Quién es quién

Alto Riesgo

Los panfletos y volantes con que aparece empapelada Cali, perjudican a los tres candidatos a la Alcaldía que lideran las encuestas.

Campaña en Cali
Guerra sucia

La aparición de afiches descalificando a los candidatos por la alcaldía de Cali sube el tono de la contienda electoral en esta capital. La policía busca desenmascarar a los saboteadores anónimos.

“Kiko donde está tu tío” y “Jorge Iván amigo de Apolinar” son las frases anónimas que pretenden sabotear la incipiente campaña por la alcaldía de Cali. Estas expresiones y otras de mayor calibre, aparecen con frecuencia en afiches y pasacalles con los que, en las madrugadas, se empapela la ciudad. Y como en el cuento, nadie vio ni oyó nada. Pero son el comentario obligado en una capital que intenta bajarle a la polarización política en que está sumida, luego de la destitución del alcalde Apolinar Salcedo.

La campaña de desprestigio no es nueva en Cali. Hace cuatro años comenzó esta práctica que busca enlodar a los candidatos, confundir a la opinión pública y desfigurar la gestión de los gobernantes de turno. En esa ocasión desde una avioneta lanzaron miles de volantes sobre el distrito de Aguablanca, un sector popular de la ciudad donde vive más de un millón de caleños. Los avisos decían: “No vote por un negro ni por un pobre, vote por Kiko Lloreda”. Este hombre, que por tercera vez aspira llegar a la alcaldía, fue el blanco principal de la maniobra de desprestigio.

La guerra de pasquines alcanzó su mayor expresión durante el gobierno del sancionado alcalde Apolinar Salcedo. En 2005, cuando se hicieron públicas las investigaciones por parte de las autoridades, la ciudad fue inundada con un centenar de pasacalles que decían: “No queremos más alcalde negro para Cali”. Como nunca se pudo determinar quiénes estaban detrás de los avisos, la gente quedó con la duda sobre los autores. Unos se inclinan a pensar que eran los contradictores políticos de Salcedo que querían insultarlo y otros más creen que se trató de sus partidarios, buscando la solidaridad de la gente que siempre escuchó a su alcalde decir que era perseguido por la élite caleña que no lo aceptaba por ser pobre, negro y ciego.

Finalmente Salcedo salió por la puerta de atrás del gobierno caleño en mayo pasado, cuando fue destituido e inhabilitado por la Procuraduría para ocupar cargos públicos durante 14 años, lo que significó su muerte política. Sin embargo, la práctica de insultar y calumniar a través de anuncios a los candidatos y políticos de la región no se ha detenido. De esta situación no se salva ni siquiera Angelino Garzón, actual gobernador del Valle, a quien durante toda su administración le han publicado carteles donde lo señalan como “enemigo del pueblo y Uribista”.

Esta vez las víctimas de los molestos anónimos son Jorge Iván Ospina, Francisco Lloreda y Bruno Díaz, quienes aspiran a la alcaldía de Cali. Algunos de los carteles, como se ve en las fotografías, relacionan a los candidatos con otros partidos o sus mismos opositores, pero por la ciudad han circulado otros con carácter ofensivo o incluso injurioso. Los tres coinciden en que ésta es una forma vil de enfrentar el debate de las ideas y se ven preocupados por el daño que les pueda causar. Incluso se mostraron de acuerdo en que sobre el asunto deben tomar cartas las autoridades.

“Rechazo esa forma de expresión injuriosa, no es mi estilo. El debate político debe incluir un trabajo pedagógico para la comunidad y es la mejor oportunidad para empezar a cambiar la cultura ciudadana”, dice Ospina, quien además agrega que las encuestas manipuladas son otra forma de agresión que se usa en medio de la campaña electoral.

Por su lado, Lloreda afirma que “infortunadamente quienes carecen de argumentos para adelantar la política han acudido a la injuria y la calumnia a través de volantes, carteles y pasacalles buscando confundir y fracturar a la ciudad. Esta es la expresión cobarde de quienes desde el anonimato insisten en robarse a Cali y lastimarla”.

