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Colombia estaba esperando que su nueva Constitución le permitiera al Presidente declarar la guerra, emitir billetes para poderla hacer y conceder el perdón para poderla negociar.
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Gustavo Álvarez Gardeazábal | 20-08-2002

Remendar no es reformar

Remendar es sustituir o reforzar la parte rota o gastada de una prenda de ropa.
Reformar es modificar con el fin de mejorar.
Cuarenta millones de colombianos estábamos pensando que el 7 de agosto, a las cinco de la tarde, el presidente Uribe iba a presentar la más contundente reforma de la Carta del 91.
¡Qué chasco nos hemos llevado!
Desaprovechando de manera inconmensurable el arma contundente del referéndum, el Presidente y su antipático ministro del Interior y Justicia prefirieron presentar una colección de remiendos mal redactados, como ya lo dijo aquí Alberto Aguirre, a la Constitución del 91.
Dejando entrever que el desenfoque que tienen sobre la magnitud y calidad de los problemas de Colombia es mayúsculo, han urdido una telaraña de retazos para conseguir aplausos en las graderías pero no para cambiarle, de verdad, el caminado a este país.
En vez de convocar un referéndum para contestar una sola pregunta "¿acepta usted, sí o no, el texto de la nueva Constitución Política de Colombia?", han preferido esbozar 16 preguntas para reducir el Congreso, amenazar a los congresistas, congelar por norma constitucional unos salarios y ahorrarse unas platas dizque para gastarlas en educación y salud.
Colombia necesita que le armen una nueva organización territorial en regiones, provincias e intendencias para corregir el error de la Carta del 91 que dejó agónicos los departamentos y pobrísimos a los municipios.
Colombia pide a gritos una reforma de su justicia para suprimir tanta corte paralela, impedir la utilización política del aparato judicial y restablecer el orden piramidal de la estructura del derecho.
Colombia estaba esperando que su nueva Constitución le permitiera al Presidente declarar la guerra, emitir billetes para poderla hacer y conceder el perdón para poderla negociar.
Nada de eso hicieron. Dispararon contra el Legislativo nacional y parroquial, acabaron con las personerías y las contralorías y confundieron la gimnasia con la magnesia y el remiendo con la reforma.
¡Qué falta hizo usted doctor Chinchilla!
Gustavo Álvarez Gardeazábal/08/20/2002
El Colombiano
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