Contra los pobres
Hernando Gómez explica por qué no se pueden tragar entero las propuestas populistas y anticorrupción que abundan en tiempos de campaña.
Por Hernando Gómez
Los candidatos a cargos públicos siempre comienzan con promesas, muchas de las cuales responden a necesidades sentidas. Ofrecer es fácil y rentable electoralmente.
Ese es uno de los vicios de Serpa, por ejemplo, quien a principios del año ofreció duplicar el salario mínimo. ¿Pero quien paga ese incremento? tal vez el mismo iluso que espera ganar el doble al no conseguir empleo.
Muchos esperan que el sistema de salud sea mejor que el de Estados Unidos o algunos países europeos, y que se pague todo, hasta cirugías de aumento de senos, y tratamientos a personas desahuciadas. Pero no se dan cuenta que para hacer esto la platica debe salir de algún lado, generalmente de su propio bolsillo.
El mismo tema se ve en los subsidios de toda clase que esperan los pobres. No ven que la plata que reciben por la mano derecha, sale de su mano izquierda.
Ante cada propuesta de estas hay que hacerse la pregunta: cuánto va a costar y cómo se va a pagar. Y cuando se dice que con impuestos, hay que observar algo mas interesante: todos los impuesto son pagados al final por los pobres.
Por ejemplo, el IVA del 40 por ciento a los vehículos lujosos, o el predial de la mansión, o fincas de recreo, que supuestamente pagan los ricos, los terminan pagando los pobres. Los ricos pueden siempre cargar sus gastos a los servicios que prestan por diferentes mecanismos. Así que todo impuesto es pagado al final por los mas pobres. Esto nos lleva a que los impuestos pueden empobrecer al pueblo mas que enriquecerlo.
Si los impuesto empobrecen, la receta sería tener menos, o ningún, impuesto. Esto tampoco es viable, porque el estado debe existir para cubrir un conjunto de servicios que no son rentables económicamente pero si socialmente como la justicia, la defensa, servicios públicos a lugares remotos.
Por eso lo que se requiere en ultimas es un gobierno eficiente y responsable. Eficiente, que luche contra la corrupción, que elimine los gastos superfluos, que haga inversión rentable social y económicamente de los recursos y responsable, que sepa que el dinero no es infinito, que si financia con emisiones producirá inflación (demostrado impuesto de los pobres) que si financia con deuda, cada vez habrá menos recursos por el servicio a la deuda y aumento en los intereses, (lo que reduce la capacidad empresarial).
Hay que mirar entonces la madurez de las propuestas, la capacidad de los candidatos de llevarlas a cabo y, en el caso de nuestro país, quiénes rodean al candidato. Esto último porque quienes invierten millones de pesos en una campaña tienen algún interés, eventualmente legitimo, pero muchas veces ilegitimo, como puede ser el usufructo de los recursos del Estado.
A mi me producen una enorme desconfianza aquellos que esgrimen la bandera de la anticorrupción, porque me acuerdo que esa fue la insignia de Fernando Collor de Mello en Brasil y la de Alan García y Fujimori en Perú, quienes al final cayeron por súper escándalos de corrupción.
Aquí en Votebien se busca que la gente reflexione y se informe para hacer la participación mas básica de la democracia, que es votar por candidatos idóneos.



