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| La apertura a importación de productos se confundió con desarrollo económico. |
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Las nuevas medidas en materia económica no deben aislarse en ningún caso de la esfera de los intereses sociales básicos y, por el contrario, deberían someterse rigurosamente a su servicio.
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Comentarios a Joseph E. Stiglitz

La economía del Estado comunitario (II)

Segunda parte del repaso que hace Fernando Estrada Gallego a los argumentos de Stiglitz identificando los alcances que tiene su crítica a las políticas del FMI y su relevancia con respecto al panorama político colombiano.
La encrucijada colombiana
El gobierno electo de Álvaro Uribe Vélez se decide por la continuidad de las relaciones pactadas con el FMI y los compromisos que Colombia tiene con el mismo. Más allá de contrastar las medidas de choque con la economía en recesión, el nombramiento de Junguito, Londoño y Montenegro es una señal del espíritu sumiso que tendrá este gobierno entrante con los organismos de la economía internacional.
Esta delantera del equipo económico del gobierno de Uribe Vélez tiene un doble fin, como se sabe. Generar tranquilidad en los organismos financieros internacionales y proyectar internamente un reordenamiento de las políticas del gasto público. De paso, el mensaje a la clase política parece evidente, no se dejará el manejo de la hacienda pública al garete, la coyuntura económica requiere una respuesta de nivel técnico que sólo los expertos pueden afrontar. Los riesgos implícitos de esta perspectiva vuelven a situarnos en la época desastrosa y frívola del ex presidente César Gaviria Trujillo.
La aplicación del modelo neoliberal a la economía colombiana tuvo consecuencias difícilmente reparables en el tiempo. Una mayor injerencia de las políticas de privatización en los diversos niveles del servicio público, mayores desigualdades económicas, déficit fiscal creciente y aumento de la deuda externa. El dilema económico sigue siendo fatal. De mantenerse los acuerdos de recorte al gasto público y reformas tributarias, el desmantelamiento del Estado social traerá efectos imprevisibles en materia de orden público. No responder a los acuerdos internacionales, igualmente coloca al país en un escenario dubitativo para los préstamos y la ayuda que se requiere en materia de inversión social.
¿Qué podemos decir en Colombia cuando una minoría ha transgredido la autonomía de la institucionalidad política y económica? ¿Qué decir cuando nos hemos desplazado en tiempos diferentes frente a los acontecimientos de la globalización por culpa del narcotráfico y sus propietarios? ¿Qué poder efectivo tiene hoy el Estado frente a los terratenientes y latifundistas herederos de una guerra territorial? Dado que las fronteras orgánicas del país y las regiones que lo componen no poseen el carácter claro y distinto que se les atribuía en otras épocas, es posible que la lucha por el poder derivada del conflicto armado nos deje con el tiempo otro tipo de país.
En Colombia, como ha insistido el historiador Marco Palacios, hace ya mucho tiempo que se incurrió en el error de trazar las fronteras que separan la política de la economía y por este motivo padecemos un abuso de poder por parte de quienes trazan las políticas económicas. Es necesario replantearse el trazado de esas fronteras y combatirlas democráticamente con la vista puesta en su redefinición. Esto requiere, sin embargo, la consolidación institucional de partidos políticos fuertes y un Congreso que delibere democráticamente con altura. Las nuevas medidas en materia económica no deben aislarse en ningún caso de la esfera de los intereses sociales básicos y, por el contrario, deberían someterse rigurosamente a su servicio.
La salida que Stiglitz recomienda para la dura crisis de la Argentina conserva el carácter propio de un estilo protector: "Además de suministrar ayuda para el mejoramiento de los recursos humanos y naturales, hay otra forma en que los EE.UU. pueden ayudar: sobre una base de emergencia, tenemos que abrir nuestros mercados a los productos argentinos -esta es una forma de ayuda que no nos costaría nada–, los consumidores estadounidenses saldrían beneficiados". Este pedido, dadas las dimensiones tomadas por la hegemonía de la economía globalizada estadounidense, contrario a suscitar rabia, tiene un sentido de realismo altruista que no podemos desconocer. Para el caso de la economía colombiana las medidas que se irán imponiendo buscarán mantener contentos a los funcionarios de la banca internacional, a la vez que se rezará para que el desenlace de tales medidas no tenga los afectos de turbulencia política y social que está teniendo en el país del sur.
(*)Director del Seminario Problemas Colombianos Contemporáneos,Escuela de Economía, UIS.
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