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Preguntas desde el próximo lunes

Por: Gustavo Duncan

Los resultados de las elecciones del próximo domingo mostrarán cómo quedará el mapa político del país. Será posible precisar hasta qué punto fuerzas políticas de reciente aparición se expandirán o se contraerán, hasta qué punto antiguos miembros de partidos tradicionales se mantienen vigentes en estos nuevos movimientos o en coaliciones más estructuradas como el Partido de la U y Cambio Radical y hasta dónde son capaces de conservar su poder los dos partidos tradicionales.

Esto será posible de apreciar porque los resultados de las votaciones, indistintamente si son logrados de manera limpia o llena de irregularidades, revelarán a secas la representación política de cada una de las fuerzas en disputa. Lo que no podrá observarse será la reconfiguración de las fuerzas sociales que soportan las fuerzas políticas.

La magnitud de las economías ilegales, los ejércitos privados, las redes clientelistas y la guerrilla en Colombia, necesariamente exige que se preocupen por mantener un alto grado de injerencia sobre los resultados electorales de elecciones a los gobiernos y legislativos locales. Pero lo que no podremos saber en el corto plazo es la forma cómo estas fuerzas sociales se articularán en el sistema político para la imposición de sus intereses.

Considero de importancia al menos tres preguntas que van a rondar el panorama nacional a partir del próximo lunes:

1. Desde hace varios elecciones no se había visto a las Farc tan activa en su práctica de terror contra los candidatos a alcaldías, concejos y demás. ¿Es su violencia electoral una señal de que rechazan cualquier tipo de institución estatal o, más grave aún, es una señal que están interesados en retomar el control de las veredas y municipios de donde fueron expulsados luego del Plan Patriota? Entonces, ¿la eliminación de candidatos distantes a sus interese hace parte de su proyecto de recuperación territorial? Está en juego de fondo la capacidad de las Farc para reorganizarse como ejército capaz de ser el gobierno de facto de las comunidades marginales donde perdieron su hegemonía. Y no es a través de grandes combates, donde ya están lejos de contar con la ventaja militar, sino del despliegue de un número reducido de combatientes cumpliendo funciones policivas.

2. El proceso de desmovilización de las autodefensas acabó con el control absoluto de los grandes ejércitos. En su momento era imposible hacer campaña sin la aprobación de los paramilitares. El surgimiento de las bandas emergentes significa la continuación del paramilitarismo, pero en la práctica estas organizaciones no están listas para ejercer hegemonía como sus predecesores. De todas maneras el control de los cargos públicos va a ser definitivo par las posibilidades de supervivencia y expansión de las bandas emergentes.

La gran pregunta es si ¿el legado de ejércitos privados se construirá a partir de la dominación de los cargos públicos elegidos el próximo domingo o si, por el contrario, será el resultado de una alianza entre narcotraficantes, políticos elegidos y los líderes de los nuevos ejércitos que se estructurará el nuevo paramilitarismo en Colombia?

3. Los grandes recursos que se han gastado en las campañas a las elecciones son una señal de la importancia de dos tipos de intereses económicos en juego: la corrupción con el presupuesto público y el lavado de los excedentes del narcotráfico. ¿Por qué el control político es tan importante para los narcotraficantes? ¿Será que mas allá de garantizar la inmunidad de sus negocios, necesitan de todo un proceso de consolidación social dentro de canales de representación políticos? Amanecerá el lunes, pero tardaremos varios años en poder ver.

* Publicada inicialmente en el diario El País.

10/27/2007 VOTEBIEN.COM