En las toldas de Bruno Díaz dicen que al que más palo le han dado en la actual campaña es a él. “Me tocó sacar la partida de bautismo para demostrar que soy caleño. Luego me acusaron de que no conozco la ciudad ni sus problemas y ahora que las encuestas empiezan a favorecerme, y las publica un diario nacional, dicen que son chimbas”.

Esta semana su campaña estuvo en el centro de la polémica cuando se conocieron unos afiches con frases como: ´Bruno Sí Kiko No` y otros que dicen ´Lloreda es un ladrón`. Díaz hizo público un comunicado donde desautoriza esa publicidad. “Acá el debate es de baja estofa, se busca descalificar a las personas y no se debaten los programas”, piensa el candidato y explica sobre el suceso, “es posible que desde otras campañas me quieran hacer el ´favorcito`, o de pronto que tenga alguna barra brava, eso lo estoy mirando en detalle. Mi campaña será respetuosa, estaré abierto al debate público y por ningún motivo voy a ensuciar la ciudad”.

Ninguno de los candidatos se ha escapado de las agresiones que ya llegan al tono personal e incluyen asuntos que todos han salido a explicar, pero sin negar la incomodidad que ello les significa.

A Jorge Iván Ospina lo atacan por dos razones. La primera es tratar de vincular su nombre con el de Apolinar Salcedo, el alcalde recién destituido. Algo que por obvias razones le causa gran desprestigio entre los caleños, pues Salcedo llegó a tener un 80 por ciento de impopularidad. Los problemas con sus apoyos políticos y económicos son incalculables.

Generalmente en los carteles dicen que Ospina es amigo de ´Polo`, como se conoce en Cali al ex alcalde, pero jugando a un doble sentido pues el papá del candidato fue comandante del M-19, lo que usan para alinderarlo con la izquierda. Al respecto Ospina dijo en una entrevista a un medio local: “uno no puede huir de las realidades. Soy hijo de Iván Marino Ospina Marín y de Fanny Gómez. Mi padre fue un comandante del M-19 que murió en el fragor de la lucha el 28 de octubre de 1985. Él aporta un 25 por ciento de lo que soy. El otro 25 por ciento lo aporta mi mamá, una vendedora de ropa usada en Siloé. El resto es lo que he forjado en mi vida académica y profesional. Yo soy lo que he vivido y en ese sentido no me avergüenzo. Yo no huyo a mi historia”.

A Francisco Lloreda le echan en cara los líos jurídicos de su tío Álvaro José, quien fue condenado en primera instancia a pagar nueve años y medio de cárcel por los delitos de estafa agravada y peculado, sentencia que fue apelada. En el momento en que se conoció el primer fallo, el candidato respaldó públicamente a la justicia colombiana y dijo que “es importante que exista claridad sobre los asuntos plenos y ajenos, ellos deben responder con creces si en fallo de segunda instancia la condena es ratificada”. También aclaró que no tiene ninguna relación con sus familiares condenados y mucho menos con su empresa.

El General Jesús Antonio Gómez Méndez, comandante de la policía Metropolitana de Cali tiene otra lectura de lo que sucede. “Se aprecia es un estilo de hacer política que atenta contra la democracia y que refuerza la imagen de una ciudad agresiva. Estos mensajes anónimos son una muestra más de la intolerancia”, dice Gómez Méndez, quien además pide a los afectados que denuncien para iniciar las investigaciones del caso. “Tenemos que ubicar a los que se prestan para imprimir este tipo de publicidad, ellos saben quién paga por ella”, concluye el alto oficial.

Sea como sea, este tipo de prácticas no hace más que desviar la atención del electorado sobre los temas urgentes que los candidatos deberían estar proponiendo ante la ciudad y sobre los cuales debe girar toda la campaña electoral.