
Bogotá, muchos congresistas y poca representación
La capital tiene muchos congresistas, pero poca representación.
Por Cristina Vélez
La capital elige 18 Representantes a la Cámara y los votos de sus habitantes determinan el triunfo de al menos veinte senadores. En las elecciones de 2002, Bogotá concentró casi el 15% de la votación a nivel nacional. Esto hace que su potencial electoral sea más alto que el de grandes departamentos como Antioquia y Valle del Cauca. Además la ciudad tiene una de las tasas de abstención más bajas del país. Estas cifras llevan a pensar que los intereses de la ciudad están muy bien representados en el Congreso. Sin embargo, una mirada más cuidadosa muestra lo contrario.
Casi cuatro años después de ser elegidos, los congresistas no han aprobado ningún proyecto dirigido a atender alguno de los problemas importantes de la capital. A pesar de que temas como los servicios públicos, la descentralización y el trasporte masivo fueron sus caballitos de batalla durante la campaña, los legisladores bogotanos no han presentado grandes iniciativas en estos temas.
Algunos han impulsado proyectos puntuales sobre Bogotá. Sin embargo,la inexistencia de un trabajo en bancada y de una agenda fijada por al administración distrital, ha hecho que estos esfuerzos sean dispersos y que la mayoría de las veces se hundan en los primeros debates.
Desde julio de 2002 se han presentado quince proyectos que benefician directamente a la ciudad. De estos, el 70% no lograron ser Ley de la República y el 20% sigue en trámite. Un balance muy pobre si se tiene en cuenta que entre representantes y senadores, Bogotá, suma 38 congresistas.
Entre los proyectos que fracasaron se encuentran varias iniciativas relacionadas con la descentralización, como la que pretendía modificar el Estatuto Orgánico de Bogotá para trasladarle algunos poderes del Alcalde a las localidades y aumentar el número de concejales para que éstas quedaran mejor representadas. Iniciativas relacionadas con el desarrollo sostenible de la ciudad también corrieron la misma suerte. Entre ellas se destacan los proyectos sobre Ciudad-Región, que buscan armonizar el desarrollo de Bogotá con los municipios y departamentos aledaños y la declaratoria de estado de emergencia ecológica para el río Bogotá y sus afluentes.
El balance es mejor en el ejercicio del control político. En este periodo se han citado más de once debates relacionados con Bogotá. Algunos de los que más recuerdan los bogotanos fueron dos sobre el trasporte masivo. El primero en relación a la democratización del Transmilenio y el segundo frente al accidente del bus del Colegio Agustiniano en abril de 2004, en el que murieron 21 niños. Otras citaciones destacadas fueron la del saqueo al Hospital San Juan de Dios y, el debate sobre los criterios para definir las fronteras de las reservas ambientales ubicadas en los cerros orientales.
Las opiniones sobre el desempeño de los legisladores de la ciudad aparecen divididas. Para uno de los senadores más visible de Bogotá, Carlos Moreno de Caro, los proyectos no han sido aprobados porque no existe una bancada organizada a la que le duela la ciudad. “Existen fricciones entre Lucho y algunos congresistas y no existe una agenda oficial de proyectos”, dice Moreno de Caro.
Por el contrario, para el Distrito la bancada ha cumplido. Según Patricia González, la Secretaria Privada del Alcalde, “lo importante es que cuando les hemos pedido que hundan iniciativas que afectan a Bogotá, ellos lo han hecho”. Este fue el caso de un proyecto para proteger las áreas de Páramo, que de ser aprobado, hubiera obligado a muchos habitantes del Sumapaz a dejar sus casas. Otro ejemplo fue la oposición inicial de la bancada frente a la ley Antitrámites, pues uno de sus artículos hería de muerte las finanzas del Distrito al entregarle a Lonjas de propiedad privada los avalúos catastrales.
González confirma que la administración no tiene una agenda oficial frente a la bancada, como sí existió con Mockus y Peñalosa. Pero considera que su inexistencia no es sinónimo de descoordinación. “Nosotros tenemos claro que hay un Plan de Desarrollo para la ciudad, el cual se maneja y se logra con las condiciones que tenemos hoy, y lo que hacemos es que estamos muy atentos de los proyectos en curso, y si tienen un impacto para la ciudad o les vemos potencialidades, ahí sí llamamos a los congresistas y les explicamos”.
El senador bogotano y candidato presidencial Rafael Pardo está de acuerdo. Considera que la administración ha logrado guiar la bancada sin convocar a reuniones de agenda. No obstante, piensa que esto no es suficiente. “A la administración le falta ser más proactiva y presentar proyectos que surjan de un debate entre las diferentes entidades del Distrito”, dice. Sobre la bancada en general, Pardo coincide con Moreno de Caro, en que durante este periodo los congresistas de bogotanos solo mantuvieron un mínimo de cohesión durante la discusión del Plan Nacional de Desarrollo, debido a que todos consideraron que la matriz de distribución de los recursos fue inequitativa con la Capital.
El balance de la gestión de la bancada de Bogotá en estos cuatro años ha sido ambiguo. Si bien, la bancada hundió varias iniciativas que afectaban a la ciudad, no lograron aprobar soluciones para grande temas. En control político fueron más efectivos, sin embargo, los debates fueron promovidos por algunas figuras sin involucrar trabajo en equipo. La indiferencia por la ciudad puede ser explicada por varias razones. Si nos centramos en la administración, algunos afirman que ha faltado una agenda oficial. Si dirigimos la mirada al desinterés y al personalismo que caracterizó a la mayoría de congresistas, es importante tener en cuenta la frase “Bogotá, ciudad de muchos, ciudad de nadie”. Se hace evidente que la mayoría utilizaron el potencial electoral de Bogotá para acumular votos y les falto asumir responsabilidades con los ciudadanos.



