Un hombre complejo (parte 2)
Siendo senador en los 90 sacó adelante como ponente leyes espinosas como la 50, que acabó con la retroactividad de las cesantías para los trabajadores; la 100, que amplió la cobertura en salud con el concurso de entidades privadas, y creó los fondos privados de pensiones, y la 11 de 1988, que autorizó el ingreso subsidiado del servicio doméstico al Seguro Social.
Su paternidad de la Ley 50 le ocasionó gran oposición entre los sindicatos durante su campaña a la gobernación. En la plaza pública se enfrentó a la multitud desafiante de militantes sindicales y él se defendió a puro verbo. En Venecia, Antioquia, en 1994, los trabajadores intentaron boicotear su acto con una rechifla que muchos aún recuerdan. Uribe no se amilanó. Llamó al mayor contradictor a la tarima y le cedió el micrófono para que expusiera sus argumentos en contra de la ley. Ahí, delante de todos, Uribe le contraargumentó con éxito y pudo lograr que la multitud le escuchara.
Cuando el gobierno de César Gaviria presentó la Ley 100 a la comisión séptima del Senado su presidente, Fernando Botero Zea, nombró a varios ponentes, entre ellos a Uribe. Curiosamente, éste al principio no estaba muy convencido de las bondades de esa ley, pero una vez que se decidió a defenderla a base de trabajo se ganó el liderazgo de los demás ponentes.
Tenía una oposición feroz, tanto que mientras estaba en su habitación en el Hotel Orquidea Real le pusieron una bomba. Resulto ileso, pero no así el mejor bachiller de Colombia Julián Sosa que estaba en el cuarto vecino, que quedo paralitico. Uribe se mantuvo firme. Incluso a finales de 1993, cuando Ernesto Samper —su amigo y aliado en el liberalismo— hacía campaña para la Presidencia, le pidió que no apoyara esa ley poco popular entre dirigentes sindicales oficiales. "Te sigo apoyando a la Presidencia pero no voy a hundir esa ley por conveniencias políticas porque creo que es buena para el país", dicen que le respondió Uribe a Samper.
En el difícil trámite de esa ley el entonces ministro de Trabajo Luis Fernando Ramírez también recuerda la paciencia de Uribe para discutir. Tanto es así que cuando lograron que se aprobara buena parte del articulado Uribe le pidió que volvieran a abrir la discusión pues varios sindicalistas, entre ellos Saúl Peña, del Seguro Social, seguían inconformes. Finalmente salió la compleja ley, incluyendo propuestas de sectores críticos a su espíritu privatizador.
"Se demostró que con él se puede concertar, lo que no quiere decir que no sea un hombre autoritario", afirma Alvaro Jiménez, ex guerrillero del M-19 que ha coincidido con Uribe en varios momentos de sus carreras.
El nuevo Presidente de Colombia —que esta última campaña simbolizó para muchos un autoritarismo de extrema derecha y canalizó los odios de tanta gente contra la guerrilla— lo que ha demostrado en su trayectoria política es que es pluralista.
Durante su gobernación se rodeó de tecnócratas y de políticos. De liberales y de conservadores. De reinsertados del M-19 y del EPL. De indígenas y de mujeres. "Uribe dice que hay que darle un poquito de poder a todo el mundo y así lo hizo durante su mandato", afirma Roberto Hoyos, presidente del gremio bananero Augura. Trabajó inclusive con sus contrincantes políticos. En esa ocasión, por ejemplo, Luis Alfredo Ramos no lo apoyó y, sin embargo, Uribe le dio tres cargos importantes en el gobierno. Durante su campaña a la Presidencia convocó por igual a Laura Pizarro, la viuda del ex comandante del M-19, y al general retirado Rito Alejo del Río, un recalcitrante antisubversivo.
El gerente
Incluir a personas de distintas tendencias políticas es en el fondo una estrategia de un hombre pragmático. Gente tan diferente termina trabajando con él porque la magia de su arrastre no se basa en un gran discurso político sino en la resolución de problemas específicos. Gobierna por metas.
