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ENTREVISTAS / LUIS EDUARDO GARZÓN
Vera Grabe

Lucho es un tipo muy bacano, abierto y hay una interlocución muy fresca y tranquila.

La "vice" de Lucho Garzón entrevistada por Votebien.com:

Vera Grabe: "No soy cuota de nadie"

Vera Grabe aceptó el reto de ser la fórmula vicepresidencial de Luis Eduardo Garzón. En parte porque siente que es su destino, pero en parte también porque considera que puede aportar tras años de trabajo académico y político. Después del 26 de mayo seguramente regresará a la academia, aunque afirma que el Polo Democrático tiene “el reto de constituir una alternativa democrática de verdad, que vaya más allá de las elecciones y que sea realmente independiente”.

Vea también:
- Segunda parte de la entrevista con Vera Grabe


¿Para qué volver a la política si usted estaba en la academia muy tranquila? ¿Cómo tomó esa decisión? ¿Cómo le propusieron que volviera?

Creo que hay momentos que demandan que uno esté y pienso además que esto no fue ni buscado, ni lagarteado ni trabajado, sino que llegó de sopetón; la propuesta de Lucho, la propuesta del Polo, sale por unanimidad. La vida me puso otra vez de frente a la política. Una amiga mía, que es astróloga, dice que eso es parte de mi destino. Yo tengo un destino público pero tengo siempre la paradoja de que me encanta también el ejercicio más privado, más callado, de investigación y de escribir.

¿La puso el destino o Navarro?

(risas) No no no no. ¡Navarro no es mi destino!

Pero se dice que usted es la cuota que representa a Navarro en el Polo Democrático...

Yo aclaré que no soy cuota de nadie. De entrada se lo dije a Lucho. Navarro me llamó, pero eso lo propuso otra gente. Después, averiguando los intríngulis, supe que no fue Navarro solamente. Y yo les dije: “No soy cuota de nadie. Si vengo aquí es por lo que soy, por lo que represento y por lo que he construido”.

Propuse, primero, un deslinde claro frente a la guerra, porque nada de repetir experiencias pasadas, de una pata en la guerra y otra en la paz. Dos, que esto de verdad sea una construcción independiente; y tres, que llego como independiente. Además, en estos años el M se acabó como fuerza política y nosotros no tenemos esa concepción de cuotas, y es falso que yo haya sido impuesta por Navarro.

Cuando usted hizo política en el 91, estaba el boom del M-19. Ahora es otra cosa. ¿Cómo llegar a un grupo tan diverso y conformado sólo por las elecciones?

Creo que, a diferencia de lo del 91 y la Alianza Democrática, esto es la construcción que todos hemos hecho todos estos años. El M se acabó; se acabó como fuerza política no como historia ni en cuanto a lo que incidió en el país. Y en estos años todos hemos hecho construcciones diferentes: Navarro se ha consolidado en el Congreso, Petro y otros también. Y otros hemos trabajado en diferentes ámbitos políticos, porque cuando uno trabaja investigación para la paz, docencia y pedagogía también es una forma de ejercicio político. Entonces la gente que confluye hoy es diversa pero desde construcciones que cada cual ha hecho. Y eso es lo nuevo, no es el boom de los acuerdos de paz sino que es una construcción.

¿Por qué volví? Estar en la academia no es estar en el retiro, simplemente es no estar frente a los micrófonos, pero ha sido un ejercicio muy enriquecedor de mirar la paz desde distintos ángulos, entender que la paz no es únicamente la negociación. Hay que hacer una inmensa revolución cultural en este país, desde la ética, desde lo femenino, etcétera. Y ha sido una época de mucha nutrición. La escritura fue mi gran hallazgo, saber que desde la palabra escrita puedo decir muchas cosas que no las puedo decir de otro modo y de la misma manera tranquila y reflexiva. Cuando yo me pregunté qué hacer frente a la propuesta, Otty Patiño me dijo: “Esto se lo está poniendo la vida, es un regalo, usted no lo está buscando”. Y frente a las cosas que llegan así uno tiene dos opciones: rechazarlas y ser inferior al reto, o asumirlas, con todo lo que eso implica. Y es la oportunidad de decir las cosas que uno ha construido en todos estos años. Es como una cátedra abierta. Entonces me tocó. Y es rico volver a ver estos escenarios y entender que algunas cosas no han cambiado, que la política se sigue haciendo de la manera tradicional, con esquemas masculinos. Lo otro que fue un motivo grande es el entusiasmo que mi nombramiento generó. Y finalmente, que Lucho es un tipo muy bacano, abierto y hay una interlocución muy fresca y tranquila.

