Uno de los referentes en el mercado colombiano de los vehículos citadinos, el Atos/Santro, dio lugar a esta evolución que llega pisando fuerte: plataforma renovada, nueva imagen y, sobre todo, mayor agrado en la conducción. Arranca en 24 millones de pesos.
Hyundai renovó por completo el benjamín de la casa. La evolución del Atos/Santro entra con fuerza en un segmento que sigue creciendo en demanda y competidores, pues cada vez son más las marcas que apuestan por un modelo urbano, un sector en plena ebullición y con más protagonistas a medida que pasa el tiempo (y el barril de petróleo sigue encareciéndose) en los mercados del mundo y en los de Colombia.
El i10 es un auto nuevo que mejora en todos los aspectos las cualidades de su antecesor, que ya supera una década de existencia, puesto que el Atos original vio la luz allá por 1997, y aprovecha muchas partes de este, como la base mecánica y algunos elementos de los trenes rodantes. Aunque mantiene la buena distancia entre ejes e igual longitud total, las trochas se ensancharon, una de las soluciones “culpables” de que haya mejorado sustancialmente el comportamiento y el confort, tanto que el i10 parece un auto completamente distinto en marcha.
Este ensanchamiento de los ejes también permitió aumentar el volumen de la carrocería, por lo que hay algo más de espacio en las cotas longitudinales del habitáculo. Esta cualidad también la muestra su primo, el nuevo Kia Picanto, que comparte con el i10 una gran cantidad de referencias.
Adentro se respira una notable sensación de desahogo, en parte propiciada por el color claro del techo y los parales. El millaré, terminado en plásticos duros, es sencillo pero atractivo, un sector tan mejorado como las contrapuertas.
Aunque de buena calidad, la presentación del interior puede resultar un poco monótona, aunque sectores como el de los instrumentos le aportan color y calidez. En ese espacio el protagonista es un gran velocímetro en el centro que, gracias a su fondo blanco, permite leer fácilmente la información. En los laterales cuenta con medidores de temperatura de agua y de nivel de combustible y tacómetro, que si bien son más difíciles de leer, se destacan porque ahora se brinda información respecto a todo lo necesario para diagnosticar un buen funcionamiento del vehículo.
De otro mundo
Al ponernos a sus mandos y ajustar nuestra postura al volante ya se percibe un tacto de los diferentes mandos más sólido y agradable que en el Santro. Cada aspecto, cada rincón del interior se revisó y se mejoró, y eso deja la sensación frente a su antecesor de que este i10 hará similares trayectos de manera más relajada y placentera.
Aunque suene reiterativo, son también los asientos los encargados de atestiguar las mejoras, ya que sus materiales y la terminación están un paso adelante. Las espumas son más duras y la altura es considerable, solución que agradecen los de menor estatura y sufren los más altos, a los que incluso se les puede dificultar la lectura de los instrumentos, entorpecida por la visera superior.
Como se mencionó, el espacio trasero es más holgado a lo ancho, mientras en altura no tiene problemas (como tampoco tenía el Santro), y las piernas encontrarán espacio siempre y cuando los asientos delanteros no se encuentren en el final de las correderas. El espaldar trasero no se rebate en porciones, los pasajeros no cuentan con apoyacabezas y de los tres puestos, dos cuentan con cinturones de 3 puntos y el restante, sólo abdominal.
¿Qué más de novedoso? El comando de caja se aloja sobre la consola central, ya no en el piso, sino “colgada” al estilo de algunas minivanes, y queda en una posición muy natural. La visibilidad es ayudada por espejos de gran tamaño, el volante tiene un tamaño justo (aunque el agarre es áspero), la pedalera queda algo cerca del conductor y la superficie de los pedales es bastante reducida. Lo que antes diferenciaba a los coreanos, es decir, el gran nivel de equipamiento de su oferta, parece haber pasado a ser privilegio de otros. Este i10 cuenta con vidrios eléctricos sólo para las puertas delanteras, cierre central sin comando a distancia y los faltantes más notorios son las bolsas de aire y el aire acondicionado, que esperemos lleguen en otras versiones más adelante.
