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| Fabio Villegas, fórmula vicepresidencial de la candidata Noemí Sanín |
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La negociación requiere un cese al fuego verificable, mediante una localización de los efectivos de las organizaciones guerrilleras en zonas específicas. Es probable también avanzar en una negociación por fuera del país, si es imposible avanzar en el cese al fuego.
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Desayunos de Votebien.com

Fortalecer al Estado para la negociación: Fabio Villegas

El Vice de Noemí Sanín debatió con expertos y periodistas sobre las propuestas de su campaña en materia de paz y tratamiento del conflicto armado.
Vea también:
- Villegas responde a los expertos
Votebien.com se ha propuesto promover el debate profundo de las ideas y propuestas que están en juego en la actual campaña presidencial. Uno de nuestros socios, la Fundación Fescol, lidera un proceso de reflexión en el que participan reconocidos expertos en el tema de paz y conflicto armado. Los desayunos de Votebien, que tienen lugar en la sede de Fescol, someten a fogueo las tesis de las campañas en esta materia.
La campaña de Noemí Sanín fue la primera que invitamos al debate con expertos sobre paz y conflicto armado. La fórmula vicepresidencial, Fabio Villegas, asistió a la cita para exponer sus puntos de vista y las propuestas programáticas de Sí Colombia. Villegas respondió las preguntas que formularon los expertos Alejandro Vargas, Carlos Franco, Hans Blumenthal, Carlos Lozano, entre otros, así como periodistas de los medios asociados a Votebien.com.
A continuación la transcripción completa del debate. En la primera parte presentamos la exposición que hizo el doctor Villegas de sus planteamientos de campaña; en la segunda parte, las preguntas de los expertos y las correspondientes respuestas.
Intervención de Fabio Villegas, fórmula vicepresidencial de la candidata Noemí Sanín, por el movimiento Sí Colombia.
El Estado en Colombia siempre ha tenido una política reactiva frente a los temas de orden público, y por reactivo quiero decir que siempre hemos ido a la zaga del devenir de las organizaciones guerrilleras o paramilitares o de los agentes de violencia. Siempre hemos venido creciendo la capacidad del Estado de enfrentar estos fenómenos, en la medida en que los fenómenos avanzan y por lo tanto por ese camino hemos llegado a un escalonamiento del conflicto cada vez mayor. En esa actitud reactiva siempre ha habido un facilismo de la paz. Siempre ha existido la sensación que llevando las organizaciones guerrilleras a la mesa de negociación el conflicto está resuelto y el camino de la paz allanado. En algunos casos ha tenido éxito esa estrategia, el país ha tenido procesos de negociación muy importantes, con el M-19, con el EPL; personalmente me tocó participar en dos procesos: con la Corriente de Renovación Socialista y con las milicias en Medellín, que tuvo un comienzo exitoso y un final desastroso.
Acá la guerrilla levanta la bandera de la paz y todos entramos en una euforia de la paz. La guerrilla retrocede y se aísla del proceso de paz y todo el mundo entra en una actitud confrontacional o guerrerista.
En ese proceso el Estado se ha vuelto más débil y el proceso más complejo, en relación con las amenazas terroristas. La presencia del narcotráfico alrededor del conflicto, como puente de financiamiento tanto de la guerrilla como del paramilitarismo.
Vemos una guerrilla fortalecida no tanto en lo político como en su accionar militar y que ha cambiado su actitud frente a sus propios propósitos. Las FARC hoy no están tratando de ganar espacios geográficos ni políticos. Uno los ve involucrados en un proceso cada vez más evidente de terrorismo. Lo que hicieron en Barranquilla, el atentado a Alvaro Uribe, no tengo memoria de que las FARC hayan intentado un magnicidio de esa naturaleza. Vemos una guerrilla confusa en sus objetivos políticos. Han perdido su discurso político. No es fácil entender qué buscan las FARC. Uno podría responder “tras el poder”, pero esa es una respuesta bastante simple, porque si eso es así entonces no hay espacio de negociación posible.
