Reportaje


¿De dónde salió el uribismo?


¿Son los partidos tan uribistas como dicen? Maria Fernanda Moreno escudriña en uno de los fenómenos políticos más importantes en el cuatrienio de Uribe Vélez.

Por María Fernanda Moreno


Las campañas al Congreso de las últimas semanas se han reducido a qué dijo este líder uribista y qué le respondió el otro; cuál partido uribista recibió a los congresistas expulsados del otro partido uribista; cuál tiene más candidatos de opinión; y cuál barrerá en las elecciones legislativas del 12 de marzo. Esta contienda evidencia la división al interior de estos movimientos que lo único que tienen en común es la disputa por la bandera electoral del presidente-candidato.

El uribismo se viene gestando desde principios del 2002, cuando el candidato Álvaro Uribe comenzó a desplazar en las encuestas a competidores que hasta ese momento se sentían vencedores (Noemí Sanín en la primera etapa y Horacio Serpa en la segunda), gracias a su estrategia comunitaria, de mano dura y de trabajar, trabajar y trabajar. En ese momento, Uribe contaba con el apoyo de unos poquísimos políticos que aspiraban al Congreso: Sandra Ceballos, a quien conoció en Harvard y luego trabajó con él en la gobernación de Antioquia; Gina Parody, William Vélez Mesa, Oscar Iván Zuluaga, Enrique Gómez y el primo del candidato, Mario Uribe. Poco a poco fueron llegando otros como Claudia Blum y el recientemente fallecido Roberto Camacho. Pero cuando superó el 50 por ciento de intención de voto en las encuestas se le unieron los liberales oficialistas y todos los conservadores, a excepción de Fabio Valencia Cossio. En ese momento, Uribe se convirtió en el fenómeno político que es hoy.

Con su estilo de paisa bonachón, sus diminutivos, su montada en bicicleta y su tirada al río, Uribe ha logrado lo que ningún presidente colombiano hasta ahora: ha logrado la fuerza necesaria para que mas de la mitad del Congreso actual y de los candidatos a la elecciones de marzo se peleen por pertenecer al grupo de sus aliados políticos: los uribistas. Ellos están divididos en el grupo de Germán Vargas Lleras, Cambio Radical; el de Juan Manuel Santos, partido de la 'U'; el de Luis Alfredo Ramos y Álvaro Araujo, Alas-Equipo Colombia, el de Mario Uribe, Colombia Democrática y el de Luis Alberto Gil, Convergencia Ciudadana. En un último grupo podría ubicarse el Partido Conservador, que apoya a Uribe en su aspiración reeleccionista, pero no milita directamente en las filas de sus seguidores fervientes.

Alianzas y más alianzas

Gran parte de las alianzas se dieron justo después de que fuera aprobada la Reforma Política, en julio de 2003, que obliga a los movimientos a obtener por lo menos el 2 por ciento del censo electoral (umbral) para acceder al Senado. La norma estimula la unión de los movimientos y castiga la dispersión de candidatos en movimientos de garaje.

Esto llevó a que la cuarta parte de los senadores y el 40 por ciento de los representantes a la Cámara ya no pertenezcan a las colectividades que los llevaron al Congreso de la República, reveló Congreso Visible en un informe publicado a finales del año pasado.

La fuga hacia las toldas uribistas comenzó en 2003, antes de ser aprobada la reforma. Parlamentarios de diferentes vertientes políticas como Rafael Pardo, Armando Benedetti, Oscar Iván Zuluaga, Gina Parody y Luis Fernando Velasco intentaron agruparse bajo una misma bandera y apoyar a Uribe en el Nuevo Partido. El Presidente nunca les dio oficialmente su aceptación. Y el partido se disolvió rápidamente por los enfrentamientos entre sus miembros.


En 2004 se intentó nuevamente conformar un partido de apoyo al mandatario. En noviembre, el asesor de Uribe, José Obdulio Gaviria, filtró un proyecto y unos estatutos para fundar un posible partido uribista. Aunque el Presidente desmintió inmediatamente la creación de este partido, posteriormente nombró a Juan Manuel Santos para que liderara la bancada de gobierno en el Congreso. La iniciativa mas tarde se convertiría en el Partido de la U.

Por otro lado, a pesar de que Uribe fue elegido bajo la consigna de la lucha contra la politiquería, caciques legendarios como los costeños José David Name (Partido de la U), Álvaro García Romero (Colombia Democrática), Luis Eduardo Vives (recientemente expulsado del Partido de la U), Piedad Zuccardi (Partido de la U) y Miguel de la Espriella (Colombia Democrática) entraron a sus filas, una movida que no sorprendió a nadie. La tradición política colombiana ha mostrado que los barones electorales rara vez le hacen oposición al gobierno, sino que por el contrario buscan la forma de aliarse para mantener sus redes clientelistas a punta de dádivas y otros subsidios del Ejecutivo. Pasó con Pastrana, por ejemplo, cuando dejaron el liberalismo para irse a la Alianza por el Cambio. Ahora se van al lado de Uribe.


