Perfil de los candidatos

Cinco años no son el problema


El decreto reglamentario de las elecciones en el exterior indica que para los candidatos a esta circunscripción especial ya no es requisito demostrar una residencia continua de cinco años fuera del país. Mientras los residentes en el exterior se quejan, los expertos advierten que ahí no radica el verdadero problema.


Por Carolina Dueñas
Conexión Colombia


Tras conocer la norma que no obliga a los candidatos a la Cámara de Representantes por la circunscripción internacional a demostrar un mínimo de cinco años de residencia continua fuera del país, los colombianos en el exterior se quejaron. Si bien sus argumentos son justificados, también pueden considerarse emotivos pues tienen raíz en sus malas experiencias de inmigración.

Afirmaciones como: “sin haber sufrido los sinsabores de exilio nadie debe tener derecho a representarnos” o “a una persona recién llegada de Colombia, sin vínculos y con poco conocimiento sobre sus connacionales, le toca enfrentar primero su propia adaptación”, reflejan, por un lado, ese carácter emotivo con el que se interpretan las leyes y, por otro, que la migración no se ha dimensionado en sus justas dimensiones.


Según Elisabeth Ungar, directora de Congreso Visible de la Universidad de los Andes, el problema no radica en si es adecuado o no que un colombiano del país o de fuera represente a los casi cuatro millones de connacionales del exterior, sino en que la circunscripción no ha funcionado bien porque la comunidad es muy amplia y diversa frente a la representatividad que tiene (un representante a la Cámara).

“Las preocupaciones de los colombianos en Miami son distintas a las de quienes viven en Madrid. Por eso la obligatoriedad de los cinco años no va a ser una gran diferencia y tal como están las cosas no veo cuál sería la ventaja comparativa que ofrece un candidato de Jacksonville o de Pereira”, asegura Ungar.

Aunque evidentemente un colombiano que no ha vivido procesos de migración no sabe de las dificultades que supone hacer un trámite consular o conseguir un permiso de trabajo profesional, ni padece los costos de envío de remesas, y a lo mejor no conoce a todos los colombianos que habitan en un área determinada, descalificar la candidatura de un residente colombiano que los represente es injusto.

Junto al boom de las remesas, académicos, agencias de cooperación internacional y medios de comunicación se han interesado por aquellas otras aristas de la migración que no hablan solo de cifras sino de historias humanas, muchas veces llenas de sacrificio. Por eso, no es tan cierto que una persona en Colombia desconozca las necesidades de sus connacionales en los principales focos de concentración como Miami, New York y Madrid.

Son justamente estas ciudades las que –por población- elegirán al Representante a la Cámara, quien en últimas conoce un panorama un poco más amplio de su ciudad de residencia, pero tan limitado como el de cualquier otro colombiano frente a las zonas donde nunca ha estado.

Por eso, el reto de quien finalmente acceda a la curul en el Congreso –en palabras de Ungar- está en “diseñar un mecanismo con una representatividad más clara entre electores y elegidos”.





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