Fortalezas y debilidades de los candidatos

Votebien escudriñó en la trayectoria política y en la personalidad de los candidatos y le cuenta cuales son sus fortalezas y debilidades
Antanas Mockus
En un país donde la clase política es vista generalmente como corrupta, la transparencia de Mockus es una de sus mayores fortalezas. Sus dos administraciones dieron ejemplo de buen manejo de los recursos públicos y han creado la imagen de un hombre incorruptible.
Mockus parece poco vulnerable al chantaje. Inclusive en momentos tan difíciles como el de la protesta de taxistas que generó un caos monumental en la ciudad en el 2001, no cedió a las presiones. Tampoco se dejó intimidar por la guerrilla que lo escogió como blanco de sus amenazas cuando fue alcalde.
Por último, su buena preparación académica y su rigor técnico para tomar decisiones y escoger colaboradores han demostrado ser parte de sus fortalezas.
La principal debilidad de Mockus es que peca de arrogancia intelectual. Esto no solo se refleja en el lenguaje abstracto y simbólico que a veces lo hace ininteligible sino en su confianza en que puede hacer política desdeñando la política. Aunque lo ha venido corrigiendo, su fracaso en la campaña para el Senado refleja que le falta entender el sistema y sobre todo, las lógicas de provincia, donde él es visto como un ser exótico.
En muchos sentidos es como el llanero solitario, cabalgando sobre su genio y su creatividad y confiando poco en un trabajo más colectivo, lo cual se refleja en las dificultades que ha tenido para formar un partido. Esto se debe quizás también a la dificultad que tiene para tomar decisiones que puedan generar demasiado conflicto con su gente más cercana. Cuando dos colaboradores se han peleado, él casi siempre ha optado por perder al más fuerte y proteger al más débil. Así ha perdido a colaboradores muy cercanos como Paul Bromberg, Alicia Eugenia Silva y otros más. Aunque en general la gente que trabaja con él lo admira hasta el punto de la idolatría.
Álvaro Uribe
Las fortalezas de Uribe coinciden con el tipo de mandatario que querían los colombianos: trabajador, sencillo, persistente, autoritario y cercano a los ciudadanos. Uribe es un estratega, sabe cómo llegarle a la gente y cumplir sus objetivos. Eso le ha valido, en parte, su alta popularidad. También es un hombre muy valiente, que pese a haber sido víctima de varios atentados, ha seguido adelante con su proyecto.
Su mayor debilidad como Presidente es su estilo de microgerencia, que hace que termine inmiscuyéndose hasta el último detalle en muchos temas, saltándose a sus ministros e ignorando las consecuencias a largo plazo, como su anuncio de excarcelar a los guerrilleros presos que ayuden a desmovilizar gente en el monte. Eso, en varios casos, termina desinstitucionalizando. Tampoco es bueno para recibir críticas. A sus opositores suele cooptarlos con puestos, como lo hizo con el ex presidente Andrés Pastrana y con sus ex contrincantes Noemí Sanín y Horacio Serpa o Fabio Valencia Cossio, o desacreditarlos con acusaciones como lo hizo contra las ONG de Derechos Humanos, Rafael Pardo o los ex presidentes liberales.
Uribe también es visceral, lo que le ha acarreado problemas. Sus arranques de furia en contra de las ONG y Ecuador por albergar supuestamente guerrilleros de las Farc, por ejemplo, generaron en su momento roces diplomáticos serios.
Carlos Gaviria
Gaviria tiene tres fortalezas, su inteligencia, su carisma y elocuencia, su estilo alejado de la política tradicional y sus ideas de avanzada.
Una de sus fortalezas es que los electores los identifican como nuevo en la política y como alejado de las prácticas tradicionales, aunque detrás de él están las redes de apoyo de toda la izquierda tradicional.
Sus ideas liberales pueden ser avaladas por algunos sectores, en un país donde hay tantas personas insatisfechas con sus condiciones de vida y donde el sistema todavía no es suficientemente incluyente. Además, todos reconocen que Gaviria es una mente brillante y es el candidato académicamente más preparado.