A eso se suma el elemento del paramilitarismo, que surge acompañado de la debilidad del Estado, que ha permitido que este fenómeno se reproduzca. Y uno ve que en varios puntos del territorio nacional hay lo que podría ser semilla de una verdadera guerra civil, donde el Estado es un actor pasivo frente a unas organizaciones de extrema que se enfrentan en una gran escalada de violencia.
Lo que hemos visto en los últimos años es una escalada del crecimiento de las FARC, ustedes conoces los números. Se habla de quince mil miembros de las FARC, con un incremento del 35 por ciento. De las autodefensas se habla de 12 mil, con un incremento del 300 por ciento en los últimos cuatro años; el ELN se mantiene alrededor de cinco mil. Y el incremento de las milicias urbanas que ya suman 14 mil y que estas asociadas al accionar terrorista de las guerrillas. Las milicias urbanas han Estado presentes en los atentados recientes en Bogotá y no se descarta que lo estén en el atentado a Alvaro Uribe en Barranquilla, de manera que allí hay una fuerza armada grande con capacidad de hacer mucho daño.
Para mostrare la tesis de que el Estado ha sido reactivo al terrorismo ha habido un incremento de la capacidad de las fuerzas militares sobre todo en capacidad de movilidad, en fuerza aerotransportada, pero el numero de efectivo militares en relación con el número de terroristas ha disminuido. En el 98 teníamos una relación de 7 a 1 y en este momento, sin contamos paramilitares y milicias, esa relación es de 4 a 1. Lejos de estar manteniendo la correlación de fuerzas, con la amenaza de la violencia lo que hemos es retrocedido. Hay alrededor de 170 municipios sin presencia militar o de policía.
Hay dos maneras de conceptuar este problema: una es que se trata de dos fuerzas en igualdad de condiciones desde el punto de vista legal e institucional. La otra es que este es un Estado legítimos, desde luego con debilidades y muchos problemas de reconocimiento de la ciudadanía y con problemas inclusive de legitimidad en el ordenamiento institucional, como lo demuestras las pasadas elecciones. Pero es un Estado legítimo. Y de otro lado tenemos unas organizaciones que están al margen de la ley, cualquiera que sea su objetivo político. Yo desde luego me oriento por la segunda y considero que el concepto que se ha venido manejando de que esto es una guerra es un concepto equivocado. Las guerras se dan entre iguales, o entre Estados, o suponen que hay una desaparición del ordenamiento legítimo y ese no es el caso de Colombia.
Creemos que el propósito del Estado al enfrentar los problemas de orden público debe ser la búsqueda de una solución negociada. Y siempre hay dos elementos que están en el plano cartesiano de la búsqueda de esa solución negociadas. Una, la fortaleza del Estado. Qué tan fuerte es el Estado para que estas organizaciones entiendan que no existe camino por la vía armada. Dos, la voluntad de las organizaciones violentas de avanzar en un proceso de paz. Eso implica claridad de conceptos, sabes que es lo que uno busca y estar dispuesto a cederle a la contraparte. Y yo creo que en ese plano cartesiano estamos en el peor de los mundos: tenemos un Estado débil y unas organizaciones guerrilleras que están lejos de expresar una verdadera voluntad de paz.
Fortalecer las Fuerzas Militares
¿Qué podemos hacer nosotros a estas alturas? El referente siempre es la búsqueda de la solución negociada. No creemos que uno pueda hacer en Colombia una guerra de de aniquilamiento y que el final de esta proceso será el aniquilamiento de la guerrilla y el paramilitarismo. Pero, desde luego, es mucho lo que podemos hacer. En la medida en que tengamos un Estado fuerte como para poder doblegar simultáneamente a la guerrilla y el paramilitarismo, para que entiendan que solo a través de una solución negociada o un sometimiento a la justicia existe verdadera voluntad de paz.
