Quién es quién

Alto Riesgo

En Santa Marta, no es claro qué va a pasar el día de elecciones. Diazgranados y Dávila están cabeza a cabeza. Fotos: Juan Carlos Sierra - Semana

Santa Marta
Una competencia cabeza a cabeza

Chelo Dávila y Juan Pablo DiazGranados son los candidatos más opcionados para llegar a la alcaldía de Santa Marta y sobre los dos hay prevención por parte de los samarios.

La lista de los últimos alcaldes de Santa Marta es más bien una seguidilla de procesos judiciales. Solo uno, desde que comenzó la elección popular en 1980, se ha salvado de la cárcel. Los delitos son un recorrido por el código penal, desde los actos de corrupción hasta la vinculación con los paramilitares. Por eso en la elección del próximo domingo 28 de octubre, los samarios se están jugando su futuro. “El puerto está en crisis, no hay planeación, la ciudad no ha crecido y más bien podríamos decir que va para atrás, y  todo es culpa de los malos alcaldes”, asegura una samaria que conoce a fondo el manejo del municipio.

Los candidatos con más opciones son dos: José Domingo Dávila Armenta, quien ya fue gobernador de Magdalena y está avalado por el partido Convergencia Ciudadana, y Juan Pablo Diazgranados Pinedo, que cuenta con el respaldo del partido Liberal.

En el Chelo Dávila muchos samarios ven representada la política tradicional, pues ya fue gobernador del Magdalena y representante a la Cámara. Además, comenzó su carrera política como candidato a la alcaldía de Santa Marta en 1990, una aspiración que no logró. A Diazgranados le critican su aparente falta de experiencia en la administración pública y su ascenso basado en los padrinazgos políticos.

La campaña se desarrolla con mucha intensidad y desde afuera se prevé un cabeza a cabeza el día crucial de las elecciones. “Yo creo que esta campaña la va a ganar el candidato que más pueda convencer a Santa Marta de que su propuesta es realizable”, aseguró a Votebien.com Dávila, mientras que Diazgranados aseguró que ha sido una campaña sin agravios y llena de propuestas para la ciudad.

Ambos candidatos coinciden en que el debate ha sido democrático y que no hay elementos perturbadores de orden público. Sin problema, los dos han recorrido la ciudad con sus corregimientos y veredas y aunque en algunas de esas zonas no se espera una votación representativa, intentaron hacer acto de presencia.

Más allá de sus propuestas, a los ciudadanos de Santa Marta les preocupan otras cosas de sus candidatos. El nombre del Chelo Dávila, se ha relacionado con el tema de la parapolítica. Cuando fue gobernador, en 2001, los grupos paramilitares lograron su mayor expansión por el departamento y hoy está recibiendo el respaldo de Trino Luna, Alfonso Campo Escobar y Luis Eduardo Vives, todos presos por el tema de la parapolítica.

“Ese es un decir que no tiene sustento probatorio. ¿En qué me pueden apoyar?”, dice el candidato.

Igual negó la acusación del cabecilla paramilitar Hernán Giraldo, quien aseguró que se habían reunido para planear estrategias electorales. “Nunca hubo tal reunión”; se defiende.

Sumado a esto, el Chelo es liberal y siempre había representando este partido; sin embargo, en esta ocasión fue avalado por el partido Convergencia Ciudadana, un nombre que por estos días de la parapolítica despierta muchas suspicacias. Sin embargo, el candidato defiende su aval como una acción a la que lo obligó la reforma política. “Para mi es un fracaso porque hoy los partidos no tienen ningún tipo de ideología alrededor de uno y de otro. Hoy muchos estamos en un partido por conveniencia política. Yo recibí el aval de Convergencia porque en mi partido consideré que no tenía las garantías de participación”.
 
Explicó Dávila que el partido Liberal no respetó la decisión de los directorios locales y nombró un candidato desde Bogotá. Adicional a esto aseguró que ni siquiera conoce a Luis Alberto Gil, presidente de Convergencia Ciudadana y que no hay “comunicación ni ideológica ni política con la dirigencia de ese partido”.

Con cifras en la mano, Dávila defiende su elección como gobernador en 2001. “Hicimos un debate amplio e incluso el contendor dijo que no tuvo presiones”. Su explicación es clara: la conformación de coaliciones. Según explicó en 1997, la mayoría de dirigentes políticos, incluido él, respaldaron el nombre de Juan Carlos Vives. Sólo estuvo por fuera un representante que apoyó al candidato contrario. La votación fue de 131 mil votos contra 81 mil del padre Ordóñez. Y tres años después, Dávila fue respaldado por todo el grupo de dirigente, excepto Vives, quien apoyó al padre Ordóñez. La votación fue de 171 mil contra 84 mil votos.

“No fuimos beneficiados ni perjudicados. Igual lo ha dicho públicamente el padre Ordóñez”, dijo Dávila. En eso no coinciden muchos de los estudios de organizaciones no gubernamentales que encontraron cómo los paramilitares comenzaron a organizar sus distritos electorales en el Magdalena, en las elecciones del 2001. Ese año se comenzaron a presentar las candidaturas únicas y muchas poblaciones fueron forzadas a votar por algunos candidatos.

Bajo la gobernación de Dávila, los paras se tomaron el departamento. “Se comenzaron a producir sucesos, fuerzas políticas extrañas y nuestro comportamiento como gobernador fue convocar a la fuerza pública a través de los consejos de seguridad, exigir la injerencia de la fuerza publica en todo el departamento y esperar los resultados de las fuerzas de seguridad”, defiende.

Pero si por la campaña de Dávila llueven las acusaciones, igual ocurre en la de Díazgranados. En la ciudad se rumora que parte de la financiación de su campaña proviene de Pilar Espinosa, la viuda de Jorge Gnecco quien fue asesinado en 2001 por Jorge 40 después de varios desacuerdos en negocios que supuestamente tenían juntos, una negra historia que poco quieren recordar los samarios. 

Diazgranados negó cualquier relación con Pilar Espinosa y aunque reconoció que la conocía dijo que nunca tuvieron relaciones comerciales ni mucho menos políticas. “Esos rumores vienen de ataques personales, la conozco como todo el mundo, pero no tenemos ningún tipo de relación”.

Igual aseguró que no tiene respaldo de ningún político vinculado con el proceso de la parapolítica aunque admitió que en la lista de respaldos hay dos personas a quienes nombró Hernán Giraldo en sus declaraciones ante los jueces de justicia y paz. “Se trata de la disciplina de partido, ambos están inscritos por el partido Liberal y no puedo rechazar su acompañamiento”.

En ambas campañas, hay adherentes de todos los partidos. Las paredes de las dos campañas son una colcha de retazos de candidatos a los concejos de todos los partidos. Ya no hay disciplina de partido en el Magdalena. 
 
Los dos defienden las acusaciones por sus supuestas malas amistades. “En Santa Marta todos se conocen con todos, por generación, por ser políticos, nadie puede decir que no está vinculado con la amistad de alguna personas que desafortunadamente caiga en desgracia”, coincidieron.

El tercer candidato con mayor opción es Edgar Santos quien está avalado por el partido Opción Verde. Se le ha cuestionado su cercanía con la gata porque está casado con una de sus hijas.

Lo cierto es que la tarea de convencer al electorado de Santa Marta no es tarea fácil. Los candidatos están tras los votos del estrato tres que es el que más vota tradicionalmente para alcalde. Pero es hoy también el más decepcionado con las decisiones políticas de sus mandatarios. Una decisión de la que depende su futuro.
VOTEBIEN 26-10-2007