 |
| La guerrilla, en la batalla por el control territorial. |
|
|
Ponerse de parte del Estado no es una obligación moral y política incondicional pero resulta preferible a mantenerse bajo la protección particular de una agrupación armada para la cual, en lugar de ciudadanos, seremos víctimas.
|
|
 |
Por Fernado Estrada Gallego *

La anarquía que viene

¿Qué nos puede aportar el reflejo teórico hobbesiano al análisis actual de crisis que vive Colombia? ¿Cómo interpretar las paradojas y dilemas de seguridad? ¿Qué hacer para reducir los niveles de temor creciente entre los ciudadanos? ¿Cómo co-gobierna la insurgencia armada y el paramilitarismo? ¿Qué preparación debemos tener frente a la creación efectiva de estados por parte de los grupos armados? Estas preguntas y sus posibles respuestas constituyen sin duda parte de la agenda más apremiante hoy en Colombia. El asunto espinoso será para cada caso, desde qué tipo de perspectiva, método o enfoque resulta relevante el análisis que se proponga. Más aún, interesan las proyecciones que pueda tener el estudio sobre cada problema en términos de la solución formal y sustantiva de los mismos.
Aquí, un análisis sobre el problema de la anarquía y las implicaciones que esta tiene para el desarrollo económico y político de Colombia.
Tres noticias de la anarquía
Primera noticia: leemos en el diario El Tiempo del 28 de junio de 2002 el siguiente informe:
Alcaldía, bajo la ley del ELN. En el Peñol (Departamento de Nariño) la guerrilla dirige obras con funcionarios. Los subversivos obligan desde el miércoles a los hombres del pueblo a echar pico y pala en la carretera y a las mujeres a cocinar. Las oficinas de la Alcaldía están desocupadas porque los 27 funcionarios tuvieron que dejar a un lado lapiceros, registros y computadores para coger el pico y la pala. Guerrilleros del frente "Comuneros del Sur", del ELN (Ejército de Liberación Nacional) irrumpieron en el palacio municipal a las 8 de la mañana del miércoles, con la orden perentoria de cerrar la Alcaldía y obligaron a sus empleados a trabajar en el mejoramiento de una carretera veredal".
Segunda noticia: en el mismo diario el mismo día:
Paras amenazan a corruptos. Los jefes políticos de las autodefensas de Bucaramanga advierten que acabarán con las mafias de corrupción en esa ciudad. Las amenazas de los "paras" que el lunes empezaron contra los delincuentes y drogadictos y que el miércoles pasaron a doce sindicalistas y líderes populares de Bucaramanga, ayer se dirigirá contra los funcionarios que en su concepto están comprometidos en la corrupción. "Pedro" aseguró que si no se contrarresta la corrupción y los enemigos de la sociedad por los métodos de la persuasión y la conciliación, se entrará a solucionar todo por la vía militar. Vamos a acabar con muchas de esas mafias del Estado aquí en Bucaramanga, como se está haciendo en el resto del país. Para nosotros es muy irónico que nuestros gobernantes se roben la plata que corresponden a obras, salud, educación y servicios públicos.
Tercera noticia: el mismo día:
Bloqueo contra el alcalde. Indígenas impiden el paso de personas por la carretera panamericana. Los paeces exigen la renuncia del mandatario de Caldoso, a quien acusan de irregularidades en la administración. Acusan al mandatario local de presuntas irregularidades en el manejo de los recursos públicos y de generar enfrentamientos entre las comunidades indígenas. Los manifestantes dicen que están dispuestos a tomar las riendas de la administración de este municipio, en donde un 80 por ciento de la población es paez.
Las tres noticias constituyen un conjunto ejemplar de lo que viene sucediendo en Colombia durante los últimos años. La primera enfatiza detalles sobre la co-gobernabilidad que tienen en algunas regiones la insurgencia armada y las instituciones legalmente constituidas. Varios aspectos saltan a la vista: el control de la insurgencia, la vía de la amenaza como mecanismo facilitador del cumplimiento de promesas, la ausencia de la fuerza pública, la impotencia de los organismos de justicia y, lo más evidente: el desamparo de la población civil ante el dominio estratégico y territorial de la guerrilla. Un fondo social y político que surte efectos de dominio por la fuerza cercanos al estado de naturaleza aunque procurados por una larga historia de relaciones contingentes entre la anarquía y un Estado históricamente inconcluso, representado en una vacua presencia simbólica. Estamos frente a un caso que ilustra la cotidianidad del municipio colombiano desde tiempos remotos.
