Poblaciones en medio del conflicto respaldaron a Uribe
En las elecciones pasadas, Álvaro Uribe arrasó en las zonas donde se está peleando la guerra.
En varias regiones donde las Fuerzas Militares realizan operaciones en contra de la guerrilla, el apoyo al Presidente en las urnas fue contundente. Por ejemplo, en el Oriente antioqueño, donde por muchos años el Bloque Central Bolívar de las Autodefensas y los Frentes Noveno de las Farc y “Bernardo López Arroyave” del Eln cometieron varias masacres y sembraron cientos de campos minados, el respaldo a la reelección fue aplastante: en municipios como Sonsón, Cocorná y Granada la votación por el Presidente superó el 85%.
En Arauca, cuya política local estuvo durante décadas controlada por el ELN y desde mediados de los noventa por las FARC, Uribe también fue reelegido en todas las cabeceras municipales, salvo Arauquita, donde ganó Gaviria. En Saravena, antiguo fortín de los elenos, Uribe fue reelegido con el 57,7%, y en Arauca, con un 77,96 por ciento. Aunque las FARC continúan hostigando a la población, el reciente resultado electoral podría indicar que la población sigue creyendo en la mano dura de Uribe aun después de que la Corte Constitucional tumbó la zona de rehabilitación y Arauca perdió la importancia que tenía para el gobierno.
El Presidente ganó incluso en zonas de vieja ocupación guerrillera como Vistahermosa, en el Meta, donde las FARC desde mucho antes de la zona de distensión tienen un trabajo de base con la población. Durante los últimos meses, la Policía ha emprendido un ambicioso proyecto de erradicación manual de hoja de coca en las áreas rurales de este municipio, en las estribaciones de la serranía de la Macarena, que ha recrudecido el conflicto.
Según Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia, la votación del 28 de mayo se convirtió en un plebiscito a la gestión del Presidente y en un castigo a la violencia ejercida por las Farc, que convirtió a Vistahermosa en el pueblo con el mayor índice de homicidios en el 2005. Por el contrario, en el municipio vecino de San Vicente del Caguán, epicentro de los diálogos con la guerrilla durante el gobierno de Pastrana y el primer sitio que visitó Uribe tras posesionarse como Presidente, Gaviria, con el 48,57 por ciento, le sacó 10 puntos al candidato-presidente.
Uribe tampoco contó con suerte en las zonas donde más se ha fumigado la coca y donde se han concentrado en el último año sucesivos paros armados promovidos por las Farc. Por ejemplo, en el Putumayo, en la frontera con Ecuador, los municipios de Orito, Valle del Guamuez y San Miguel –donde el ex ministro del Interior y de Justicia Fernando Londoño dijo que no quedaba ni ‘una mata de coca’- votaron en más del 60 por ciento por Carlos Gaviria, el candidato del Polo Democrático.
Según Rangel, la política antinarcóticos pudo haber influenciado en los electores de esta zona, especialmente cuando la economía de la región se basa en el cultivo de coca. “Las fumigaciones se han extendido en grandes zonas del Putumayo y la población votó en contra de toda esta estrategia de erradicación ”, opinó el analista.
Otra región con alta presencia guerrillera que no respaldó al Presidente en la urnas fue el norte del Cauca. Pero según Sergio Jaramillo, director de la Fundación Ideas para la Paz, su derrota en Caldono, Toribío y Jambaló no obedece a la presencia de las Farc, sino a la resistencia de los pueblos indígenas que son mayoría en la zona. Allí hay un rechazo generalizado a las políticas económicas y de seguridad del gobierno. “La presencia del Ejército y de la Policía en el norte del Cauca ha sido muy activa, y los indígenas se ven en medio del fuego cruzado”, dijo Jaramillo.
A pesar de que estas poblaciones están en el corazón de la Alianza Social Indígena, movimiento que avaló la candidatura de Antanas Mockus, los votos se fueron con el candidato del Polo Democrático, Carlos Gaviria.
En las zonas donde se han desmovilizado los paramilitares y donde las autodefensas tuvieron el mayor número de acciones armadas durante el 2005 y lo que va del 2006, Uribe también arrasó.
Estos resultados parecen enviarle al Presidente dos mensajes: la gente que padece la guerra confía en sus políticas de seguridad, pero creería mucho más si estuviera acompañada por planes macroeconómicos sostenibles alternativos a la coca.