También ingresaron al uribismo miembros de movimientos recién creados como Dieb Maloof y Habib Merheg. El primero comenzó su carrera política tras resultar elegido Senador del Movimiento Integración Popular (Mipol), un partido costeño poco conocido. Obtuvo la tercera votación más alta de todo Magdalena. En los municipios donde ganó recibió entre el 79 y el 94 por ciento de los votos, un comportamiento electoral atípico. El segundo, Merheg, es un disidente liberal que ayudó a fundar Colombia Viva en asocio con Maloof. Según una investigación de la Corporación Nuevo Arcoiris, ambos movimientos, Mipol y Colombia Viva, crecieron junto a la expansión paramilitar que se dio entre 1999 y el 2003.

En agosto de 2005 fue creado el Partido de la U como el medio político para aglutinar a simpatizantes uribistas de las diferentes vertientes, la rural y la urbana. Allí fueron a dar Maloof y Merheg e influyentes liberales uribistas después de que su partido entrara a hacer oposición, como Zulema Jattin y Luis Guillermo Vélez.

Sin embargo, después de la reciente purga de las listas uribistas de congresistas con supuestos nexos con los paramilitares, los expulsados Merheg y Maloof solicitaron ingreso en otro movimiento uribista, Colombia Democrática, creado en 1985 por Uribe y su primo, que tiene entre sus miembros a varios políticos rechazados por otras listas –incluso uribistas- por su cercanía con los jefes paramilitares. Las dos más visibles son Eleonora Pineda y Rocío Arias. Pero por instrucción del Presidente, Colombia Democrática se negó a recibirlos. Merheg y Maloof finalmente regresaron a Colombia Viva. Lo mismo hizo Luis Eduardo Vives, elegido también por el Mipol y expulsado de La U.


¿Oportunismo?

¿Qué tan sincero y sólido es el apoyo de los uribistas al Presidente y sus proyectos? El representante y candidato al Senado por el Partido de la U, Armando Benedetti, uno de los aliados del mandatario desde sus primeros días de candidatura, cree que los uribistas, “mas que a Uribe, quieren los votos que él les puede significar”, por lo que “antes de obedecer a Uribe, obedecerán a sus líderes políticos”.

Si es reelegido, opina Benedetti, “El presidente tendrá que concertar con cada uno de los líderes de estos grupos uribistas para sacar adelante sus proyectos. Si hubiera un uribismo sincero, “sería una bancada fuerte en ideología y disciplinada”. Para ilustrar su ejemplo, recuerda la oposición de Cambio Radical a que el narcotráfico fuera un delito conexo con el Concierto para delinquir, como lo planteaba inicialmente el proyecto de Justicia y Paz avalado por el gobierno. Finalmente el artículo no fue aprobado gracias a la oposición que lideró Vargas Lleras.

Los miembros de los partidos uribistas se comprometen a entregarle al partido sus votos. Se benefician de la campaña institucional que haga el partido, y en algunos casos reciben un préstamo o adelanto de los recursos que vendrán de la reposición de votos para financiar su campaña. Además reciben a cambio un aval y la supuesta garantía de pasar el umbral. A cambio, apoyan públicamente a Uribe y sus proyectos. “Este es el partido de Álvaro Uribe. Por eso apoyamos cien por ciento todas sus posiciones y las políticas que promueva”, anuncia públicamente Colombia Democrática. En tiempos de campaña todos se declaran a favor de la política de Seguridad Democrática, del proceso de paz con los paramilitares, la Ley de Justicia y Paz, la negociación del TLC, entre otros proyectos del presidente.

Se espera que esta unidad de criterio se rompa después de las elecciones del 12 de marzo y las diferencias se hagan evidentes después del 20 de julio, cuando se instale el nuevo Congreso y comiencen a debatirse proyectos del gobierno. Por eso uribistas pura sangre como Benedetti y el asesor presidencial Jose Obdulio Gaviria creen que los uribistas serán una bancada sólida política e ideológicamente sólo hasta después de que todos los que están allí por los votos deserten y queden los verdaderos seguidores del proyecto liderado por Uribe en estos cuatro años.

A pesar de esta división y el juego político tradicional basado en alianzas por interés, el uribismo es uno de los fenómenos políticos más importante de este cuatrienio. Logró consolidarse como fuerza legislativa y electoral. En número, los uribistas son el movimiento político mas fuerte de estas elecciones. Todo gracias a la habilidad política de Uribe. Al inscribirse con firmas, sin el apoyo formal de uno de sus partidos, el se declaró por fuera (¿o por encima?) de cualquier grupo político. Ejerce el liderazgo de éstos, pero no es afectado por escándalos a su interior como los nexos entre los parlamentarios y los paramilitares. Por estrategias como ésta él es, como lo escribió Semana recién fue elegido, el “movimiento de opinión espontáneo más grande de la historia reciente”. Y lo seguirá siendo por un buen tiempo mas, a pesar de las peleas de sus fieles, o infieles, seguidores.



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