Opinión

Le llegó la hora al voto electrónico


Alexander Reina explica por qué la implementación de este mecanismo acabaría con los problemas a la hora de votar y escrutar.

Alexander Reina Otero*


Los resultados electorales de las pasadas elecciones legislativas colocaron en el centro del debate el tema del voto electrónico y su utilidad en materia de abstención, votos nulos y tarjetas no marcadas, y en general todas las distorsiones en el sistema de representación política de nuestro país.

Según los datos de la abstención obtenidos por nuestro observatorio, desde 1982 ésta se ubica en un promedio del 54 por ciento para Cámara y Senado. Esto podría explicarse en que desde hace más de dos décadas el sistema político y electoral no convence a la mitad de los votantes.

En cuanto a las tarjetas no marcadas para Senado, éstas han presentado una disminución casi del 50 por ciento desde 2002.

En contraste, la tendencia a crecer de los votos nulos es alarmante. Entre 1998 y 2002 se duplicaron. Y entre 2002 y 2006 se triplicaron, tanto en Cámara como en Senado.

De ahí que la propuesta del voto electrónico no sea un tema de poca monta. Al contrario, debe ser el primer paso para enderezar el rumbo de un sistema electoral remendado normativamente hablando, corrompido por prácticas sociales censurables y deformado por procedimientos que se han convertido en agujeros negros en los que se pierden votos y se ganan o se pierden elecciones sin ninguna explicación razonable.

El voto electrónico significa reducir el fraude, pues se acortan sustancialmente las intermediaciones entre el votante y el escrutador final al ser las urnas electrónicas las que botan los resultados automáticamente, y no un jurado confundido, cansado y mal preparado.


Adicionalmente, solo existirá una sola versión de los resultados. No como ahora, que tenemos una el día de las elecciones, fundamentalmente para los medios de comunicación, y otra tres u ocho días después para los partidos y la ciudadanía.

El software que se utilice en la urna electrónica podrá ser diseñado para que se acaben los votos nulos, ya que éste informará de forma imparcial y objetiva al votante sobre los errores que está cometiendo al votar y solo aceptará el voto cuando éste cumpla los requisitos para que sea válido. Además, se podrán acabar las tarjetas no marcadas, si tenemos en cuenta que el sistema no registrará un voto cuando éste no sea por una persona o partido en específico.

Pese a las bondades del voto electrónico, algunos se empeñan -como en el caso de la Registradora Nacional- en sustentar que éste es muy difícil de implementar debido a problemas como el costo, la seguridad y los problemas de analfabetismo informático de la población. Pero para todos estos argumentos existen respuestas muy sólidas que dejan en entredicho tales objeciones y que serán motivo de otro artículo.


En consecuencia, implementar experiencias piloto para las elecciones de 2007 debe ser iniciativa de los gobiernos locales. La Ley 892 de 2004 abre las posibilidades para que una ciudad como Medellín y un gobierno como el de Sergio Fajardo den un paso estratégico en la transformación de la cultura política regional y del país, máxime cuando se puede contar con el apoyo ya ofrecido de un país como Brasil, con la experiencia política y tecnológica para emprender esta empresa.

* Politólogo, Observatorio de Derechos y Conflicto Urbano del Instituto Popular de Capacitación




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