Esto, sumado a la elocuencia de su discurso, a sus sólidos argumentos contra el gobierno actual y a su apariencia de viejito sabio, le pueden dar a Gaviria los votos de los electores más críticos y educados.
Y tres debilidades, no es un político, es demasiado radical para una sociedad derechizada y no tiene ninguna experiencia en la gerencia pública. Gaviria no es un político y en ocasiones incluso este mundo lo molesta. Uno de sus antiguos asesores en el Congreso afirma que antes de ser candidato presidencial le incomodaba asistir a las reuniones de partido, si éstas no eran en realidad importantes. Le chocan los tumultos, las manifestaciones públicas y las discusiones desordenadas en el Congreso. Incluso, se le ha visto regañar colegas en el Capitolio para que hagan silencio.
Hay una anécdota que ejemplifica este tema. Cuando Gaviria salió elegido como Senador no quiso participar en las caóticas reuniones que se hacen para definir quién queda en cada comisión. La entrada a una comisión específica depende del apoyo de otros congresistas, “tu votas por mí, yo voto por ti”, así se asegura el puesto. Gaviria, se marginó tanto de estás reuniones como de la rapiña por la asignación de oficinas en el Congreso. Pero igual fue elegido donde quería: en la Comisión Primera que trata los asuntos constitucionales.
Gaviria no ha tenido experiencia en gerencia pública, lo que le baja puntos y podría ser una grave debilidad si es elegido. Es un académico en todo el sentido de la palabra. Las relaciones que establece con su equipo son de tipo intelectual, para tomar las decisiones no tiene en cuenta la estrategia sino la fuerza de los argumentos. Fuera de esto no le gusta ahondar en detalles, sino ver las cosas en perspectiva.
Es el candidato que más claramente defiende una ideología. Representa la izquierda y las ideas más liberales y esto le puede traer problemas en un país donde los electores están acostumbrados a políticos sin posiciones claras que la mayoría de las veces se ubican en el centro o pasan de un lado a otro dependiendo de la elección. Y además, las últimas dos elecciones mostraron que los colombianos están girando ideológicamente a la derecha.
Horacio Serpa
La fortaleza de Serpa está en el apoyo que le brindan las clases populares, por su carisma, don de gentes y por ser un símbolo de lucha y pujanza. Los recursos limitados de su familia solo dieron para que se educara en varios colegios y una universidad pública. Esto él lo convirtió en una fortaleza al mostrarse como el único que entiende los problemas de las clases marginadas y como una solución para la pobreza y desigualdad. “Sus electores están en los estratos uno, dos y tres, porque él llega a donde los demás políticos no y la gente le cree lo que dice”, explica una de sus colaboradoras. Esta afinidad se magnifica cada vez que él pisa la plaza pública y da uno de sus famosos discursos. Ninguno de los demás candidatos presidenciales tiene su capacidad de oratoria.
Sin embargo, en su tercera campaña presidencial, otras fortalezas de Serpa se han convertido en debilidades. Serpa es fuerte entre los liberales tradicionales, ese grupo de personas que todavía creen en los partidos y extrañan los debates entre rojos y azules. Esa identificación partidista lo hace parecer anclado en el pasado, su mayor debilidad.
Otra fortaleza de Serpa es su identificación ideológica: siempre a la izquierda de su partido y defensor a ultranza de la socialdemocracia. Para algunos, es coherencia política, para otros, también significa falta de renovación. Serpa argumenta que esta posición responde a una “fuerte coherencia política”. Frente a ello, le dijo a Semana: “¿o es que acaso en cada elección un político tiene que cambiar su discurso?”.
Pero sin duda su mayor debilidad es que es un político desgastado tras tres campañas presidenciales. La mejor prueba de ello es que su caudal electoral (ubicado sobre todo en la Costa Caribe) va a la baja. En la campaña del 98 superó los cinco millones de votos; en la del 2002, los tres y medio; y en la consulta de 2006 sacó apenas 1.200.000 votos. Frente a esto, él se defiende recordando que Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva llegó a la presidencia de Brasil en su cuarto intento y Tabaré Vásquez, de Uruguay, llegó en el quinto.
