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¿Pudo la prensa en medio de esas circunstancias mantener los principios que rigen el oficio como el pluralismo y el equilibrio?
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Análisis

Los medios y las elecciones 2003

Radio, prensa y televisión tienen mucho que revisar en materia de cubrimiento electoral.
La objetividad de los medios de comunicación siempre será tema de debate. Sobre todo en un período donde la sensibilidad está a flor de piel como en medio de un proceso electoral. La situación, no obstante, se puede convertir en un peligroso cóctel cuando a esa circunstancia se une a la agresiva campaña de referendo y en el partidor están candidatos cercanos a influyentes medios de comunicación.
¿Pudo la prensa en medio de esas circunstancias mantener los principios que rigen el oficio como el pluralismo y el equilibrio? ¿Es posible hacerlo cuando, por ejemplo, en Bogotá hay unos 15 candidatos solo a la alcaldía?
Sin duda no es un trabajo sencillo. A los medios de comunicación llegan durante todos esos meses cartas de candidatos inconformes, quienes alegan falta de justicia en el número de notas publicadas a favor de cada uno o denuncian una parcialización sistemática a favor de uno de sus contendores. Más aún cuando alguno de ellos ha sido directivo o pertenece a la junta de accionistas de los medios.
El foco, en ese punto, estuvo específicamente puesto en los medios de Casa Editorial El Tiempo, ya que Juan Lozano es accionista de la compañía y fue directivo y antiguo columnista; El País de Cali, propiedad de la familia de Francisco José Lloreda; El Mundo de Medellín, propiedad de la familia del candidato a la Gobernación, Aníbal Gaviria, y El Colombiano, del cual Sergio Fajardo fue subdirector por algo más de un año.
Este último medio de comunicación marcó una diferencia clara con los demás medios del país. En una decisión polémica la directora de la publicación, Ana Mercedes Gómez, les pidió a los columnistas abstenerse de pronunciarse sobres los nombres que les simpatizaban para cargos en corporaciones públicas e incluso debatir sobre las propuestas. La medida pretendía ser un ejercicio de equilibrio, y así fue vendido por las directivas del medio. Para otros, como la profesora de la Universidad de Antioquia, Ana María Miralles, es una decisión absurda y antidemocrática. No es la única con esa opinión, Héctor Abad y Alberto Aguirre se retiraron del equipo de columnistas del diario antioqueño alegando que no podían continuar escribiendo bajo esas circunstancias.
En el país la decisión causó polémica. Los columnistas, acostumbrados a opinar sobre lo divino y lo humano, quedaron de un momento para otro marginados de uno de los debates más agudos de los últimos años, no por la violencia o la falta de garantías sino por la decisión de las directivas.
El Colombiano, en cambio, no hizo esa prohibición o sugerencia alguna a sus colaboradores en relación con el tema del referendo.
Aunque la medida fue vendida como una muestra de independencia llevada al límite en los mentideros políticos circulan otras versiones. Apuntan directamente al ex director, ex alcalde y senador conservador Juan Gómez Martínez. El parlamentario se la jugó toda por Sergio Naranjo, el candidato de la entraña azul. Sin embargo, la popularidad de Naranjo era incomparable con la que despertaba Fajardo, especialmente entre los columnistas. La interpretación es que Gómez movió sus fichas para impedir que las páginas de su periódico se vieran inundadas por comentarios favorables al candidato que cuando fue subdirector dio tantas peleas por la independencia y que ahora estaba en la otra orilla de la confrontación política.
En el caso de El País la situación no es menos sensible. Mediciones independientes hablan de un excesivo sobre cubrimiento de la campaña de Lloreda. El diario declaró su independencia desde las primeras de cambio en un editorial (20 de agosto) en el que aseguraban que Lloreda recibiría un tratamiento idéntico al de los demás. Pero era usual encontrar casi transcritas declaraciones del candidato de la casa, en detrimento del espacio dado a los demás aspirantes. La mayoría de las columnas de opinión en el diario caleño eran a favor de Lloreda. A mediados de la campaña, Apolinar Salcedo, candidato independiente denunció el desequilibrio en la información del diario más importante del occidente del país.
En Bogotá, Juan Lozano arrancó con la ventaja de salir todas las mañanas por cuatro horas en el programa Arriba Bogotá de City TV. Pero María Emma Mejía no se quedó atrás ya que meses antes fue parte del equipo del periodista Julio Sánchez Cristo, uno de los más escuchados en los estratos4, 5 y 6 de la ciudad. Lucho compensó la situación por venir de una campaña presidencial que le dio una exposición mediática fuerte. Los otros aspirantes no gozaron de unos trampolines como esos. Miguel Ricaurte era un perfecto desconocido para la mayoría de los ciudadanos, Jaime Castro estaba fuera del círculo más influyente de medios y Eduardo Pizano venía de un ministerio que había terminado casi un año y medio antes.
