Parece increíble...
Mónica Malaver, de Cajicá (Cundinamarca) considera inútil el debate sobre la despenalización del aborto. Por eso les recomienda a los candidatos ocuparse de temas más importantes que no vulneren el derecho a la vida.
Por Mónica Malaver Beltrán
Se acercan los comicios electorales para elegir presidente y vicepresidente de la República, la dupla que dirigirá los destinos de este país , por 4 años. Todos los candidatos ponen sobre la mesa sus propuestas para tratar de convencer, transitoriamente, a la opinión pública. Eso no es lo nuevo. Lo increíble es que en el país del Sagrado Corazón, en el que los derechos humanos son meros eufemismos y en el que reina la ley del más fuerte, algunos de estos cómicos personajes decidan incluir como tema de debate en sus campañas el de la aprobación del aborto.
Señores, ¿acaso nos vamos a convertir en una población mas indolente y sin valores?, ¿próximamente los vamos a "matar" antes de nacer?
¿Cuál es la diferencia? Ahora más de la mitad de los niños y niñas de este país nacen en condiciones de pobreza -en su mayoría extrema-, sin posibilidades de acceso básico a los programas de salud, alimentación ,educación. En muchos casos sin siquiera un grupo familiar elemental que permita la formación en valores.
En este caso, los niños son las únicas victimas del conflicto que vive nuestro país. Basta con ver el número de menores que diariamente caen bajo las balas de los violentos, el rigor de la pobreza, la furia de sus padres o las infortunas del destino...
Sin ir más lejos, a la vuelta de cada esquina, miles de niños mueren cada día a su niñez; se ven obligados a trabajar, a mendigar, a ganar para ellos y sus familias lo que nuestro “Estado Democrático”, basado en los principios de igualdad y justicia para todos, esta en la obligación de brindarles.
Apreciados candidatos: no es necesario aprobar el aborto. Solo basta con cerrar más escuelas, colegios y universidades públicas. Continúen llevando a la quiebra y al cierre a los hospitales del Estado; pongan en venta y liquiden más empresas, para que cada día más padres de familia no tengan con que llevar el sustento diario a sus hogares; hagan más flexibles y menos severos los castigos de violadores y de todo aquel que maltrate en cualquier forma a un niño; sigan olvidándose de los pequeños que viven en apartadas zonas rurales; de los campesinos, de los indígenas, de todos aquellos que al fin y cabo no son mas que colombianos como cualquiera de nosotros. Solo así se les continuará negando la posibilidad a más criaturas de crecer bajo este cielo, de disfrutar de los frutos de esta tierra y de echar raíces en la historia de este país que se dice Católico, Apostólico y Romano.
Es así como le abriremos las puertas a una sociedad sin respeto a la vida, sin valores ni fundamentos; una sociedad en donde todo aquel que represente un "estorbo" pueda ser eliminado.
Sería prudente dejar de quemar energías en tantos debates sin fondo y centrar las propuestas en la inversión social, en volver a garantizar a los colombianos espacios que nos permitan crecer sanamente, posibilidades de educación para desarrollarse íntegramente, volver a restaurar los valores que ésta sociedad olvido en el tiempo. Sería mejor vencer el abstencionismo y los votos en blanco con propuestas que convenzan, programas de gobierno sólidos en los que prime la defensa del ser humano como un todo, independientemente de su sexo, raza, condición social, religión e inclinación política.
Candidatos: tiene ante ustedes el gran reto de movilizar las masas con propuestas firmes, volver a la política social, convencer al pueblo con planes y programar que satisfagan las necesidades de esta sociedad tan golpeada, y lo más importante, conservar el apoyo del electorado de la única manera que existe: cumpliéndoles.
Orienten los programas de gobierno hacia políticas encaminadas a sacar a este país del estancamiento social en el que nos encontramos; formulen planes que nos hagan salir adelante a todos por igual y no sean creadores de iniciativas que nos lleven a acabar a los unos con los otros. Si queremos cambiar el destino de este país, debemos enseñar a los jóvenes (los futuros ciudadanos) que solo unidos saldremos adelante y que nadie tiene derecho a pasar por encima de nadie, que todos somos dignos de disfrutar la vida.