Enrique Parejo
La fortaleza de Enrique Parejo es la imagen de un mártir vivo. En la lucha contra el narcotráfico, el ex ministro fue implacable y no se dejó intimidar por las amenazas contra su vida. Inclusive 4 años después de su atentado, renunció a la embajada suiza y regreso al país por estar en desacuerdo con la política de sometimiento a la justicia de Cesar Gaviria, que permitió la entrega de Pablo Escobar. Precisamente estas actitudes le crearon una imagen de hombre radical, ya que durante el gobierno Gaviria era uno de los pocos que hablaba de la claudicación del Estado ante los capos de la droga.
Paradójicamente, el radicalismo moral del ex ministro terminó por convertirse en una debilidad política. En las elecciones presidenciales de 1994, Parejo tan solo alcanzó 30.000 votos. Durante el proceso 8.000, las criticas de Parejo aparecieron de nuevo, pero su discurso contra la corrupción y el narcotráfico comenzó a parecer monotemático. Parejo se convirtió en una especie de conciencia moral del país, pero nunca pudo consolidar un proyecto político y tampoco formular una propuesta alternativa suficientemente fuerte.
Álvaro Leyva
La fuerza de este candidato está en la coherencia de su trayectoria política. Está obsesionado con la paz y la mayoría de la gente que lo conoce dice que es una intención genuina, aunque obviamente ha sacado un reconocimiento público. Además, siempre se ha mantenido fiel al conservatismo, algo atípico en estas épocas de tránsfugas.
Es un hombre constante y muy valiente. Sostuvo entrevistas clandestinas con el M19 y las FARC tanto en el monte como países extranjeros, a pesar de los riesgos que esto entrañaba, y lo más importante, se enfrentó a la posibilidad de que sus interlocutores lo traicionaran.
Además, según Antonio Navarro Wolf y Carlos Ossa Escobar, que fueron sus compañeros en la Constituyente y en diferentes negociaciones de paz, otra de sus grandes virtudes es que es “una fuente de ideas”, un hombre de iniciativa y muy creativo.
Leyva tiene dos debilidades. Por un lado, es un hombre muy soñador y poco concreto en sus planteamientos. Su actual propuesta de paz parece retórica, no explica qué va a pasar después de sentar a todos los actores del conflicto en una mesa. “A la propuesta de Leyva le falta profundidad, se basa solamente en la química que puede haber entre Marulanda y el presidente de turno”, dijo a Votebien.com Navarro Wolf. Frente a esto, Leyva se defiende recordando su experiencia como negociador en otros procesos exitosos como el del Quintin Lame y el PRT.
Por otro, es una persona extremadamente desordenada con el manejo de sus finanzas. Se mete en negocios que parecen grandiosos y terminan siendo un fracaso.
Leyva también ha sido criticado por acercarse demasiado a los guerrilleros y en ocasiones prestarse para su juego como ahorita, en plena época electoral, buscando la liberación de dos policías en manos de las FARC. Él ha sido claro que su único interés fue humanitario.
Carlos Rincón
Rincón tienes dos fortalezas. Primero, es un hombre sencillo, de provincia y esto le entrega simpatizantes en sectores de bajos recursos y en sus natal Boyacá. Segundo, no es identificado como un político de oficio sino como un científico o un ciudadano común, y esto le da puntos en los sectores independientes.
Es un candidato realmente desconocido, sin experiencia en la administración pública y en la política. Características casi obligatorias para ser elegido Presidente. Se lanzó en el 2002 al Senado y obtuvo sólo 521 votos. Su trayectoria como oftalmólogo sólo es conocida en Boyacá y en algunos círculos de médicos. Fuera de esto, es el candidato de un movimiento que no recibió los suficientes votos para mantener sus personería jurídica. El Movimiento Comunal y Comunitario ni siquiera lograron elegir a su figura más reconocida, Pedro Arenas ex Representante a la Cámara por el Guaviare.



