¿Veedores o bebedores?
El mes pasado estuvieron en Colombia tres misiones de observación electoral. ¿Cumplieron su cometido?
Por Cristina Vélez
En todas las elecciones del Tercer Mundo, hay una figura que no falta: la de los veedores internacionales. En algunos círculos privados los llaman los bebedores internacionales, porque rumbean, pasean, se reúnen con altos funcionarios del Estado, dan un informe superficial del proceso y se van. Lo que ocurrió con muchos de ellos en las pasadas elecciones no fue la excepción.
La agenda de cuatro días que preparó el Consejo Nacional Electoral para los 30 observadores técnicos, a 18 de los cuales este organismo les pagó el pasaje y su estadía con recursos del fisco colombiano, incluyó dos foros académicos con altas personalidades de la política nacional, tres desayunos y almuerzos formales en el Hotel Tequendama en Bogotá con los candidatos y el Procurador en donde escucharon las principales quejas de los partidos. El resto del tiempo, visitaron la catedral de Sal de Zipaquirá, fueron de paseo todo el sábado previo a los comicios a conocer Villa de Leyva y estuvieron celebrando en dos de los mejores –y más caros- restaurantes de Bogotá.
El mes pasado estuvieron en Colombia tres misiones internacionales de observación electoral: la del Parlamento Europeo, la de la OEA y la de técnicos electorales de varios países de Latinoamérica que trajo el Consejo Nacional Electoral.
Cuando se finalizó el conteo de votos, las misiones salieron inmediatamente a alabar el proceso. La OEA mencionó que habían ocurrido “en un marco de libertad, transparencia y normalidad, que permitieron al electorado renovar su compromiso con la democracia". Los demás también elogiaron la transparencia de los comicios. Hubo pocas críticas: la abstención, que la urna tan abierta no garantizaba el secreto del voto y el no uso de la tinta indeleble en varios puestos de votación.
Para algunos analistas, la evaluación fue apresurada y arriesgada teniendo en cuenta la poca cobertura nacional alcanzada por las distintas delegaciones. De 60 observadores internacionales, sólo 20 salieron de la Sábana de Bogotá. La delegación de técnicos electorales invitada por el Consejo Nacional Electoral, que era la que tenía las condiciones para hacer una evaluación técnica, pues las otras dos eran de tipo político, “tuvo más vida social que cualquier cosa”. Así lo afirmó a Votebien.com Ricardo Montenegro, Secretario de la Unidad Internacional del Partido Liberal.
Según Clelia América Sánchez, la presidenta del CNE, todas estas actividades fueron financiadas por la agencia de cooperación sueca, el Instituto Demócrata de Estados Unidos y otras entidades que promocionan la democracia, pues nuestras autoridades electorales sólo contaban con 20 millones de presupuesto que se invirtieron en los pasajes de 18 de los 30 delegados. La comida en la Fragata la pagó el Ministerio del Interior.
El día de elecciones, todos los 30 miembros de esta misión se quedaron en Bogotá, sólo salieron a una pequeña gira de observación por Chía. Sopó, Cota y Cajicá. La escogencia de los puntos de observación no correspondió ni con los sitios donde la Registradora había alertado sobre la influencia de grupos armados que podría conducir a fraude electoral ni con los lugares donde hace cuatro años el Consejo Nacional Electoral comprobó fraude en 5.665 mesas de votación ubicadas en distintas zonas del país y por lo cual perdieron sus credenciales tres senadores después de tres años de ser elegidos.
La presidenta del CNE, Clelia América Sánchez, responde a estos cuestionamientos diciendo que no tenían presupuesto para llevar a los observadores a otras regiones. “En Bogotá se hizo un foro de temas electorales en que estuvieron ocupados dos días y ahí oyeron quejas de los representantes de los partidos. Después de tanto trabajo los invitamos a Villa de Leyva y a otras actividades. Y el domingo hicieron su observación. La seguridad y la falta de presupuesto evitó que hicieran una observación más directa”, añadió.
Por su parte, para Janeth Madrid, una de las delegadas técnicas que vino del Parlamento Andino, la agenda que les organizó el CNE fue excesivamente política, teniendo en cuenta que ellos eran una misión de tipo técnico, cuya labor es evaluar procesos y sistemas de votación y conteo.
Ahora queda esperar el informe final de esta delegación, que lo va a realizar el Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), ubicado en Costa Rica.
Aunque la misión de observación de la OEA es de tipo político, es decir, que no tiene el deber de hacer recomendaciones técnicas, hizo un seguimiento más extenso. Llegó con diez días de anticipación y 14 de sus 16 miembros viajaron a municipios problemáticos elegidos previamente por los partidos políticos. Sin embargo, por problemas de presupuesto, tuvieron que dejar varios municipios sin cubrir. La misión de los 9 eurodiputados también mandó algunos de sus miembros fuera de Bogotá, a Cartagena y Medellín.
Una iniciativa desde la sociedad civil
Afortunadamente, algunos de los vacíos de las misiones internacionales fueron cubiertos por una iniciativa de la sociedad civil colombina. El MOE es una confederación de organizaciones sociales, de derechos humanos, académicas y sindicales que vienen trabajando juntas desde el año pasado para hacerle veeduría a las pasadas elecciones legislativas y presidenciales. Fuera de contar con más de 2000 colaboradores ubicados en varios municipios desarrollaron tres instrumentos de medición de “calidad de elecciones” con la asesoría de Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL) y un centro de recepción de denuncias contra delitos electorales.
El día de las elecciones presidenciales, después del conteo, presentaron un informe preliminar con 55 irregularidades con hora y mesa de votación ocurridas en todo el país, recogieron un número similar de denuncias por delitos electorales que trasmitieron a las autoridades competentes. “En unos días vamos a hacer público el informe final de la observación que tiene todo un capítulo de recomendaciones que salieron de las percepciones y denuncias de nuestros apoyos regionales”, contó a Votebien Alejandra Barrios, su directora. Con la información de este informe y del que hicieron después de las elecciones legislativas, esta organización presentará en el Congreso una agenda de reformas al sistema electoral.
A esta iniciativa de veeduría se le critica la sobre-representación que tiene de sectores de izquierda, lo cual podría poner en duda su objetividad. “Para próximos ejercicios deben integrar ONG de derecha y al sector privado, para así lograr un equilibrio”, afirmó el magistrado del Consejo Nacional Electoral Guillermo Reyes. Independiente de estas criticas, lo valioso del MOE es que es el intento más organizado de la sociedad civil que se ha dado en beneficio de unas elecciones más transparentes.
Para las elecciones locales del 2007, es deseable que surjan más iniciativas de este tipo y que se fortalezcan los controles internos para garantizar la transparencia de los comicios. Ya está visto que los veedores internacionales son un apoyo importante pero que su capacidad de monitoreo es limitada.




