Sin mercado no hay voto
Durante las elecciones legislativas, María Angélica Zapata, de Villavicencio, descubrió viejas prácticas politiqueras en su departamento.
Por María Angélica Zapata
El pasado 12 de marzo voté por primera vez. Eso permitió que me sorprendieran ciertas prácticas y, además, estrenara mi cédula.
Pensé que todo iba a ser un poco más complicado. Pero, teniendo en cuenta que en mi ciudad, Villavicencio, hubo una abstención de voto del 70 por ciento, el viaje a las urnas no fue nada difícil y mucho menos demorado, como me lo esperaba.
Ese domingo me levanté muy temprano en la mañana y salí a cumplir con un deber de todo ciudadano. Ninguno de los candidatos por los que voté resultó elegido. Pero le cumplí al país como debe ser.
Al salir del lugar de votación me llevé la primera sorpresa. A pocos metros se estaban entregando mercados clandestinamente. Como quien dice: “se estaban comprando votos a ultima hora”.
Un día antes de las elecciones tuve la oportunidad de asistir a una reunión política de un candidato al Senado por el partido liberal. Desde mi punto de vista, la gente con la que estuve rodeada ese día -y en general la mayoría de votantes en la ciudad de Villavicencio- siempre están esperando algo a cambio del candidato. Es decir, como comúnmente se dice en las calles de esta misma ciudad “sin mercado no hay voto”. Y es que específicamente cuando escuchaba pedir el voto por parte de algún miembro de campaña, la respuesta inmediata de cualquier persona era: “y éste ¿qué me da?”
Es por eso que en pequeñas ciudades politiqueras como Villavicencio ya no se tiene criterio para votar. Así, los ciudadanos son partícipes de la corrupción que se toma no sólo la ciudad, sino a todo el departamento, en donde sus dirigentes principales, alcalde y gobernador, fueron destituidos por esta causa.