¿Cuál es el aporte de Vera en esta campaña?

Esas búsquedas. Ese aporte de la paz posible. Nosotros representamos la paz que se hizo y la que se construye. Estoy convencida de que si nosotros no construimos una cultura de la paz, si los colombianos no cambiamos de mentalidad, podemos hacer los pactos más maravillosos y no resultarán. Ese mensaje desde la civilidad, la pedagogía para la paz, ese es un aporte que hago, que seguramente no se va a hacer muy visible en una campaña de pocos meses. Y el otro es la perspectiva desde la mujer, el tema de género y la búsqueda d nuevos entendimientos entre hombres y mujeres.

¿Qué le aportamos las mujeres a la política? No basta hacer leyes. La reforma política sólo será válida si le metemos pedagogía, si la gente se la apropia y cambian las costumbres realmente. La guerra no es una continuidad de la política si no que a veces la política es una continuidad de la guerra. Por eso hablamos de cómo construir una política desde los afectos, de generar equilibrios, de lo que aportamos las mujeres.

El Polo está marcando una tercera vía que se espera permanezca. ¿Todo ese caudal político que ustedes están logrando en qué se va a reflejar después del 26 de mayo?

Creo que tenemos el reto de constituir una alternativa democrática de verdad, que vaya más allá de las elecciones, y que sea realmente independiente. Eso no quiere decir que no se hagan acuerdos políticos alrededor de temas estratégicos, pero yo sí creo que se está formando una “oposición” - una palabra que no me gusta mucho porque es muy contestataria-, una alternativa.

¿Vera continuará después del 26 de mayo en esa búsqueda?

Sí. Pero no quiero volver a la política como profesión, sino como participación. La política debe ser a imagen y semejanza de la gente y no al revés. La política demanda una cantidad enorme de inversiones y es tan absorbente que las personas se vuelven esclavas de ella. Y creo que tenemos que humanizar la política y ahí hay un aporte de la mujer. Los hombres tienden al poder y las mujeres hacemos que no sea excluyente la manera como vivimos con la política. No quiero abandonar los espacios de la docencia, desde la investigación y la escritura.

Según las encuestas, la Presidencia se definirá entre Serpa y Uribe. ¿Estaría dispuesta a trabajar con el nuevo gobierno, independientemente de quien quede?

No. Esas campañas representan proyectos que no comparto. Para mí Uribe es como la rebelión contra lo tradicional pero muy desde el establecimiento, y Serpa es el establecimiento. Yo creo en una revolución pacífica, de cambios profundos, no de recomposición.

La insurgencia a ustedes, a los del M, no los quiere, los ve como traidores. Entonces, ¿cómo llegar a ellos con un mensaje influyente?

El mensaje tiene que ser hacia el país y no sólo hacia la insurgencia. En este país el ciudadano tiene que asumir la paz. La paz no es delegable. Si aquí realmente fortalecemos el ejercicio civil de la paz y la iniciativa proviene de los ciudadanos, se generan unas dinámicas muy distintas a las que hubo anteriormente, en donde las reformas quedan subordinadas a los actores armados. Eso le pasó a Pastrana.

Considero que, en vez de ponerle plazos a la guerrilla, debemos ponernos plazos en esta sociedad para hacer las reformas. La paz es un proceso de participación ciudadana. En el proceso pasado fuimos espectadores. Y además, el gobierno manejo el tema dentro de criterios muy elitistas. ¿Qué pasó con las mesas ciudadanas?

En cuanto a si somos o no aceptados por parte de la insurgencia, entiendo que hay un problema. Nosotros hicimos una ruptura muy radical, nos atrevimos a decir “estas armas no sirven, son un estorbo y queremos hacer las cosas de otra manera”. Obviamente, eso rompe un paradigma. Pero si hay reformas y surge una alternativa política, la guerra pierde aire.

