Cubra usted las elecciones

Escoger al menos ‘pior’


Yarod Fredrick Burgos, de Bogotá, se burla de los nuevos políticos y lamenta que no sean como los de antes.

Yarod Fredrick Burgos*


Aunque no es fácil identificar a todos los políticos, menos sus propuestas y aún mucho menos sus verdaderas intenciones, anoto algunos personajes tan sonados en los últimos días como el Himno Nacional (aunque algunos un poco bajos de entonación). Tenemos: dos opuestos pero no tan lejanos Gavirias, una molesta Córdoba, un ancestro-reubicado Pedraza, una manada de Uribes, un amarillento Petro, un González que muchos quieren pero no tantos como él quisiera, un doble erre Rivera, un Horacio entumecido, un medio pantanoso Vargas, una medio engreída Mejía, algunos Santos no tan..., una empinada López, un sediento Gil, unas niñas camufladas Arias y Pineda, unos supuestamente pillados Araujo y Pimiento, un utópico Leyva con una paródica Gina... y ¡hombre! hasta un Asprilla. Estos además de los Robledos, Rojas, Galanes, Navarros, Peñalosas y un sinnúmero que esperamos identificar fácil en los tarjetones de Senado, Cámara y Presidencia.

Lo cierto es que ahora la cosa política no es como en sus orígenes, cuando los sabios del pueblo, más que eruditos, ganaban el respeto de la gente no en sus campañas sino en su propio estilo de vida. Y obtenían seguidores no por sus propuestas sino por sus obras tangibles. El poder de la palabra estaba concentrado en transformar sociedades y no en atrapar incautos. Para un ejemplo, el mejor político de la historia: Jesucristo, quien manifestó el verdadero amor hacia el pueblo identificándose con sus necesidades y transformando de tajo toda una Historia como sumatoria de todas las historias.


Hay cosas que parecen confusas y de hecho lo están. Por ejemplo: “este señor” representa a la guerrilla, o aquel otro es promovido por los paras; sin olvidar al que ya le alistó los contratos al que va de entrada, más los puestos que debe otorgar.

Así es, esos son los padres de la patria. Sin embargo, cuando a uno lo ofenden siempre se le meten es con la mamá, porque hasta en eso son más respetados e intocables nuestros gobernantes.

Con el intento de simplificar, ahora se debe subrayar el “valiosísimo voto” en una Ce que parece un rayón, o sobre la U que pretende ser universal, o en la solitaria Ele, o en un Polo que no es del norte sino que dice ser de izquierda, pero que juega en el centro. También algunos se maravillan con la R dizque radical. Otros incluso sueñan con las llaves que dicen algunos tener o con otros símbolos partidarios bien bonitos. Porque en campaña todo suena chévere y ni hablar de cómo se ven en publicidad.


Lo más claro: los colombianos debemos aprender a votar, difundiendo una ideología de participación ciudadana veraz e inteligente, para que las decisiones sean, más que por un partido o una colectividad, por una propuesta socioeconómica de gobierno, por un espíritu, por hechos demostrables, por compromisos exactos y estructurados, que lleven al que “gobierne el mejor”, aunque a veces nos toque conformarnos con que sea el menos pior.

* Estudiante de Economía - Universidad Católica de Colombia




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