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Mazda BT-50 Turbodiesel

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Increíble diseño de este deportivo.

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Mazda BT-50 Turbodiesel

 

La moda no incomoda

Si más de la mitad de las pick-ups que compran los usuarios colombianos son Diesel, no había razón para que la gama BT-50 no dispusiera de una bebedora de ACPM. Ahora, Mazda inaugura su oferta con este tipo de motorizaciones en su gama de automóviles y pick-ups.

 

Un año atrás, cuando tomamos contacto con la por entonces recién lanzada BT-50, comentábamos la desventaja que representaba para Mazda no contar con una opción Diesel para su nueva pick-up. Estas camionetas medianas están mandadas a hacer para el ACPM, porque el desarrollo de los propulsores de este tipo les brinda una notable economía de uso y torques más elevados para mover con mayor soltura la carga o lo que el usuario decida arrastrar.

El momento esperado llegó y la BT-50 incorpora un cuatro cilindros de 2,5 litros, con turbo de geometría variable, intercooler y common rail de segunda generación, un propulsor muy difundido en las camionetas de Mazda y de Ford alrededor del mundo. La razón por la cual esta planta motriz sólo ahora está disponible en el vano de la BT-50, es sencilla: el departamento de ingeniería de Mazda en Japón exigió un tiempo de pruebas, que se extendió prácticamente durante dos temporadas, para asegurarse el perfecto funcionamiento con el combustible de mala calidad del que disponemos en Colombia. Si bien en Bogotá este ha mejorado en los últimos tiempos, la BT-50 se concibió para echarse al hombro la carga en cada rincón de la república, y es de esperarse que sus usuarios tanquearán en estaciones remotas y poco confiables. Ahora sí, la BT-50 Diesel está lista. Como reza el dicho popular: “tarde, pero seguro”.

Corazón trasplantado
Con la confiabilidad garantizada, este propulsor le cae muy bien a una BT-50 que muestra idénticas fortalezas (y algunas debilidades) de su hermana de gasolina en aspectos como el diseño exterior, la presentación de la cabina y el comportamiento de transmisión y suspensiones.

El arranque del motor se puede realizar con relativa celeridad hasta con bajas temperaturas y muestra un nivel reducido de ruido y vibraciones. Comienza a cobrar vida a partir de las 1.800 rpm, por lo que en pendientes pronunciadas, al partir de la quietud total, habrá que acelerarlo un poco más de lo acostumbrado para obtener respuesta antes de soltar el pedal del clutch. Es de anotar que la fuerza se entrega siempre de manera más progresiva que otros turbodiesel que hemos evaluado. La caja es mecánica de 5 velocidades y se ofrece en variantes de tracción trasera o 4x4, como esta versión que tuvimos en nuestras manos. Gracias a mayores cifras de potencia (15 caballos adicionales) y torque (33,6 contra 21,6 kg-m) con respecto al motor más grande de gasolina (2,6 litros de 126 caballos), se mueve con mucha soltura tanto a buenos ritmos en carretera como cuando se aprovechan las amplias dimensiones del platón y su capacidad para cargar 700 kilos. Claro que el rango de aprovechamiento, como en todo turbodiesel, es relativamente corto, por lo que sobrepasar vehículos más lentos o afrontar caminos sinuosos representa trabajo extra para la caja, que por otra parte tiene un comando seguro, pero de recorridos largos y lentos. La satisfacción llega al momento de tanquear, ya que la adecuada capacidad del tanque, de 18,5 galones, le garantiza una excelente autonomía y los consumos son mucho más contenidos que en la versión de gasolina.

La elección de la tracción se realiza por medio de un tradicional juego de palancas dobles para las tres diferentes posiciones (2H, 4H y 4L), de conexión segura, mientras los frenos continúan con similar configuración y eficacia. Las suspensiones son amables con los pasajeros en ciudad y vías destapadas en mal estado, aunque la BT no esconde nunca su vocación de vehículo de trabajo.

Mismo envase
Por lo demás, la BT-50 Diesel no propone nada diferente a la versión de gasolina, con un habitáculo amplio y luminoso, una posición de manejo elevada para el conductor y una ergonomía bien resuelta. Los materiales muestran un nivel aceptable, aunque al conjunto le falta algo de refinamiento.

En cuanto al equipamiento, cuenta con aire acondicionado, ventanas y espejos eléctricos, bloqueo central, instrumentos que incluyen tacómetro y odómetro total y parcial digital, bloqueo remoto de las ruedas delanteras, el equipo de sonido dispone de lector de disco y dos parlantes (no tiene entrada de audio auxiliar), y en aspectos de seguridad no se olvidaron del ABS, del repartidor de frenada para que no bloquee prematuramente si viaja sin carga en el eje posterior, y de bolsas de aire para el conductor y acompañante (perdió las bolsas laterales que trae la versión 2,6).

Las diferencias exteriores con respecto a la de gasolina las encontramos en los protectores de los guardabarros, negros en lugar de ser del color de la carrocería, al igual que los espejos, negros también en los Diesel y cromados en el resto. En el camino también “perdió” los estribos, pero conservó la barra para amarrar la carga y proteger a los ocupantes del movimiento de esta.

La BT-50 Diesel se ofrece, por el momento, sólo en versión doble cabina, en opciones 4x2 ó 4x4. Esta última, objeto de nuestra prueba, cuesta 75,5 millones, casi 12 más que la versión “top” de gasolina, por lo que los kilómetros que se van recorrer tendrán que ser realmente muchos para amortizar la diferencia en la inversión inicial con respecto al ahorro (y la felicidad) que se alcanza en cada tanqueada.

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