En cada cargo que ha tenido ha demostrado una impresionante capacidad. "Es un hombre de 20 horas de trabajo diario", dicen los que han laborado con él. Uribe Vélez ha cumplido lo que se ha propuesto. Cuando era director de la Aeronáutica, con tan solo 28 años, terminó el edificio del aeropuerto de Barranquilla, logró la operación nocturna de los de Bucaramanga y Cúcuta e hizo el puente aéreo de Bogotá. Dejó hecho en un 60 por ciento el nuevo aeropuerto José María Córdoba de Rionegro. Como alcalde de Medellín —donde duró apenas poco menos de cinco meses— erradicó el basurero del lado del río y contrató el relleno sanitario de la Curva de Rodas, aún vigente 20 años después; creó Metroseguridad, uno de los primeros esfuerzos de una ciudad colombiana para respaldar la labor de la Fuerza Pública, y creó un comité cívico responsable de gran parte de la arborización de la ciudad. Como gobernador de Antioquia amplió la cobertura de educación en 102.000 cupos, multiplicó por tres los kilómetros de carreteras pavimentadas y logró que un millón de antioqueños tuvieran sus servicios de salud subsidiados.
Su gestión también se destacó por la obsesión con la reducción de la burocracia. Para reducir la nómina de la gobernación a la mitad no le tembló la mano: de 14.061 cargos los redujo a 5.499. "Fue inmisericorde", dice un taxista que fue jefe de transporte en la gobernación y que Uribe despidió. "Nos echó de un tacazo, pero se le reconoce que nos echó a todos por igual, sin importar quién era recomendado de quién". Cuenta, sin embargo, que cuando llegó Uribe la corrupción era impresionante. "Había jefe de escobas, gerente de traperos y todo el mundo robaba. Y agrega que va a votar por él porque si bien no lo recomienda como jefe, si tengo una empresa, lo pongo de gerente".
Uribe administra cada detalle. Quienes lo conocen dicen que es un hombre obsesivo que controla el desempeño hasta del último de sus colaboradores. "A él le gusta ferrocarrilear, se pone a la cabeza de la acción", afirma Jaime Jaramillo Panesso, quien fue su asesor de paz durante la gobernación.
Cuenta que en el consejo de gobierno participaban miembros de todas las entidades administrativas. En sesiones semanales, que se prolongaban con frecuencia desde las 6 de la tarde hasta la 1 de la mañana, todos opinaban sobre todos los temas y luego Uribe tiraba línea. "Es el mejor posgrado que he hecho en mi vida", afirma Hoyos, hoy en Augura, quien fue su secretario de Agricultura.
Sin embargo personas que no trabajaron tan cerca al nuevo Presidente, pero que conocieron muy bien su desempeño como gobernador, dicen que la gran debilidad de Uribe es que no forma equipo. "Alvaro es un caudillo. Sus segundos son demasiado segundos, van detrás de él calladitos", afirma uno de ellos. "Como era tan capaz, suplía las deficiencias de los demás", afirma otro. Pocos recuerdan a quienes trabajaron a su lado porque casi ninguno descolló. Uribe Vélez brilla solo. De ahí que no hubo sucesor para su obra de gobierno en Antioquia, error que muchos esperan que no repita como Presidente.
Uribe admite que está encima de su gente, pero se defiende de la crítica de que no forma equipo porque no delega. "Uno no puede vivir en la retórica. El buen juego de un equipo de fútbol en el medio campo es agradable sólo dos minutos, pero si no hay goles se vuelve aburrido. Entiendo que por mi estilo alguien se sienta sin margen pero eso se corrige fácilmente si mete los goles en la dirección correcta".
El guerrero
Si en algún campo Uribe se metió en la minucia fue en el tema de seguridad pública, su gran obsesión. Convocaba consejos de seguridad todos los días a las 7 de la mañana y pedía a los militares resultados específicos en sus operaciones. Alguien que lo presenció cuenta cómo una vez Uribe llamó a uno de los generales y le dijo en un tono calmado pero ‘templadito’: "General, hace cuatro horas lo llamé a contarle que había un retén guerrillero en la carretera a Cocorná. Y me acaban de decir que sigue allí. Espero que en media hora me llame y me diga que los ciudadanos ya pueden transitar tranquilos". Uribe reconoce que ese era su estilo. "Acosé mucho en privado, aunque siempre los apoyé en público. Hubo una vez en que en relación con un problema en un municipio le dije a un comandante: ‘General, va o vamos".