Analistas consultados por Votebien.com descartan falta de equilibrio en el cubrimiento electoral. Pero aportan elementos al debate sobre el tema. César Mauricio Velásquez, decano de la facultad de periodismo de la Universidad de La Sabana asegura que si bien no se notó una política de favorecer a un candidato en concreto si se vio un desmedro en la calidad del debate. Ómar Rincón, director de la maestría en periodismo de la Universidad de Los Andes agrega que en ocasiones los mensajes fueron muy confusos.
El Tiempo marcó una política clara al respecto. Según la defensora del lector, Cecilia Orozco, “el editor político, y en particular, el de la sección Bogotá, aseguran que nunca recibieron instrucciones de sus jefes para favorecer a un candidato específico. Y señalaron que durante el cubrimiento de las campañas se establecieron parámetros para garantizar la igualdad en la presentación, diagramación y espacio ocupado en notas especiales”.
Un repaso somero al cubrimiento, hecho publico el último domingo en su columna, pone de presente esa circunstancia. El nombre de Juan Lozano fue mencionado 206 veces entre el 30 de junio y el 21 de octubre. Luis Eduardo Garzón aparece 140 y ‘Lucho’ 103. Miralles reflexiona, no obstante, que la presentación gráfica de Lozano siempre era favorable en términos semióticos: “aparecía siempre en contextos de poder, con una actitud altiva y trataban de poner su mejor ámbito. Pero fue Lozano, quien según un confidencial de la revista Cambio, gustaba de llamar a El Tiempo para pedir más espacio para sus actividades.
Pero quizás la mayor controversia se presento por el respaldo editorial de los medios a candidatos específicos. Aunque en general queda la sensación de que la frontera entre información y opinión estuvo bien demarcada, asegura el ex director de El Espectador, Ricardo Santa María, el tema del editorial de El Tiempo a favor de Lozano no deja de ser objeto de controversia. Santa María afirma que eso es absolutamente normal y que los medios tienen todo el derecho de hacerlo. Un periodista que colaboró con la campaña de Lucho, pero que prefirió no hacer público su comentario, asegura que “lo malo no es que El Tiempo se vaya a favor de Lozano, lo malo es que solo tengamos El Tiempo como punto de referencia”. Santa María desestima un tanto el debate en la medida en que “los editoriales de los medios ya no son tan influyentes como en el pasado. Lo que manda es la primera página y allí se fue equitativo”, complementa. “Esos son vestigios de la relación que en el pasado había entre directores de medios y directorio políticos”. Este caso deja en claro que no se trata de un asunto de equilibrio de cada medio en particular sino de la carencia en el país de mayor pluralismo en los medios.
Claro que hay excepciones. La más evidente fue la campaña del tabloide El Espacio a favor del candidato a la gobernación, Pablo Ardila. Encuestas de dudosos referentes técnicos que favorecían al dueño del periódico publicadas a todo color a cambio de las “chicas” de Juan Sin Miedo que suelen llamar la atención en ese medio fueron la nota tónica durante el debate electoral. Lo que pasa es que a El Espacio, por ser un diario amarillista, nadie le puede exigir equilibrio. Sobre todo si sus mismos lectores no lo reclaman.
En televisión el resultado es ambivalente. Omar Rincón cree que reforzaron la idea de que el país es apenas una pequeña porción reflejada en los medios y que el resto del país no le importa a nadie. Tampoco importaron muchos los concejos municipales, y a la larga todo se redujo al ‘show’. “Los candidatos terminan mojando prensa porque hacen algo farandulero no por sus propuestas”. Desde la campaña de Lucho Garzón se reclama la ‘blanqueada’ de su candidato en el Canal RCN, que pese a las encuestas le daban menos espacio no solamente que Juan Lozano, sino de Pizano y María Emma.
A ello hay que sumar el hecho de que el referendo, con el presidente a la cabeza y saliendo en cuanto programa existe –como dijo el senador Camilo Sánchez “le faltó salir en Los Simpsons”-, rompió el equilibrio informativo no solo en cuanto a llamar más la atención que los medios sino a concentrarse exclusivamente en la posición que respaldaba el gobierno. En este punto el decano Velásquez asegura que los medios infortunadamente aceitaron la polarización entre el uribismo y la oposición. “Los medios deberían contribuir a desarmar a los espíritus y no ampliar la brecha entre los dos sectores”.
Finalmente algunos critican lo autoreferenciados que son los medios de comunicación. El debate gira en torno a lo que ellos mismo consideran importante o algún columnista pone de relieve. A ello se suma el hecho de que la encuesta se volvió el único elemento del cubrimiento político que logra llamar la atención y que dicta toda la agenda de los medios. Así, lo que la gente piensa en la calle poca trascendencia tiene en las salas de redacción. Por ello su influencia en la sociedad está hoy en declive, y así lo demuestra el hecho de que ninguno de los candidatos recomendado por los medios haya ganado, al menos en las ciudades principales.
Votebien.com
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