En este pequeñín se nota la evolución estilística a primera vista. El diseño es muy actual y sorprende la calidad que deja ver en cada uno de sus sectores. Los huelgos de las puertas, el perfecto ajuste del capó y las puertas con respecto al cuerpo de la carrocería hablan de un auto mucho mejor construido y de la inversión que la marca coreana continúa realizando en la línea de montaje de Chennai, India, donde el viejo Santro y el nuevo i10 se producen para exportarse a más de 70 mercados alrededor del globo.
El auto que pasó por nuestras manos corresponde al de mayores especificaciones de los que se venden por ahora en Colombia, y los rines de 14 pulgadas de este lo hacen ver mejor parado y mejor “vestido” que el resto de “urbanistas” que montan rin 13”. Ese ítem forma parte de la renovada personalidad, junto a los faros en forma de cuña, la boca más grande dividida al centro por una defensa de color negro, unos faros traseros que lo emparentan con lo más reciente de la familia (el hatchback compacto i30) y un cuidado destacable en manijas de puertas, espejos, boceles y todo lo que contribuye a generar la percepción de un diseño cuidado.
Aplomo y calidad de marcha
Lo primero que llama la atención al ponerse en marcha es la ausencia de ruidos y vibraciones en ralentí, tanto que a veces parece que el motor permanece apagado.
Sí, es el mismo corazón de 4 cilindros con tapa de 12 válvulas y 1,1 litros de cilindrada, pero al que se ha metido mano para mejorar su respuesta y de paso aislar sus vibraciones. Hay ahora 65 caballos y 10 kg-m de torque disponibles que una vez iniciada la marcha no defraudan, por el contrario, se destacan por una respuesta inmediata y ágil a pocas vueltas, que le proporciona una soltura ejemplar para circular por la ciudad. En regímenes medios y altos sigue empujando, aunque de manera no tan notoria, y por el otro lado el escalonamiento de marchas lo ayuda a conseguir esa fluidez, aunque en trepadas de montaña nos hubiese gustado una diferencia un poco menor en las relaciones finales de la segunda y la tercera. La velocidad máxima se aproxima a los 150 km/h, pero acorde con su razón de ser, ofrece consumos muy contenidos, que rondan los 60 km por galón en uso urbano y se estiran a más de 80 en uso constante de autopista.
El i10 es un auto muy agradable para conducir tanto en carretera como en ciudad. Culpables de ello son las suspensiones reelaboradas, que si bien respetan la configuración ya conocida McPherson en el eje delantero y eje torsional atrás, dan mejores garantías con trayectorias más firmes y más precisas, menor balanceo en la carrocería y mayor sensación de solidez tanto en los buenos caminos como en los otros.
Otro campo donde la mejoría es notoria es en los frenos, que se mostraron siempre eficaces, dispuestos a no cansarse y a respetar siempre la trayectoria recta aun en las frenadas más salvajes.
En ciudad, aunque se muestra más duro, no necesariamente significa que es menos confortable, ya que es menos saltarín y “cabeceador” y allí el radio de giro reducido facilita el parqueo y el escape de muchas situaciones caóticas cotidianas. Es un auto agradable de conducir y en el cual convivir, con unas dimensiones ideales para la lucha diaria en la ciudad, con el único “pero” de la dureza de la dirección en cualquier maniobra a baja velocidad.
En definitiva, el i10 supone un tremendo salto con respecto al Atos/Santro, y su precio que arranca en 23,9 millones ya no es el único atractivo, ni mucho menos, que ofrece. Esta versión denominada High con defensas body color, rin de 14”, limpiaparabrisas trasero, vidrios y seguros eléctricos, cuesta un millón de pesos adicionales. Es ágil, de buena calidad y tiene un precio competitivo ¿Se puede pedir más?