Reportaje


La nueva configuración partidista en Colombia


El sistema de partidos está en una etapa de transición y de reacomodamiento difícil de predecir.

Por Elizabeth Arciniegas** y Andrés Hernández*


Los resultados electorales muestran que el sistema de partidos en Colombia pasa por un proceso de significativa recomposición que se ha agudizado como resultado de las nuevas reglas de juego electoral (umbral, listas únicas, cifra repartidora y voto preferente) que obliga a los diferentes grupos y fuerzas políticas a reagruparse si no quieren desaparecer.


La elección en disidencia del presidente Uribe en el 2002, la posterior mudanza de partidos por parte de muchos políticos profesionales, empresas y Barones electorales tradicionales hacia el bando uribista como una estrategia para aumentar el respaldo electoral; la suma a dicho bando por parte de los independientes y el respaldo de la mayoría de electores dado en las elecciones del domingo pasado ya no solo a la figura del presidente sino a las fuerzas, y grupos parlamentarios que lo acompañan, ha permitido configurar una mayoría parlamentaria que le da al Gobierno un amplio margen de maniobra y ha sentado las bases para la emergencia de un nuevo mapa político.

El sistema de partidos en el país se encuentra en una etapa de transición y de reacomodamiento que si bien es difícil de predecir muestra algunos rasgos centrales que permiten afirmar que nos encontramos ante cambios y rupturas frente al pasado inmediato.

En este escenario surgen las siguientes preguntas: ¿cuál es el tipo de sistema de partidos hacia el cual vamos?, cuales son los principales rasgos de dicho sistema?, ¿qué factores están incidiendo en la conformación del mismo?. En las siguientes líneas darémos algunas respuestas a estos interrogantes.

El eje Uribe y la nueva derecha: ¿gobernabilidad asegurada?.

La dimensión que esta influyendo con más fuerza en la nueva configuración partidista es la de respaldo o rechazo al gobierno de Uribe y a su proyecto de seguridad democrática. De un lado, quienes están con Uribe y sus políticas, y de otro, quienes se ubican en la oposición.

De esta forma, un primer hecho que muestra las elecciones es, no sólo la drástica reducción de grupos y partidos políticos, sino el reagrupamiento de dichas agrupaciones en torno a dos ejes de política: Uribe y una oposición que se mueve entre el centro y la izquierda. Las otras dimensiones del conflicto partidista se ordenan en torno a esta. Los resultados electorales muestran que las listas para el Senado pasaron de 321 en el 2002, a 20 en el 2006. Y de estas 20 listas solo lograron el umbral 10, de las cuales 7 están del lado uribista, 2 en la oposición y uno independiente.

Las elecciones muestran que la reagrupación partidista que genero la reforma política y la figura de Uribe se ordena en torno a una nueva nomenclatura, diferente a la tradicional división entre partido liberal, partido conservador e independientes. Del lado uribista, se ubicaron el partido de la U, cambio radical, el tradicional partido conservador, equipo alas Colombia, Colombia democrática e incluso Convergencia Ciudadana; y en la orilla contraria, se situaron el partido liberal y el polo democrático. Quedando por fuera de esta división el movimiento cristiano Mira. Los resultados electorales dieron una victoria electoral holgada a las fuerzas y partidos uribistas, las cuales alcanzaron el 63% de las curules en el senado y el 53 % en la Cámara de Representantes.

Las organizaciones y fuerzas que se agruparon en torno al gobierno de Uribe más que partidos nuevos con costumbres nuevas, representan un conjunto de fuerzas divididas que aglutinan desde figuras que se presentan como independientes, políticos profesionales, viejos caciques electorales, empresarios políticos del viejo bipartidismo, representantes de los gremios, hasta el partido clientelista clásico como el partido conservador que decidió adherir a Uribe. El conjunto de fuerzas que apoyan al presidente Uribe, salvo el partido Conservador, se caracterizan por ser agrupaciones políticas coyunturales creadas con fines electorales, organizaciones flexibles sin ideología claramente definida y predominantemente de carácter regional. Son organizaciones con fuertes tensiones y divisiones entre los líderes que las dirigen, en algunos casos matrimonios de conveniencia transitoria.


