PRESIDENCIABLES

Un hombre complejo (parte 3)


Cuando Uribe llegó a la gobernación, Urabá era un campo de batalla. El sector mayoritario del EPL había abandonado las armas en 1991 para caer víctima de las Farc, que emprendieron una campaña de asesinatos selectivos contra los reinsertados. En respuesta a esta política de exterminio el EPL activó sus ‘comandos populares’ para tomar retaliación contra las Farc y el conflicto entró en una espiral salvaje de violencia. Las milicias de la guerrilla estaban en el casco urbano de Apartadó y las Farc tenían una fuerte presencia en todo Urabá. En enero de 1995, recién posesionado Uribe, el jefe de las autodefensas, Carlos Castaño —que venía avanzando por el norte de Urabá en la frontera con Córdoba—, anunció en un comunicado su entrada al eje bananero, que inauguró con la masacre en la discoteca de Aracatazo, un barrio de la UP en Chigorodó. Las Farc contestaron el ataque con la masacre en la finca de los Cunas.


Ante la agudización del conflicto Uribe, a través de su controvertido secretario de Gobierno, Pedro Juan Moreno, y con el apoyo de Rito Alejo del Río, comandante de la XVII Brigada apostada en Apartadó, creó redes de ciudadanos para proteger a la población. "Les daban radios, motos y en algunos casos armas a obreros bananeros y otros trabajadores y fueron creando un bloque de seguridad que tuvo el respaldo del gobernador, saltándose a las autoridades locales", afirma Gloria Cuartas, que como alcaldesa de Apartadó venía desarrollando otro experimento de convivencia más fundamentado en la inversión social. Un año después se oficializaron dos Convivir que, según Cuartas, "vincularon enlaces paramilitares".

Cuartas cuenta cómo en los consejos de gobierno que realizaron en esa época en Urabá, ella alertó sobre el peligro de armar más ciudadanos en esa conflictiva región y que le informó al gobernador Uribe sobre la presencia de un retén paramilitar en San José de Apartadó, a cinco kilómetros de una base del Ejército. "No existen pruebas de eso, contestaba Uribe, dice Cuartas. Siempre defendió al Ejército por encima de los hechos. La administración de Uribe facilitó el paramilitarismo a través de medidas como las Convivir y la declaración de Urabá como zona especial de orden público", afirma.

Las estadísticas de la Policía Judicial muestran, en efecto, un incremento sustancial de los homicidios en ese período. En el primer año de la gobernación de Uribe las muertes violentas pasaron de la ya escandalosa cifra de 600 a 1.097; en 1996 alcanzaron su pico histórico con 1.431 y luego comenzaron a descender a 1.001 en 1997. Un año después de que Uribe dejara el cargo Urabá registró una reducción dramática de los homicidios a 420 muertos, cifra de todos modos preocupante que más o menos se ha mantenido hasta hoy.

Frente a estos datos Uribe responde que lo que falló fue no haberle dado continuidad a la política. "Los últimos esfuerzos de mi gobierno se vienen a ver cuando éste ya había concluido. Cuando yo era candidato a la gobernación la situación de Urabá no nos dejaba visitar la región. Cuando terminé, todos los candidatos que aspiraban a sucederme hicieron política tranquilamente en Urabá. Cuando llegué a la gobernación se presentaban masacres contra trabajadores y secuestros contra empresarios; cuando terminamos dejamos a Urabá en un clima de paz laboral, los empresarios han podido regresar", se defiende el Presidente electo.

Mario Agudelo, actual alcalde de Apartadó, vivió ese período como diputado a la Asamblea en representación de Esperanza Paz y Libertad, el movimiento conformado por los reinsertados del EPL. El recuerda que durante esa época Uribe fortaleció la presencia de la Fuerza Pública en la región, así como las labores del CTI y la Fiscalía. También destaca el empuje que le dio a la legalización del barrio La Chinita, que había sido escenario en 1994 de una masacre espeluznante de 35 personas a manos de las Farc. "La legalización fue clave porque generó un modelo de convivencia muy importante", dice. También señala que Uribe le metió duro el hombro a una propuesta que finalmente no prosperó pero que buscaba que los grandes propietarios de haciendas aportaran el 10 por ciento de la tierra para la reforma agraria. "Las relaciones laborales se transformaron", dice, y, de hecho, no volvió a haber los paros bananeros que durante años paralizaron al sector.

