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OPINIÓN
Resulta muy reconfortante para el ciudadano raso constatar que el director de orquesta comienza la función a tiempo y ejecuta el programa ofrecido.

Guillermo Perry

Un buen arranque

El Gobierno Uribe ha tenido un gran comienzo. En escasas dos semanas decretó la Conmoción Interior e impuso un impuesto al patrimonio para financiar la expansión del pie de fuerza, presentó proyectos de reforma pensional, laboral y tributaria, así como el anunciado referendo en materia política, inauguró redes de informantes, nombró nuevas cúpulas militares y en la Policía y ha definido acciones en una multitud de frentes. El paso es brioso y la dirección es clara. Resulta muy reconfortante para el ciudadano raso constatar que el director de orquesta comienza la función a tiempo y ejecuta el programa ofrecido.

En materia económica y social se han comenzado encarando bien los problemas urgentes y prioritarios. En primer lugar, el financiamiento sano del aumento de gasto requerido para el control del orden público. La escogencia del impuesto de patrimonio es doblemente acertada. Los mayores beneficiarios de que se logre contener la ofensiva de los violentos seremos quienes tenemos propiedades, ya que estas recuperarán su pleno valor productivo.

Esta decisión acallará a los críticos del exterior que protestaban ante la ayuda a Colombia con el argumento de que sus países no tienen por qué financiar la guerra de supervivencia de los colombianos: a ver en cuál de ellos los ricos contribuyen con un impuesto al patrimonio. En adición, se trata de un impuesto nuevo (existió, pero fue derogado en 1991), cuyo producto no tiene que ser compartido con los departamentos y municipios y por tanto se puede, en efecto, destinar en su totalidad al propósito anunciado.

En segundo lugar, una reforma tributaria que permita reducir el déficit fiscal sin comprometer excesivamente la débil recuperación económica, al basarse en la eliminación de privilegios y no en aumento de tarifas. Reducir el déficit es indispensable, pues la deuda pública ha llegado a niveles insostenibles tras su crecimiento vertiginoso en los últimos anos.

Lo que sucedió la semana pasada con los TES es un campanazo de alerta: por facilitar el financiamiento de su abultado déficit, el Gobierno había permitido que fiduciarias y corredores corrieran riesgos excesivos al adquirir papeles del Gobierno por un monto varias veces superior a su capital. El acceso al financiamiento externo está muy limitado como consecuencia de los problemas en Brasil, Argentina y el propio Wall Street. El financiamiento doméstico también, pues la salud del sector financiero ya está demasiado expuesta al riesgo inherente en una deuda pública excesiva.

Por tanto, no hay más remedio que cerrar el déficit. Está bien hacerlo en parte con una reforma tributaria que reduzca privilegios, pero es indispensable que una buena parte del esfuerzo provenga de la reducción del gasto público. Esta puede conseguirse a largo plazo con una buena reforma del Estado (ojalá esta vez sea en serio). A corto y mediano plazo exige un control férreo del aumento del gasto en todos los órdenes: empleo público, salarios, gastos generales e incluso inversión. El ministro Junguito y el resto del equipo económico están procediendo con seriedad y celeridad.

El control del crecimiento de la deuda pública a largo plazo también requiere la aprobación de la reforma pensional. Esta es además indispensable por razones de equidad. El nuevo proyecto corrige casi todos los problemas que habíamos advertido en el que presentó la administración anterior. Es un proyecto balanceado y necesario. Además, está inscrito en una visión comprensiva del mercado laboral y la seguridad social. El ministro Londoño ha presentado un paquete integrado de reformas que recoge experiencias de muchos países y el "estado del arte" en estas materias, si bien es susceptible de mejoramiento en puntos específicos.

Las decisiones de redirigir ciertos recursos públicos (de las regalías y de lo que se ahorre al reducir gastos burocráticos en contralorías, asambleas, concejos, etc.) a la educación y de ampliar cupos aumentando la eficiencia interna del sistema, no pueden ser más acertadas. Si bien el compromiso del Gobierno con el restablecimiento del orden publico y de la solidez fiscal es bienvenido por indispensable, nada entusiasma tanto como su compromiso con la educación.

Esta es la clave de nuestro crecimiento económico futuro, pues las economías modernas están basadas en el conocimiento, y de nuestra estabilidad social, pues la posibilidad de vivir en una sociedad más equitativa y amable depende críticamente de la disminución de las grandes inequidades existentes en el acceso a la educación. Tener al frente de este programa a la mujer que llevó a cabo una revolución sin precedentes en la educación en la ciudad capital y que diseñó y puso en práctica el sistema de bibliotecas públicas que acaba de ser objeto de justo reconocimiento internacional, es una garantía de éxito.

Buen arranque y buen pique.


* Esta columna representa exclusivamente la opinión del autor y no compromete a la Institución con la que trabaja.


Guillermo Perry/08/30/2002

El Tiempo


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