Del lado del uribismo, el eje de aglutinación no fueron los partidos políticos sino la personalidad de Uribe. Uribe se convirtió en la figura con capacidad de arrastre y de definición de la plataforma ideológica y política a presentar en la campaña electoral, por encima de los diferentes líderes parlamentarios que pugnaban por liderar dicho proceso. Uribe no acepto que dicho liderazgo fuese arrebatado por ninguna figura, con el fin de no estar condicionado luego en el parlamento.

La gobernabilidad de Uribe

En este contexto, en un segundo periodo la gobernabilidad de Uribe parece estar ampliamente asegurada. Por un lado, el apoyo legislativo no es una variable exógeno en tanto el presidente influyo en el nombramiento y configuración de las listas. Por otro lado, el presidente tiene un poder integrativo dado por su facultad de nombramientos. Estos dos factores en principio darán un amplio margen de maniobra y gobernabilidad.

Pero si bien las mayorías son evidentes no se puede afirmar que se trata de mayorías cohesionadas, disciplinadas en torno a una plataforma programática e ideológica. Varios aspectos dejan entrever que la gobernabilidad enfrenta serios obstáculos: el primero, la mayoría puede ser tan coyuntural como su origen, la variedad de intereses corporativos y electorales de los miembros de las bancadas mayoritarias puede presagiar mas de un dolor de cabeza para el presidente; el segundo, es posible que se presente amenazas de bloqueo como resultado de expectativas no cumplidas y de tensiones no resueltas.

La débil presencia del centro-izquierda, la supervivencia del pluralismo en la política democrática del país y el fracaso de los independientes

Muchos esperaban no solo una victoria mayoritaria de Uribe, sino el desplome del partido Liberal y el estancamiento de la izquierda. Las elecciones muestran que la nueva configuración partidista no tiende a reorganizarse solamente en torno al eje uribista. Los resultados permiten hablar de la presencia débil pero importante de un eje de centro-izquierda conformado por el partido liberal y el Polo Democrático que alcanzaron en conjunto el 28% de las curules en el parlamento. El partido liberal pasó de tener 29 curules en el senado en las elecciones en el 2002 a 17 curules en el 2006; y el polo paso de 9 curules en el 2002 a 11 en el 2006.

Esta votación y distribución de curules permite afirmar que los resultados electorales muestran al menos transitoriamente una consolidación de tres tendencias de fondo en el sistema político: a) un polo de derecha, donde se ubican las diferentes fuerzas uribistas, b) un polo de centro ocupado principalmente por el maltrecho partido liberal aunque con gérmenes importantes de renovación, y c) un polo de izquierda conformado por el polo democrático.

Si bien, la votación en torno a las fuerzas que ocupan este espectro de centro-izquierda fue débil impidiendo realizar una oposición efectiva, significa la supervivencia del pluralismo político y la existencia de partidos políticos con posibilidades potenciales de ser en el futuro opciones de poder, dependiendo de la profundidad de los cambios y la modernización que logren impulsar, así como de los resultados y el desempeño de un segundo gobierno de Uribe.

¿Derrota del Partido Liberal?


Algunos han interpretado la derrota del partido Liberal como una catástrofe, como una derrota que lo llevará a la desaparición sino se suma a las fuerzas uribistas. Hay, sin embargo, varios hechos que pueden justificar la afirmación de que a pesar de que se perdieron curules se gana en otros campos. Se perdió, pero se gano. El partido Liberal tuvo tres grandes logros: el primero, no desaparecer e iniciar un proceso de disciplinamiento de microempresas electorales dispersas, y un proceso de cambio y renovación en torno a una propuesta de centro con ingredientes socialdemócratas; el segundo, no perder el centro frente al polo democrático, ni frente a las propuesta de Mockus y Peñalosa; y el tercero, superar las divisiones ideológicas y políticas profundas e insalvables que lo asemejaban más a varios partidos, impidiéndole proyectarse como un solo partido.