"El crecimiento del paramilitarismo fue en todo el país por la dinámica del conflicto armado. Responsabilizar a un gobernador por eso no tiene sentido", opina Agudelo sobre los hechos de esa época, sin juzgar sus propuestas de hoy pues su cargo de alcalde se lo impide.


Sobre el éxito o el fracaso de las políticas de seguridad impulsadas por Uribe en esa región, y su conexión con el auge paramilitar, no existe consenso. Lo que sí genera mayor desconcierto entre amigos y enemigos es que Uribe haya sido el principal orador en el homenaje de desagravio al general Rito Alejo del Río, aun después de que la Fiscalía lo vinculara judicialmente por presunta promoción y fomento en la conformación de grupos paramilitares en Urabá y que el gobierno de Estados Unidos le retirara la visa por "estar involucrado en violaciones a los derechos humanos", según lo ratificó a SEMANA Phil Chicola, funcionario para la región andina del Departamento de Estado.

Este último capítulo será uno de los fantasmas que persiga a Uribe durante su Presidencia. Más aún si se decide, como seguramente lo hará dado su carácter de defender contra viento y marea aquello en lo que cree, a extender su experimento del Urabá a todo el país.


Porque si algo es Alvaro Uribe es un convencido de sus ideas, que además han sido las mismas desde hace años. Inclusive sostiene hoy que de lo mucho que ha leído rescata sobre todo la idea bolivariana del "orden como valor fundante de las libertades". Su paso por la Universidad de Oxford, recién terminada su gobernación, no hizo sino ratificar sus creencias. "Oxford me demostró que este país necesita un liderazgo con autonomía y que si uno se compromete con un proyecto de seguridad para los colombianos lo debe echar para adelante así llueva, truene o relampaguee en el extranjero", afirma Uribe, quien desde Inglaterra refutó varias denuncias por violación de derechos humanos durante su paso por la gobernación. Entre ellas, que sus declaraciones habían puesto en la mira de las autodefensas al abogado defensor de derechos humanos Jesús María Valle, asesinado en Medellín. Valle había denunciado que en un bus emboscado por la guerrilla en Ituango viajaban juntos soldados del Ejército e integrantes de un grupo paramilitar que operaba en esa localidad del norte de Antioquia. Uribe descalificó en esa oportunidad el pronunciamiento de Valle al anotar que creía en la versión del comandante de la IV Brigada y dijo a una cadena radial que las denuncias de Valle "demostraban su animadversión frente al Ejército". El Defensor del Pueblo de Antioquia, en ese momento, le exigió públicamente a Uribe no señalar a los defensores de derechos humanos que criticaran la labor de las Fuerzas Armadas como enemigos del Estado por los riesgos que eso implicaba.


El futuro

Cuando se le pregunta qué es lo que más felicidad le produce Alvaro Uribe Vélez siempre contesta algo similar: "Lo único que me hace sentir bien es la satisfacción del deber cumplido", y se le ilumina la cara de niño aplicado. "Saber que las cosas se hicieron bien, con toda la buena fe y toda la dedicación, es lo único que lo defiende a uno cuando los resultados no son buenos". Es como si hacer bien la tarea le ratificara lo que él vale. Eso es lo que pueden esperar los colombianos de este paisa asceta y contradictorio; un provinciano auténtico estudiado en Harvard y Oxford; un disidente respetuoso de la tradición; un valiente adalid de causas impopulares que goza de una hinchada fiel; un terco de metas fijas, pero que se deja convencer; un racional y pragmático al extremo de no permitirse demasiadas emociones, pero que se sale de casillas fácilmente; controlador y obsesivo al detalle y como le enseñaron sus padres, nada perezoso y muy constante. Su gobierno, sin duda, hará historia. Primero porque gobierna de verdad (por ejemplo, ha anunciado que va a meter a la cárcel a los evasores del IVA y eventualmente a los de impuesto a la renta). Segundo, porque tiene la osadía —incluso mayor que la de Pastrana— "para dar saltos sin saber si al otro lado hay un abismo, como dice alguien que lo conoce bien. Tiene la audacia para hacer un gobierno de reconstrucción nacional que incluya hasta a las Farc". Y, sobre todo, porque es tan obsesivo en conseguir resultados que puede llegar a acumular el suficiente poder para transformar las cosas. Ahora bien, por todas estas cualidades, si se equivoca, lo hará en grande.



SEMANA

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