Incluso en una ocasión un general lo puso en su sitio y le recordó que el general era él y que el gobernador se debía limitar a fijar parámetros. "No les paré bolas a quienes me mandaban al diablo, el diablo ahí mismo volvía", dice Uribe en un raro giro de humor.
En su política de seguridad desplegó acciones, a veces contradictorias, en dos frentes opuestos.
Paradójicamente, porque después hizo toda su campaña presidencial batallando contra esa idea, cuando Uribe era gobernador le ofreció a la guerrilla crear una zona de distensión en el departamento si suspendía sus ataques para facilitar eventuales diálogos de paz. Ni el ELN ni las Farc le cogieron la caña pero él buscó varios mecanismos para acercarse a ellos. Creó una comisión facilitadora de paz, que se reunió con los jefes elenos, con miembros de las Farc y con Carlos Castaño, para explorar una solución negociada del conflicto. Se trajo de Harvard al gurú Roger Fisher, quien capacitó a 93.000 antioqueños en el arte de negociar sin ceder. Se asesoró de Shafik Handal, ex guerrillero del Fmln salvadoreño en el tema de la negociación y exploró con él y con la comisión facilitadora escenarios de conversaciones con las Farc y con el ELN. Esta audaz iniciativa de diálogos regionales causó gran revuelo nacional.
Pero al mismo tiempo ejecutó una controvertida política de seguridad fundamentada en las Convivir. Muchos críticos opinan que estas asociaciones de seguridad regional conformadas por particulares para apoyar a la Fuerza Pública, facilitaron el crecimiento del paramilitarismo en Antioquia. Inicialmente las Convivir tenían la labor de reportar al Ejército y a la Policía la presencia de delincuentes o guerrilleros. Pero dada la situación de conflicto de algunas zonas el gobierno nacional —en cabeza de su ministro del Interior Horacio Serpa— autorizó el porte de armas defensivas a una parte de estas organizaciones. Más adelante Uribe Vélez propuso dotar de armas de largo alcance a algunas de las 48 Convivir creadas en Antioquia. Su propuesta no prosperó.
Pero aun con armas cortas las Convivir incurrieron en muchos excesos en Antioquia. "En el centro de Medellín seguramente evitaron muchos atracos. Pero a costa de maltratar indigentes, prostitutas, gente que ellos calificaban de sospechosa", afirma Alvaro Jiménez, quien como director de la Federación Nacional de Concejos Municipales abrió varios debates sobre las Convivir en esa época. "Tenemos que preguntarnos si a cambio de darnos seguridad podemos aceptar un modelo que quien tenga cómo pagar está seguro y el que no, está inseguro todo el tiempo".
En la zona rural el accionar de algunas Convivir fue más complicado. El pie de fuerza en esa época, como ahora, era insuficiente para responder a todas las alertas, entonces varias de estas cooperativas de autodefensas se aliaron con fuerzas oscuras, que sí actuaban rápida y arbitrariamente.
La Oficina de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia, Amnistía Internacional, los obispos de la Conferencia Episcopal (con quienes Uribe tenía excelentes relaciones), Fabio Valencia Cossio, la alcaldesa de Apartadó de la época, Gloria Cuartas, y periodistas como la directora de El Colombiano, Ana Mercedes Gómez, criticaron públicamente los abusos de las Convivir e invitaron a Uribe Vélez a replantear su estrategia. Pero él —famoso por su tozudez— no la rectificó sino que la profundizó, creando incluso dos Convivir en Urabá pese a las peticiones en contra que le hicieron Cuartas y el desaparecido monseñor Isaías Duarte Cancino.
Uribe cree en la estrategia de vincular a la ciudadanía con la Fuerza Pública hasta el punto de que su propuesta actual de seguridad como Presidente tiene como eje central una red de informantes de un millón de colombianos que comparte la misma filosofía de las Convivir.
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