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PROGRAMA DE GOBIERNO / NOEMÍ SANÍN
Reforma política
Noemí plantea unas nuevas relaciones entre el Congreso y el Ejecutivo



Recuperar la gobernabilidad

El Jefe del Gobierno no puede adquirir lazos de dependencia con el Congreso, porque termina renunciando a su programa, a sus ideas, a sus medios de acción, para atomizarlos al servicio de mil pequeños intereses distintos. Cuando eso ocurre, la gobernabilidad se pierde por completo. Por el contrario, cuando los congresistas saben que se los respeta y se los oye a todos, pero que no se hacen componendas con ninguno, votan en conciencia y hay gobernabilidad.

Existe “gobernabilidad” cuando el jefe del gobierno de un país es capaz de movilizar los ciudadanos en busca de objetivos comunes, y de conseguir para ello la colaboración armónica de los diversos órganos del Estado.

Para que haya gobernabilidad se requiere, ante todo, legitimidad. La ciudadanía no colabora con los gobernantes si cree que las elecciones en las que obtuvieron su título no fueron limpias; o si cree que se financiaron cargando maletas con dinero de las mafias; o que se ganaron forzando a los empleados públicos y a sus familias a votar contra sus conciencias; o que hubo pactos para asegurar que las decisiones del gobierno se tomen en beneficio de los grupos de presión empresariales o sindicales y en contra del ciudadano común; o, inclusive, que se ganaron invitando al sectarismo y no a la reflexión.

Considero, además, que para que haya gobernabilidad se requiere que el jefe del gobierno tenga carácter. Que no haga promesas que no puede cumplir, solo para conseguir que se levante un paro cívico, y para tener que andar luego diciendo mentiras y más mentiras. Que esté dispuesto a jugarse completo por defender el derecho de los más pobres y débiles; pero sin tolerar que en nombre de ese derecho se ataque, humille o lesione a cualquier otra persona que viva y actúe dentro de la ley. Que esté presto para decir y defender las cosas en las que cree, así quienes lo escuchan no compartan sus ideas. Pero que no confunda el carácter con el mal carácter: esto es, que aún al disentir, al ordenar y al sancionar mantenga un profundo respeto por todas las personas con las que trata.

Para que haya gobernabilidad no se requiere que los congresistas, los magistrados, el Procurador, o el Fiscal sean amigos del Jefe del Gobierno. Se requiere sí que lo respeten. Y lo que más perjudica la gobernabilidad es que haya congresistas que se crean con derecho a partes del presupuesto, de la nómina o de los contratos. El Jefe del Gobierno no puede adquirir lazos de dependencia con el Congreso, porque termina renunciando a su programa, a sus ideas, a sus medios de acción, para atomizarlos al servicio de mil pequeños intereses distintos. Cuando eso ocurre, la gobernabilidad se pierde por completo. Por el contrario, cuando los congresistas saben que se los respeta y se los oye a todos, pero que no se hacen componendas con ninguno, votan en conciencia y hay gobernabilidad.

Pero, además, para que haya gobernabilidad es preciso que el Jefe del Gobierno, los ministros, los congresistas, los magistrados, los alcaldes, los gobernadores, los diputados y los concejales sepan que no le pueden fallar al país impunemente. Que no pueden propiciar la corrupción, el desempleo, la inflación, y la incertidumbre jurídica, y venir luego con cara de “yo no fui” a pedir de nuevo votos y oportunidades. Por eso, entre otras cosas, creo que hace falta una reforma constitucional, que premie con la posibilidad de reelección y de ascenso a todos quienes demuestren que han contribuido a hacer la paz, a aumentar el empleo, la educación, la salud, y a mantener la capacidad adquisitiva de nuestra moneda. Y que destierre del servicio público, por siempre, a quienes, habiendo tenido su cuarto de hora, no supieron aprovecharlo para producir resultados sociales.

Pueden los colombianos estar seguros de que en mi gobierno habrá mucha gobernabilidad.





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