Son muchos los elementos en los que hay que avanzar. Primero, el fortalecimiento de las fuerzas militares. Uno puede hablar d e inteligencia de tecnología y todo eso es importante, pero eso pasa por un incremento de las fuerzas militares. Tenemos que ser capaces de dar un salto cualitativo y cuantitativo. Ser capaces de hacer presencia en todo el territorio nacional. Recuperar la capacidad ofensiva.
Hemos hablado de incrementar el número de soldados profesionales en 20 mil por año, con lo que estaríamos duplicando el número de soldados profesionales al terminar el cuatrienio. En este momento hay 60 mil soldados profesionales y alrededor de 100 mil regulares. Ese número de soldados profesionales nace en la capacidad operativa de las fuerzas militares, que no pueden captar un número ilimitado de personas por la capacidad de comando, de entrenamiento y 20 mil es lo que se ha previsto como lo máximo que se puede hacer.
Estoy en desacuerdo con acabar el servicio militar obligatorio. Lo que cabe en Colombia es fortalecer las fuerzas militares. Las fuerzas militares perderían capacidad ofensiva y capacidad de cubrimiento del territorio nacional. Cualquiera que sea el escenario necesitamos más fuerza pública. Ese incremento de las fuerzas militares debe venir acompañado de dos elementos: Uno, el fortalecimiento de la justicia. No existe la posibilidad de un triunfo militar en un Estado democrático si eso no viene acompañado de un fortalecimiento de la justicia, judicialización de los terroristas; de lo contrario estamos enfrentados a una desregulación y bandolerización del conflicto. Dos, normas legales apropiadas para enfrentar el terrorismo. Defendemos la necesidad de que exista en Colombia un estatuto antiterrorista que facilite el avance de la fuerza pública en la inteligencia, los movimientos económicos que sean necesarios, etc. Se equivocan quines dice que en Colombia existen graves problemas de derechos humanos y no se le pueden dar a la fuerza publica esos instrumentos. Creo que parte de los problemas de derechos humanos que hay en Colombia, que existen y son muy graves, nacen de la debilidad de la fuerza pública. Si tenemos una fuerza publica reglamentada, controlada, institucional y muy fuerte, vamos a tener un mayor control sobre los problemas de derechos humanos.
Cómo negociar
Es importante mantener la lucha contra el narcotráfico. Defendemos incrementar la presencia del plan Colombia, acompañado de la capacidad de interdicción área, que es uno de los elementos fundamentales de la luchas contra el narcotráfico. Avanzar en la lucha contra el secuestro, prohibir el pago de secuestros. Cuando se paga un secuestro, se esta financiando el secuestro que viene. Se requiere una acción más clara y contundente contra los cabecillas de la guerrilla y del paramilitarismo. Es necesario establecer unas políticas de recompensas importantes. El ofrecimiento de mil millones de pesos por Marulanda es insuficiente. Las cifras que hay en el negocio del narcotráfico superan con creces esta suma y hay que ofrecer sumas del orden de 50 mil millones de pesos, que amenacen los círculos de protección de los cabecillas de estas organizaciones.
Y finalmente un resistencia civil, que entendemos como una actitud política del país, de repudio al terrorismo, quitarle espacio político a estas organizaciones y apoyo a la legitimidad del Estado y las instituciones. Tenemos diferencias de fondo con el planteamiento de resistencia civil que hacen otras campañas. No podemos vinculas a la población civil al conflicto, hay que aislar a la población civil del conflicto. Si uno arma a la población civil para vincularla al conflicto la esta exponiendo para que se convierta en punta de lanza de una de las organizaciones armadas extremas que están en el conflicto. La estrategia en Colombia tiene que ser distinta: fortalecer el Estado, las fuerzas militares y debilitares todas las organizaciones armadas al margen de la ley., cualquiera que sea su naturaleza. Si armamos la gente, la gente terminará siendo presa de los paramilitares.
El objetivo de todo esto es la búsqueda de la negociación y de la paz negociada. No existe otra solución en Colombia. Pero hay que cambiar los conceptos y tener claridad sobre lo que es la negociación.
Votebien.com
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