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ENTREVISTAS / NOEMÍ SANÍN
Fabio Villegas, el "vice" de Noemí Sanín

Lo que hay que hacer es fortalecer el servicio militar obligatorio, llevar el servicio militar obligatorio a todas las clases sociales, a los ricos, a la clase media. Y que el servicio militar no sea una obligación de los pobres para defender a los ricos. Si queremos defender esta sociedad, defendámosla con los que toca.

Los "vices":

Fabio Villegas al ruedo con Alejandro Santos (I)

Los colombianos necesitamos alguien capaz de manejar los problemas internacionales, dice Fabio Villegas, señalando a Noemí por su experiencia en esa materia.

¿Cómo se siente de candidato a la vicepresidencia?

Realmente tranquilo de estar haciendo un papel responsable. Yo hago parte de los cuadros de la campaña de Noemí Sanín desde hace bastante tiempo. Vengo apoyando a Noemí Sanín desde la campaña anterior, en el 98, o sea que me siento plenamente identificado, compenetrado, parte de su equipo y parte de su programa. Yo creo que esa es la manera responsable de mirar el tema de la vicepresidencia. Hay otra forma y es la de ver la vicepresidencia como una simple sumatoria electoral, buscar el vicepresidente que pueda sumar unos votos a la causa proselitista con miras a la campaña presidencial, buscar un vicepresidente que complemente de alguna manera las debilidades que tenga el candidato presidencial. Para eso no está la institución vicepresidencial. El vicepresidente tiene una función corta pero importante en el ordenamiento constitucional y es el de, eventualmente, estar preparado para reemplazar en forma temporal o definitiva al presidente. Por lo tanto, tiene que ser una persona compenetrada e identificada con lo que el candidato está ofreciendo a los ciudadanos.

Hay muchas críticas a la figura del vicepresidente. ¿Usted no cree que es mejor volver a la figura del designado?

Yo creo que para juzgar la figura del vicepresidente hay que entender bien cuál es el papel. Y para juzgar a los candidatos hay que entender bien cual es el papel de la figura del vicepresidente, que, insisto, es la de ser capaz de reemplazar al presidente de la república. Si uno lo mira desde esa óptica debemos ser capaces de analizar si los candidatos son o no son aptos para cumplir esa función. El problema es que la figura del vicepresidente se ha utilizado con otras características o con otros propósitos. Se ha usado como instrumento puramente electoral o como instrumento de gobierno y ese es un error. Yo no creo que le debamos dar a la figura del vicepresidente una parafernalia burocrática y llenarla de funciones. Si el presidente quiere que el vicepresidente o la persona que ejerza las funciones de vicepresidente tenga otros papeles dentro del Estado, que lo nombre dentro de las funciones correspondientes en el aparato de gobierno. Como el presidente Pastrana ha querido que el vicepresidente sea el Ministro de Defensa, lo correcto es que lo nombre Ministro de Defensa y no que llene la vicepresidencia de funciones del Ministerio de Defensa.

En ese sentido usted ve una función pasiva o cree que debe cumplir algún papel específico, algún trabajo temático… ¿ La vicepresidencia debe ser pasiva o debe cumplir funciones específicas ante la ausencia del primer mandatario?

Yo creo que la vicepresidencia es lo que dice la Constitución que es: una persona que está en capacidad y que tiene las condiciones para cumplir ese papel en el momento en que sea necesario. Y eso en Colombia, dadas nuestras circunstancias de orden público y nuestras dificultades cotidianas, es un papel importante. Ahora, en mi caso personal me siento identificado con el proyecto de Noemí, he venido trabajando en ese proyecto. Yo aspiraría que Noemí en su condición de presidente me diera algunas responsabilidades dentro del Estado. Pero para eso están las funciones correspondientes dentro del aparato gubernamental.

Cambiemos de tema. ¿A qué atribuye el descenso en las encuestas de la doctora Noemí Sanín cuando hace dos años tenía los mayores índices de preferencia electorales?

Yo creo que en Colombia se ha presentado un fenómeno fundamentalmente emotivo y pasional alrededor de los temas de orden público. El país se jartó de la guerrilla, el país se jartó de la violencia, del terrorismo, e interpretó que la persona que de alguna manera estaba diciendo que el proceso de paz iba a ser un fracaso, y que le apostó al fracaso del proceso de paz, era la persona que podía manejar los problemas de orden público y así lo expresó en las distintas encuestas de opinión. Pero yo veo que esa circunstancia está cambiando, veo que el país desde hace algunos días se ha abierto a analizar las propuestas de los distintos candidatos en distintos frentes: en el frente económico, en el frente social y aún en el frente de orden público. Porque una cosa es decir que la propuesta de paz o el proceso de paz iba a ser un fracaso como lo criticamos muchos de los que estamos dentro del actual debate electoral, y otra cosa es tener propuestas adecuadas para el manejo del orden público en Colombia. Aún en ese frente, el país se está abriendo a analizar esas propuestas y por lo tanto las encuestas van a cambiar radicalmente en las próximas semanas.

¿El descenso en las encuestas tuvo que ver con errores al interior de la campaña o fue producto de las circunstancias o de la coyuntura?

