El poder de las encuestas
¿Son una buena “vara” para medir la intención de voto de los colombianos? ¿Qué tanto creerles? Cristina Vélez responde las preguntas que todos se han hecho frente a este tema.
A un mes de las elecciones presidenciales las encuestas se han convertido en las protagonistas del escenario político. Hoy son la noticia preferida de los medios y la “vara” con la que se auto-evalúan las campañas. Su contenido puede cambiar o consolidar la intención de voto de millones de electores.
A los colombianos no les gusta “perder” el voto. Es una tendencia en nuestra cultura política, que hace que algunas personas cambien de candidato cuando se dan cuenta que el de su preferencia no va a ser elegido. Ha habido excepciones a la regla. En la campaña presidencial del 2002 Álvaro Uribe empezó con menos del 5%, perdiendo en todas las encuestas, y ganó la elección en primera vuelta con un 53% de los votos. Algo similar pasó con Lucho Garzón cuando era candidato a la Alcaldía en el 2003, superó a Maria Emma Mejía la ganadora de los sondeos.
Hay otras personas que votan con la exclusiva finalidad de evitar que quede elegido el que puntea en las encuestas, o se desaniman y desisten de votar, cuando hay un candidato “sobrado” en los sondeos. Casos concretos se han visto. En 1990, la abstención electoral llegó a un nivel nunca visto, 43.46%, debido a que la gente perdió interés en participar, por la amplia ventaja que le daban las encuestas al heredero político del recién asesinado Luis Carlos Galán, Cesar Gaviria Trujillo. Ocho años después, muchos votaron por Andrés Pastrana para evitar que Horacio Serpa siguiera subiendo. Todo para castigarlo por su relación con el ex presidente Ernesto Samper.
Estas situaciones y el concepto de varios expertos coinciden en que las encuestas políticas tienen efectos sobre la opinión pública. “Tienen poder, pero no hemos podido medir con precisión cuánto”, dijo Jorge Londoño, director de Invamer Gallup, una de las grandes encuestadoras. ¿Quién ostenta ese poder en Colombia?
Los “dueños” de la opinión
Hay cinco firmas que monopolizan el sector encuestador en el país. Las pioneras son el Centro Nacional de Consultoría, Napoleón Franco-Ipsos e Invamer-Gallup, quienes llevan más de treinta años moviendo la opinión pública. Datexco- Opinometro nació en los años noventa y Yanhaas hace pocos años.
Contrario a lo que muchos piensan, estas compañías no viven de hacer encuestas políticas cada dos años, sino de la investigación de mercados. A eso destinan la mayoría del personal y recursos. Sólo dos de cada diez estudios de las firmas encuestadoras son de intención de voto.
Hay tres “viejos zorros” en el tema: el fundador del Centro Nacional de Consultoría y PHD en matemáticas, Carlos Lemoine; el psicólogo cartagenero, especialista en metodología de la investigación social, Napoleón Franco; y el ingeniero de sistemas paisa con postgrado en la multinacional estadounidense Gallup, Jorge Londoño. Los dos más nuevos en el medio son especialistas en el tema de mercadeo. Cesar Valderrama, el director del Opinómetro, es abogado de la Universidad de los Andes y Oswaldo Acevedo, es administrador de empresas de Eafit.
Cada uno de ellos tiene su propios estilo de hacer encuestas. Sin embargo, para hablar de la intención de votos de los colombianos deben respetar unos mínimos de calidad
Mínimos técnicos: ¿Qué puede fallar en una encuesta?
Los clientes para sondeos electorales son en un 90% los medios de comunicación. En época electoral ellos se unen y establecen acuerdos con las firmas encuestadoras y en algunos casos, incluso acuerdos de exclusividad. En la actual contienda presidencial, el Tiempo y W-Radio contrataron al Opinómetro. Napoleón Franco está trabajando para la alianza entre la Revista Semana y RCN. Caracol Radio, el Espectador, la Revista Cambio y otros periódicos regionales son clientes de Invamer-Gallup.
Cuando el medio contacta a una empresa encuestadora, le dice la información que necesita, para cuándo y cuál es su presupuesto. De acuerdo a esto, se precisa el número de preguntas de la encuesta, si es telefónica o cara a cara, a qué público va a estar dirigida y se selecciona la muestra, es decir, el número de personas en el que va a ser aplicada.
Para que los resultados hablen de la tendencia de intención de voto de los colombianos, “debe tomarse una muestra amplia, en la que todos los miembros de la población tengan la misma probabilidad de ser contactadas”, señaló Leonardo Bautista, ex director técnico del DANE, profesor durante veinte años de estadística en la Universidad Nacional, y uno de los estadísticos más reconocidos en el país. Si esta regla es respetada la intención de voto de los colombianos estará representada con un error pequeño, entre 3% y 4%, en los resultados del sondeo.
“En Colombia ninguna encuesta habla con suficiente precisión para que sus resultados se puedan generalizar a todo el país. Si en la ficha técnica dice que las entrevistas se hicieron en Bogotá, Barranquilla, Medellín y Cali, las cifras son válidas para estas ciudades nada más”, dijo Cesar Caballero, ex director del DANE, a Votebien.com.
Según los expertos consultados estás son las tres debilidades técnicas que tienen las encuestas políticas en Colombia:
- Críticas al tamaño de la muestra: Para el profesor Leonardo Bautista, una muestra de 1200 personas entrevistadas, que es lo estándar que se esta manejando en el país, no permite hacer generalizaciones. “He visto incluso sondeos con muestras de 700. Esto no tiene ninguna credibilidad”, mencionó. “Para que las encuestas den para hacer generalizaciones sobre la intención de voto de los colombianos, deben hacerse como mínimo 15.000 consultas”, concluyó el estadístico.