Han pasado doce años desde que ustedes entregaron las armas. ¿Han evaluado qué ha pasado en este tiempo? ¿Qué han ganado y qué han perdido?

Pizarro decía, cuando tomamos la decisión política de desmovilizarnos, que era un salto al vacío, sin red. Cuando los procesos son pioneros e inéditos hay grandes riesgos. El camino de la guerra está muy traqueado, es un camino “cierto”, que tienes sus lógicas. La política tradicional también tiene sus lógicas. Nosotros, además, rompimos filas... Fue básicamente un aprendizaje de que una cosa es firmar un acuerdo y otra es la construcción de la paz. Y fue un proceso muy solitario, no contamos con comunidad internacional, como ahora. Si uno piensa que se va a saltar al poder de la noche a la mañana, pues es una frustración, pero ha sido un aprendizaje.

Por ejemplo, la Constituyente que fue ese gran boom de la Alianza, el millón de votos y demás, pero no basta hacer una Constituyente para después volvemos a las mismas reglas de juego. Tiene que haber un diseño de las transiciones políticas. Después de la Constituyente nosotros nos lanzamos a las elecciones, sacamos 22 parlamentario, maravilloso, pero nosotros no valoramos en esa época y fuimos como nuevos ricos. Yo encabecé la lista de Senado, sacamos 9 senadores y todo el mundo sitió que éramos perdedores; sentimos que eso no era nada, cuando ahora sacar uno, dos o tres parlamentarios es una verraquera. Recuerdo que yo estaba en un salón en el Tequendama y cuando anunciaron que teníamos 9 senadores y 13 representantes, eso parecía un velorio. Entonces el aprendizaje de lo que significa el poder sido grandísimo

Una de las críticas al M-19 es que se dejó cooptar por la política tradicional. ¿Usted cree eso?

Yo nunca me sentí ni me siento cooptada y me resisto a ser cooptada. Cuando se dio el debate sobre los auxilios parlamentarios, en el 92, me decían que era una ilusa, una ingenua, pues yo alegaba que estábamos reproduciendo esquemas. No digo que esto haya sido puro, ni niego que algunos cayeron en esos esquemas tradicionales, pero creo que básicamente nos hemos mantenido en búsquedas diferentes, ya sea a través de ONG, de espacios pedagógicos, civiles o construyendo en las regiones. Ha habido otras ganancias.

Más que ser cooptados lo que pasó es que no tuvimos conciencia de lo que significa el poder. No hubo un diseño de transición. Después de la Constituyente nos metimos a un espacio donde quedamos en minoría frente a toda esa vieja jauría existente de la que había que defenderse, porque ellos llegaron buscando la contrarreforma. El gobierno Gaviria tampoco acompañó ese proceso de renovación: se alió con la clase política tradicional para sacar adelante las privatizaciones que él quería hacer y nosotros nos quedamos solos.

Es muy fácil ser inteligente después... Y creo que hubo mucha dispersión. Yo era la jefe de bancada pero con el problema del machismo la gente comenzó a decir “yo también soy líder” y fue muy difícil mantener una bancada-, todo el mundo se creció, empezaron liderazgos particulares. A mí después me dijeron “usted no ejerció el liderazgo en la bancada, usted era la jefe”. Seguramente, pero yo pensaba que había que construir la cosa de otra manera. Yo ya no era la comandante, eso se acabó.

El Polo Democrático es una colcha de retazos y allí confluyen muchas formas diferentes de ver la política. ¿Cómo manejarlo, entonces?

Hay que hacer unos tejidos muy convocantes. Y respetar las diferentes historias. Puede ser que a mí no me guste el comunismo, pero la historia de los comunistas es una que cuenta; la del sindicalismo, la de las mujeres, etcétera. Es un reto generar un reencuentro respetando las diferentes historias.

El PT (en Brasil) tiene unas estructuras que permiten que exista la diversidad y habría que ver ejemplos de otras parte. Lo cierto es que esto no puede ser un partido, tiene que se una confluencia para producir algo nuevo.

Votebien.com


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