares. Su accionamiento es eficiente, y las posiciones de las marchas no dejan lugar a errores de acoplamiento, aunque en caminos de montaña se nota un pequeño salto entre la segunda y la tercera, y una quinta larga que prioriza la marcha relajada y la búsqueda de menores consumos. Por su parte, los frenos responden firmemente, gracias en parte al sistema BAS de asistencia de emergencia que ayudó a entregar un promedio de 40 metros de frenada al pasar de 100 km/h a cero.
Estrategia lógica
La llegada del Compass con un precio de casi 78 millones tiene la firme intención de hacerlo pelear mano mano con otras SUV —en especial las coreanas—, que rondan los 4,40 metros como la Hyundai Tucson o la Kia Sportage, que cierto es que arrancan su oferta por debajo de 70 millones, pero disponen de algunos elementos menos de equipamiento y también una potencia inferior. Y además el nombre Jeep es una siempre una tentación y cuatro letras aspiracionales para familias con intenciones de disfrutar este novedoso producto tanto en la jungla de asfalto como fuera de ella.