En el segundo caso, la realidad del conflicto armado tiene arraigo en el corazón mismo de las ciudades. También se trata de la instauración de un poder militar intimidatorio que saca a flote las debilidades del propio sistema de gobierno y las autoridades. Un grupo armado paramilitar ejerce control sobre el imaginario de los ciudadanos. Cumpliendo como sustituto una función propia del sistema de justicia el grupo amenaza a los "corruptos". La declaración de uno de sus comandantes resulta ilustrativa:
"Vamos a acabar con muchas de esas mafias del Estado aquí en Bucaramanga como se está haciendo en el resto del país". ¿Qué idea de Estado subyace en el fondo?, ¿Cuáles características presenta "su noción de justicia"?
Ante los ojos del ciudadano común el paramilitar trasmite un ejercicio de autoridad directa que suelta con desenfado un vínculo pernicioso entre el Estado y la mafia. Los destinatarios de la amenaza: sindicalistas y líderes populares, delincuentes y drogadictos, funcionarios del gobierno municipal. La consolidación estratégica de los grupos armados ilegales en las principales ciudades del país, Cali, Medellín, Bogotá, Bucaramanga, es ahora un plan cumplido que expande fenómenos acumulados de violencia calculada e instrumental.
En el tercer caso, vemos también un hecho repetido en las diversas regiones rurales del país. Las comunidades que afrontan crisis locales acuden a las vías de hecho para darle solución a sus problemas, generando acciones cuya repercusión tiene connotaciones del orden nacional. El bloqueo de una vía que comunica al país internacionalmente, que retiene productos básicos de la economía y ocasiona pérdidas cuantiosas es causado por un motivo político. Las comunidades no se sienten representadas por sus gobernantes, los gobernantes no resuelven sus problemas primarios. La sordidez de los funcionarios ante las condiciones reales de las poblaciones, la falta de compromiso con sus problemas arroja estos resultados. Del mismo modo, los ciudadanos repelen con desconfianza los malos manejos de la función pública, la desconfianza en la administración de los mínimos recursos que deberían estar destinados a solucionar condiciones precarias en la vida de la gente.
Guerra de tiempos premodernos
En los tres casos bajo estudio precisamos:
(1) Condiciones cercanas a un estado de naturaleza. La resolución de diferencias y conflictos entre los individuos y entre estos y quienes les representan apela a la fuerza bruta, la amenaza y la intimidación.
(2) Es evidente la debilidad del gobierno central y sus representantes.
(3) Otros grupos e individuos se abrogan las funciones de poder y autoridad del gobierno con las implicaciones que esto conlleva.
(4) Los mecanismos de orden y reconocimiento se derivan del miedo al más fuerte.
(5) Los individuos y las comunidades deben acoger las medidas de quien impone mayor peligro.
Estamos cercanos a la descripción que Van Cleveld hace de las guerras en Europa durante el tiempo de la Reforma en su libro The Transformation of War:
En todas esas luchas había motivos políticos, sociales, económicos y religiosos indisolublemente mezclados. Puesto que esa era una época en que los ejércitos estaban formados por mercenarios, iban acompañados también por multitud de intermediarios militares(…). Muchos de ellos prestaban poco servicio aparte de fingir estar de acuerdo con las organizaciones para las que habían aceptado luchar. En lugar de luchar, asaltaban el territorio en beneficio propio (…).
Dadas tales condiciones, las sutiles diferencias (…) entre los ejércitos por un lado y los pueblos por el otro estaban destinadas a terminarse. Inmersos en la guerra, los civiles sufrían atrocidades terribles.
Cuáles sean aquellos temas que puedan motivar una agenda de prioridades del gobierno entrante, el aplazamiento del proceso estructural de anarquía que hoy tenemos puede conducirnos inexorablemente a un estado natural hobbesiano de no retorno, conflictos violentos uno a uno y de todos contra todos.
* Fernando Estrada Gallego, director del Seminario Problemas Colombianos Contemporáneos,
Escuela de Economía, UIS.
Votebien.com
|