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En Cocorná, como en todo el oriente colombiano, no es fácil saber cómo van a gobernar los nuevos alcaldes.

Gobernabilidad
En Oriente antioqueño esperan que las Farc dejen gobernar

Movimientos ciudadanos y partidos políticos tradicionales alcanzaron cargos por igual. Los electos sueñan hoy con gobernar sin presiones armadas ilegales.

Las elecciones regionales y locales del pasado 28 de octubre no fueron tranquilas para el Oriente antioqueño. Tres candidatos a Concejo muertos y la proliferación de amenazas que llevaron a renuncias masivas de aspirantes a cargos de elección popular marcaron allí el proceso electoral.

No obstante, quienes continuaron en la contienda electoral y resultaron elegidos esperan que sus ejecuciones a partir del 1 de enero del 2008, bien sea desde alcaldías o concejos, no se vean entorpecidas por la insurgencia o por cualquier otro actor armado ilegal.

Las comunidades de los 23 municipios de esta subregión de Antioquia expresan inquietudes similares: quieren tener una participación más directa en la administración de sus pueblos, pero temen que las guerrillas de las Farc impidan que los nuevos alcaldes y concejales ejerzan libremente sus cargos.

Fernando Valencia, coordinador del Observatorio de Paz y Reconciliación del Oriente antioqueño, comparte la preocupación de unos y de otros: “en términos de gobernabilidad, me preocupa mucho la tensión generada con las  intimidaciones de la guerrilla. Son preocupantes sus amenazas, declarando objetivo militar a los candidatos que persistieran en su postulación y señalando a las campañas de favorecer el paramilitarismo, porque la conclusión ligera que podría sacar la guerrilla es que los alcaldes electos son paramilitares, y empezaría a convertirlos en objeto de sus ataques”.

A juicio de Valencia, tal situación se convierte en un juego bastante complicado que afecta no sólo la seguridad de los alcaldes y los concejales, sino que también perjudica a las comunidades: “si la situación de seguridad para los nuevos funcionarios se agrava se tendrán que  trasladar a otros municipios o a Medellín, como ya ha ocurrido en el pasado,  y administrando en medio de escoltas y carros blindados, lo que, en últimas, acaba marginando a las comunidades de los espacios de participación y de decisión”.

El énfasis en las comunidades es importante en esta ocasión porque en los programas de gobierno de los alcaldes electos se consignaron diversas iniciativas de participación ciudadana y algunos de ellos se construyeron de manera participativa con líderes sociales de las zonas urbanas y rurales, lo que muestra un vínculo más estrecho entre el electorado y sus elegidos, que correría el riesgo de alterarse si los grupos armados ilegales no dejan gobernar.

Francisco Ramírez, alcalde electo del municipio de Marinilla por el movimiento Siempre Unidos por Marinilla, está convencido de que la participación ciudadana en su localidad, así como en otras cercanas, como Santuario y Rionegro, ha sido significativa y está creciendo, “lo que es importante porque a mayor participación de la gente, menor es el espacio que se le deja a los grupos armados ilegales”.

El problema es que la guerrilla en esta subregión del departamento, de acuerdo con los análisis del Observatorio de Paz y Reconciliación del Oriente, está menos replegada que como estaba hace uno o dos años y es más evidente la presencia de los insurgentes en sus lugares habituales. “Eso podría dar cuenta de que en algún momento ellos tendrían la capacidad para intentar retomar el control de territorios y vuelve y se dispara el conflicto, porque en esencia aún no se han atacado de fondo ni sus dinámicas ni sus causas”, estima Valencia.

La zona más vulnerable en ese sentido es la del llamado lejano Oriente, donde se destacan los municipios de Argelia y Nariño, un territorio donde históricamente ha hecho presencia el Frente 47 de las Farc.

El politólogo Alexander Reina, coordinador del Observatorio Electoral Local (OEL), sostiene que la gobernabilidad en el Oriente antioqueño depende mucho de las valoraciones que tengan la población sobre su percepción de seguridad y confianza para ejercer sus cargos y qué valoración tenga las Farc sobre los hechos que desencadenó en la últimos quince días de elecciones, en el marco de su estrategia de guerra.

“Hay que decir que ya es común que las Farc desencadenen acciones de desestabilización de las elecciones que no van más allá de impedir el desarrollo normal de las justas electorales, que tienen como valor estratégico el boom mediático en donde aparecen como una guerrilla fuerte y capaz de propinarle golpes certeros al imaginario de seguridad y a la propia política de seguridad democrática del actual presidente”, explica Reina.

Si embargo, este politólogo se pregunta si para las Farc es una estrategia de guerra impedir el desarrollo de los gobiernos locales, presionarlos o sacar provecho de su gestión a través de la apropiación de recursos públicos o de direccionar su gestión. “Creo que las Farc ha valorado más esta última que la primera”,asevera.

Lo que viene después del 1 de enero es un proceso de reacomodamiento político y administrativo que deberá convertir en realidad las promesas hechas durante la campaña electoral y de parte de la comunidad se espera una participación más activa en los gobiernos locales. Unos y otros requieren la más completa transparencia en sus actividades y estar libres de presiones por parte de los grupos armados ilegales, en particular de las Farc. De la actitud que asuman depende el fortalecimiento o el debilitamiento de la democracia.
VOTEBIEN 15/10/2007