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Elecciones Soacha 2003

Los Ramírez, de nuevo al poder

Con el 70 por ciento de su población en situación de extrema pobreza, el domingo 26 de octubre Soacha acudió a las urnas para elegir a su alcalde popular y a 16 concejales. El triunfo de Carlos Bello Bonilla no fue recibido con sorpresa: desde que hay elecciones populares en Colombia, los candidatos de los Ramírez, convertidos en barones electorales desde hace dos décadas, siempre ganan.
Para la dirigencia colombiana, Soacha no representa más que un puñado de casas macilentas, de amarillo pasado por agua, solo observables –cuando el clima lo permite– desde las ventanas de los aviones que despegan del aeropuerto Eldorado de Bogotá con destino al sur.
Sobre la base de esa ignorancia y de la ceguera de sus dirigentes, ciertos grupos políticos han montado todo un verdadero cacicazgo que parece perpetuarse más allá del horizonte de la historia.
A ese cerrado círculo de los privilegios pertenece los Ramírez, una familia de humildes habitantes soachunos –pintor de brocha gorda su padre, vendedora de morcilla su madre– que, de la noche a la mañana, se convirtieron en ricos emergentes y poderosos barones electorales que ponen y quitan donde quieran y lo que quieran.
Es por eso que el pasado domingo 26 de octubre, día de elecciones para corporaciones públicas en el país, nadie se vio sorprendido con los resultados: así ha ocurrido en las dos últimas décadas.
¿Alguien duda? El nuevo alcalde, Carlos Bello Bonilla, fue elegido con más de 18 mil votos. El joven ingeniero civil, libre de vicios –ni fuma ni toma y solo canta y baila en las iglesias evangélicas– recibió el apoyo del destituido alcalde de la población, Jorge Ramírez Vásquez.
Su ‘sparring’ en la pasada contienda electoral fue Julián Rico Vidal, quien lo escoltó en las votaciones con 12.409 sufragios. Rico es el pupilo de Fernando Ramírez Vásquez, hermano mayor de Jorge.
Aunque a Fernando –un hábil y ambicioso político– no le alcanzó para llegar a la gobernación a la que estaba candidatizado como favorito (perdió con el independiente Pablo Ardila), se equivocan quienes califican a su movimiento de “cadáver insepulto”.
Basta darle una mirada a la conformación de la duma. De los 15 diputados electos por Cundinamarca, nueve son mayoría: seis pertenecen a su Movimiento Nuevo Liberalismo y tres a ‘Somos Colombia’, grupo que lidera la senadora Leonor Serrano, incondicional de los Ramírez.
En el concejo del municipio, su fuerza es aún mayor. De los 16 ediles que integran el concejo, 12 hacen parte de la coalición mayoritaria: siete pertenecen al movimiento ‘Somos Colombia’ de la senadora Serrano por el que se lanzó el nuevo alcalde y cinco al Nuevo Liberalismo de Fernando.
Con esas mayorías en la asamblea departamental –lo que obligará a Ardila a negociar– y un alcalde soachuno del bolsillo total de los Ramírez, este clan de astutos políticos sigue incólume, muy a pesar de la algazara y el baile en una pata de los que se creyeron el cuento de la “derrota” ramirista.
Desde luego que se escucharon voces que alcanzaron a entender el significado de los resultados finales entregados por la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Uno de ellos fue el médico, y también aspirante a la alcaldía de Soacha, Iván Moreno: “felicito al doctor Bello. De nuevo han ganado las maquinarias. Eso es lo que se merece este pueblo”, le dijo descompuesto a una radio local.
Aunque a muchos veedores no se les permitió el ingreso a tiempo a los sitios de votación para constatar la transparencia del proceso y algunos testigos electorales observaron urnas rotas y tarjetones entregados por los jurados electorales ya marcados, las cifras dicen que los Ramírez de nuevo se han salido con la suya.
“Yo no sé nada de lo ocurrido”, le dijo a Votebien.com el empresario Ricardo Torres. “Mucha gente dice que ganó el continuismo. Que tanto el primero como el segundo son patrocinados por los Ramírez”.
Para los empresarios de la ciudad el triunfo de Bello es una pésima noticia. Sobre todo porque ellos saben que el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) –investigado actualmente por la Fiscalía–, es una fabricación burda de las administraciones ramiristas que los obliga a salir de sus terrenos para darle paso a construcciones de vivienda en las que los Ramírez tienen intereses monetarios.
Pero todas las cosas que se dicen y se investigan sobre los hermanos Ramírez Vásquez, se diluye en rumores por el tufillo de desconfianza que generan. Nadie en Soacha ha visto ni oído nada. El mismo Bello parece sordo ante una realidad a la que muchos rehuyen en público pero abrazan en privado.
Una vez el nuevo alcalde supo el resultado que lo daba como ganador, titubeante dijo: “este triunfo se lo debo, ustedes más que nadie saben a quien se lo debo”. Y no dio el nombre del milagroso personaje. Solo la turba que lo acompañaba, y lo alzaba en hombros, sabía a quien se refería. Y lo aplaudía. Y vociferaba amenazante con vivas a la figura de aquel milagro partidista.
Según el nuevo alcalde –que no podrá recibir el trono de manos de su jefe político por suspensión de la Procuraduría, el gobierno que se estrenará el 2 de enero bajo el compromiso de reestractificar la ciudad para abaratar el costo de los servicios públicos, “será independiente”.
Sobre la plaza principal, en el mismo sitio donde el líder liberal Luis Galán Sarmiento cayó abatido por las balas asesinas de la mafia (1989) jurando acabar con la corrupción, Bello advirtió ante un tumulto de seguidores armados de banderas verdes, que en su gobierno “no habrá lugar para las componendas”.
La paradoja era el vivo ejemplo de aquel proverbio que dice: “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”, pues los hay que afirman que la remodelación del parque tapizado de adoquines le costó a la saliente administración un 14 por ciento más de su valor real .
Un municipio quebrado en sus finanzas, con una situación de extrema pobreza, de desplazamiento, carente de servicios públicos y altos índices de violencia, es el que espera a este nuevo mandatario en el que está fincada la esperanza de miles de hombres y mujeres pobres desplazados por la violencia.
Y aunque Soacha –o Suacha, como era su nombre real antes de que llegara la avanzada española en tiempos de conquista - siga siendo visto como el desteñido pueblo sabanero desperdigado en 3.377 manzanas, nadie podrá reclamarle a los ojos lo que todo Colombia ignoró y permitió.
Votebien.com
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