Por un lado, la salida de caciques y empresarios políticos como Jose Name Teran, Aurelio Iragorri, Piedad Zuccardi, Luis Guillermo Vélez, Carlos García Orjuela, entre otros; y de figuras nacionales como Uribe, Santos y Vargas Lleras ha representado la salida de las posiciones mas conservadoras en el partido; y por otro lado, el regreso de líderes que giran hacia posiciones de centro como Gaviria a la dirección del partido y Pardo; y el acuerdo consensuado de renovar y dar un nuevo rumbo ideológico y organizativo permiten al liberalismo sentar las bases de una fuerza de centro con proyección futura. Hay que decir, sin embargo, que este proceso enfrenta varios obstáculos que es preciso superar.


El nuevo Polo Democrático

Por su parte los resultados electorales del Polo Democrático Alternativo son difíciles aún de ponderar. Por un lado, ganó como partido en su unificación interna al lograr una dirección única con la victoria de Carlos Gaviria, quien, además, se proyecta como una figura de reconocimiento nacional que lograr romper resistencias del elector frente a estigmas que carga la izquierda como el de tener vínculos con grupos al margen de la ley y representar tan solo los ideales de grupúsculos radicales cerrados. Queda, sin embargo, el reto de superar las tensiones internas entre figuras y corrientes que pugnan por proyectos ideológicos y practicas políticas diferentes.

Por otro lado, perdió en sus expectativas de conquistar el centro frente al partido Liberal tal y como lo había alcanzado con la victoria en la alcaldía de Bogota. Hay que señalar, además, que no amplió en forma significativa su representación en el Congreso: en el Senado pasó de 8 curules a 11, y en la Cámara logró tan solo 8 curules, de las cuales 4 son en Bogotá, lo que evidencia su poca influencia a nivel nacional.

El fracaso de Mockus y Peñalosa

Finalmente, hay que señalar el fracaso de las propuestas políticas de Mockus y Peñalosa en capturar el votante del centro y en ocupar un lugar dentro del nuevo mapa político del país con agrupaciones políticas de proyección nacional.

Varios factores pueden explicar este hecho: el primero, la reforma política demostró que agruparse tiene sus beneficios. Bajo las nuevas reglas electorales el mejor camino para transformar las prácticas políticas dejan de ser los esfuerzos personalistas.

De esta forma, en el caso de Peñalosa terminó pagando su apresurada salida del liberalismo en un contexto de apertura a nuevas fuerzas, y sus permanentes mensajes contradictorios; y en el caso de Mockus, su error de cálculo de no apostarle en primera instancia a encabezar una lista para el congreso y consolidar una bancada como primer paso en la configuración de un grupo parlamentario de oposición que en caso de tener éxito habría fortalecido el espectro del centro.

Un segundo factor, es la excesiva confianza en el apoyo de los votos de opinión. Las elecciones demuestran que los llamados votos de opinión no son endosables, ni estables; sino fluctuantes. Ser alcalde exitoso de Bogota no implica tener un respaldo electoral nacional asegurado. El país vota diferente a Bogota, y el elector de la capital puede modificar en el camino sus preferencias electorales.

Un tercer factor, relacionado, también con la reforma política, es el hecho de que esfuerzos personalistas sumados a estrategias que utilizan listas cerradas corren el riesgo de no alcanzar el umbral y perder frente a agrupaciones que incorporan el voto preferente. Así, la última curul para el senado se alcanzó con una votación de 20.517, mientras que Peñalosa con una votación de 150.635 votos se quedo por fuera. Las implicaciones de esto fue la pérdida de votos de las listas cerradas que no alcanzaron el umbral, votos que no encontraron representación política.

Conclusión

Si bien quedan múltiples temas para analizar en materia de la nueva configuración partidista en el país es importante concluir que la reforma política y la emergencia en el sistema político de las tres tendencias arriba mencionadas ha permitido hacer más claro el mapa político del país, mapa que en el pasado era en extremo caótico y fragmentado. Si bien, el número de partidos sigue siendo alto, las elecciones muestran una tendencia hacia un sistema multipartidista que se configura alrededor de fuerzas políticas de derecha, centro e izquierda.

* Profesor asociado del CIDER
** Politóloga



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