Yo creo que uno siempre cree que puede hacer las cosas mejor y siempre hay que mejorar, en la comunicación, en el trabajo. Pero la estrategia yo creo que es correcta. Y es decirle al país que en Colombia hay esperanza. Que todavía en medio de las grandes dificultades de orden público y de violencia podemos darles oportunidades a los colombianos, podemos recuperar la economía, podemos hacer que el Estado le dé opciones, le dé incentivos, le dé señales correctas a los inversionistas y permitamos recuperar los niveles de trabajo que la nación requiere. O sea, que en la medida en que los colombianos entiendan que esa es la propuesta nuestra, crear esperanza y oportunidades aun en medio de las dificultades y en medio del conflicto, la gente va a escuchar nuestras propuestas y nos va a apoyar en el debate electoral.
¿Cómo analiza el fenómeno de Álvaro Uribe que tiene una intención de voto superior al 50% en los últimos meses?

Yo creo que en un momento difícil del proceso de paz en el mes de enero cuando el país vio que se habían firmado una serie de acuerdos importantes, interesantes, que le daban una ventana de optimismo a ese proceso, Uribe dijo: el proceso de paz es una burla. Y una vez firmados esos documentos la guerrilla inició una ofensiva terrorista sin precedentes en los últimos años en Colombia. Por lo tanto, a los ojos de los colombianos, Uribe tuvo la razón. Ese mérito no se le puede desconocer a Uribe en la política y eso hizo que llegara a los niveles de aceptación que tuvo en su momento en las encuestas. Pero ese no es el único tema de la política colombiana. Ya el proceso de paz terminó y lo que está en el papel y en la mesa de los colombianos, son las propuestas de los candidatos para manejar los distintos temas de interés. Ya no un proceso de paz que no existe, sino para manejar entre otras cosas el orden público, para manejar la economía, para manejar la política social, para ver cómo somos capaces de sacar este país de la gran crisis en que se encuentra, para manejar las relaciones internacionales. Buena parte de los problemas de Colombia, o la mayoría de los problemas de Colombia, tienen un componente internacional importante, por lo tanto los colombianos tenemos que tener en la presidencia a una persona capaz de manejar esa variable. Son todos esos elementos los que están en juego en el actual debate electoral y los colombianos están empezando a percibir la importancia de analizar a los candidatos con detenimiento.

El ejercito espera más apoyo de la comunidad. ¿Usted cree que los colombianos están dispuestos, comprometidos a colaborar económicamente para colaborar con las Fuerzas Armadas? ¿Cree que se están rodeando a las Fuerzas Militares y que hay una cohesión de la sociedad para enfrentar a los violentos?

Colombia no va a salir de los problemas de orden público sin un esfuerzo grande, sin un esfuerzo humano y sin un esfuerzo económico. Lo que nosotros estamos proponiendo es crear un Estado lo suficientemente fuerte como para convencer a los terroristas, llámelos guerrilleros o llámelos paramilitares, de que la única salida es una solución negociada y seria. Para eso necesitamos construir Estado, construir Estado en la parte militar, construir Estado en la parte legal, en la parte política, en la parte económica, en la parte social. Nosotros no vamos a poder ganar esta guerra debilitando el Estado y las Fuerzas Militares. Y en eso hay una gran contradicción en la propuesta del candidato Uribe. Uribe nos está planteando que existe la posibilidad de acabar con el servicio militar obligatorio. La fuente de fortalecimiento de las fuerzas militares en Colombia es el servicio militar obligatorio; la fuente de reclutamiento de soldados profesionales es el servicio militar obligatorio. Todo lo contrario. Lo que hay que hacer es fortalecer el servicio militar obligatorio, llevar el servicio militar obligatorio a todas las clases sociales, a los ricos, a la clase media. Y que el servicio militar no sea una obligación de los pobres para defender a los ricos. Si queremos defender esta sociedad, defendámosla con los que toca. Entreguémonos a esa tarea y lo podemos lograr si ninguna duda.

Pero para recuperar esa legitimidad perdida necesitamos dinero y las finanzas están quebradas. ¿De donde se va a sacar la plata para enfrentar la violencia?

Las cifras realmente no son absurdas. Yo creo que uno puede crecer las fuerzas militares del orden de 20 mil soldados profesionales por año. En este momento hay 60 mil soldados profesionales, al cabo de 4 años estaríamos más que duplicando el número de soldados profesionales. Los costos de esto son totalmente asumibles por el Estado. Si uno lograra incrementar la participación de las Fuerzas Militares dentro del PIB, en este momento estamos del orden del 3% del PIB, si lográramos llegar al 4% con ese 1% sería más que suficiente para hacer ese incremento en el pie de fuerza y para dotar a esos soldados profesionales de los equipos necesarios para enfrentar realmente esta situación. Lo que nos gastamos en auxilios parlamentarios en este debate electoral, costaron casi ese 1% del PIB. Simplemente, con combatir la corrupción, con atacar la corrupción, somos capaces de disponer de los recursos necesarios para aumentar las fuerzas militares. Y eso es necesario. Nosotros hemos hablado de que las Fuerzas Militares se han fortalecido en los últimos 4 años. Sí, pero los paramilitares y los guerrilleros se han fortalecido más. Antes teníamos una relación aproximada de 7 militares por guerrillero y paramilitar. En este momento, la relación es del orden de 3.6 o 4%. A pesar de que hemos hecho un esfuerzo no hemos logrado construir el Estado y construir la fuerza que necesitamos construir.

Semana\Votebien.com


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