Para Napoleón Franco este argumento no es válido. “El doctor Bautista está exagerando. Las 1.200 encuestas que se están utilizando es lo que comúnmente se utiliza en los sondeos políticos de Estados Unidos y Europa, es el estándar internacional”, dice. Bautista replicó este argumento: “en esos países tienen herramientas de selección de la muestra con las que no contamos, las cuales permiten que en pocas personas estén representadas las diferentes tendencias de voto”. Por ejemplo, los estadounidenses cuentan con bases de datos históricas sobre comportamiento electoral que les permiten descartar ciudades o Estados completos, pues ya se sabe que son republicanos o demócratas.
-Sectores excluidos: En Colombia, la opinión de los electores de los estratos 1 y 2 de las ciudades y los habitantes de las zonas rurales están sub representados, especialmente en las telefónicas. Es muy común que estos grupos de ciudadanos no tengan teléfono y si lo tienen, lo comparan entre más de 5 personas. Por eso cuando de la firma encuestadora hacen las llamadas es mucho más probable que le contesten de una casa de clase media o alta, donde hay un teléfono para dos adultos, que en una casa de bajos recursos o en la zona rural, más aún si la encuesta sólo abarca las cuatro ciudades principales.
-Imprecisiones en el margen de error: Un lector desprevenido ojea una encuesta realizada a 1.200 personas con un margen de error de 3%. En la encuesta su candidato tiene, por ejemplo, el 55% de intención de voto. ¿Qué significa realmente ese 55 por ciento? En algunas encuestas, como la de esta semana en SEMANA, significa que de los 1200, 660 dijeron que votarían por esta persona, como supone un lector desprevenido. Pero en otras encuestas no es así. Ese 55 por ciento, puede significar que un poco más de la mitad de los que dijeron que iban a votar, lo harán por ese candidato. Pero es posible que por ejemplo 3 de 10 dijera que se iba a abstener de votar. Con lo cual, la intención de voto por ese candidato es mucho menos representativa frente a la muestra total. “Así se manipula la opinión pública. Si la muestra incluye votantes y no votantes, debe quedar claro, porque esto aumenta drásticamente el margen de error de cualquier pregunta”, dice Bautista.
Para corregir todos estos errores las principales firmas encuestadoras del país firmaron un acuerdo en las elecciones presidenciales del 2002 para mantener unos mínimos requisitos de calidad. Se acordó que no se iban a hacer encuestas telefónicas y que se iba a escoger una muestra de 1200 personas o más. También se mencionó la importancia de respetar lo que en realidad dicen los datos y no tratar de estirarlo a grandes análisis. “Algunas personas no están cumpliendo el acuerdo en la actual contienda”, denunció Napoleón Franco. Para Cesar Valderrama, director del Opinómetro, “Este acuerdo sólo era vigente para el 2002”.
¿Qué tanto se equivocan?
En las elecciones locales del 2003 hubo algunas malas predicciones. En Medellín la votación del candidato conservador a la Alcaldía, Sergio Naranjo, fue de menos de la mitad de lo que sugerían las mediciones de intención de voto. En Calí la encuesta realizada por el periódico el País daba como ganador a Kiko Lloreda con el 39,2% de los votos. El día de elecciones ganó Apolinar Salcedo con una proporción similar de votos y Lloreda sólo recibió el 33%.
En las presidenciales, una de las encuestas más difundidas dio hasta lo último a Horacio Serpa como ganador. Sin embargo, los acercamientos de paz del candidato Andrés Pastrana con las FARC, días antes de la elección cambiaron la balanza. En el 2002 algunos sondeos también fallaron y no predijeron que Álvaro Uribe iba a ganar en primera vuelta con el 53%.
Todo esto nos muestra que las encuestas no son la verdad revelada y que tienen graves limitaciones técnicas. Lo que hacen es marcar tendencias, no predecir el futuro y para “sacarles jugo” hay que saberlas leer.
Guía para leer una encuesta
Teniendo en cuentas estas y otras limitaciones hay cuatro consejos para leer bien los sondeos.
Si las encuestas tienen muestras amplias y bien seleccionadas pueden hablar de la intención de voto de todos los colombianos. Sin embargo, si no se cumplen estos requisitos hay que leerlas de acuerdo a sus limitaciones. Si hablan de los votantes en cinco ciudades, hay que pensar que representa la opinión de estas ciudades y nada más. “Las encuestas no predicen el futuro sino que muestran una fotografía del presente”, añadió a este argumento Jorge Londoño, director de Imvamer-Gallup.
Segundo, los usuarios deben leer con mucho cuidado la ficha técnica. Si la muestra incluye votantes y no votantes, el grado de exactitud disminuye. Deben asegurarse que ésta incluya la fuente de financiación, para corroborar que no están siendo financiadas con ingresos provenientes de alguna campaña o candidato. Esto afecta su objetividad. También, es importante evaluar el tipo de preguntas que se hacen. Que estás no induzcan la respuesta.
Tercero, hay que ser conciente de que hay encuestas mejores que otras. Cesar Caballero recomienda los sondeos que hacen parte de series. Es decir, que la misma metodología se aplica en diferentes momentos. “Esto permite ver más claramente las tendencias y cómo hay más datos los cálculos son más acertados”, comentó Caballero.




