
Un grupo de pueblos en el Cesar conocidos como el G-8 de Jorge 40, por el poder que tuvo en ellos el jefe para, esperan con temor las elecciones
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Nuevas apuestas
El grupo de municipios del centro del Cesar marcados por la influencia paramilitar, espera con zozobra por una nueva oportunidad para la democracia
En los últimos años el dominio político paramilitar afectó la elección de alcaldes y concejales en los municipios de Codazzi, Becerril, La Jagua de Ibirico, Astrea, Bosconia, El Copey, Chiriguaná y El Paso. Un grupo de municipios que coloquialmente se fueron conociendo como el G-8. En estas localidades los paras tenían la soberanía para restringir o permitir el proselitismo a los candidatos, muchos de los cuales tuvieron que abandonar sus proyectos políticos sin explicaciones públicas. Varios de los que lograron salir electos simplemente cedieron a las presiones o tuvieron que gobernar en constante tensión con este yugo.
En la zona imperaba un control que cobró una alta cuota de amenazados, muertos y desterrados. Su máximo jefe era Rodrigo Tovar alias ‘Jorge 40’ jefe paramilitar del Bloque Norte hoy desmovilizado, que ejercía su poder a través de su lugar teniente alías ‘Tolemaida’. Uno de los paramilitares que no participó de las negociaciones con el gobierno, y que continuó con sus andanzas.
Votebien recorrió el área del otrora G-8 para ver que está pasando en estas elecciones y encontró que pese a que la gente coincide en que el control armado que se tenía antes cesó, el temor de participar con libertad continúa agazapado. A tres meses de las elecciones hay lugares en los que aún no se concretan campañas fuertes para quedarse con el primer cargo del municipio.
Los recuerdos en muchos de sus habitantes son difíciles de olvidar. “Mire, a mi no me gusta hablar de todo lo que pasó aquí porque eso le causó mucho dolor al pueblo”, dijo a Votebien una habitante de La Jagua de Ibirico. Las personas de este municipio dicen que las cosas se han calmado con el desarme de los paras.
Pero hechos como el ocurrido la semana sacan los recuerdos fácilmente a flor de piel, y los hacen dudar de que esta tranquilidad sea duradera. Hombres desconocidos en varias motos y camionetas, se estacionaron en los alrededores de la casa de Alfonso Palacio Niño que por segunda vez es candidato a la alcaldía por el Partido Liberal. La inminente presencia de la Policía y el Ejército los dispersó. Las hipótesis de la gente en el pueblo apuntan a que fueron enviados de los paras con la misión de ‘eliminar’ al candidato que ha denunciado reiteradas amenazas. Ante la Corte, la Fiscalía, la Dirigencia de su Partido y en medios comunicación Palacio Niño ha dicho que el jefe paramilitar Tolemaida, es quién está tras de él . “Sigo siendo objetivo militar de esos bandidos”, dijo a Votebien al tiempo que mostraba un chaleco antibalas que viste desde el año pasado. Y aunque no es claro que este jefe para aún siga con vida, si lo es que hay reductos que bajo el mote de Águilas Negras ya han incursionado en la región.
La situación no es muy diferente a El Copey, donde se percibe una calma que se disipa al preguntar por el proceso político. Los lugareños insisten en que este fue el municipio más golpeado por el capítulo de terror escrito por Jorge 40 y sus comandantes que administraban la actividad política en el centro del Departamento.
Aseguran que, como si se tratara de un juego de azar, los jefes paras apostaban por los candidatos a la alcaldía y ‘se jugaban sucio’ para ganar la apuesta. Quienes se atreven a mencionar estos episodios generan tensión entre sus contertulios que de temor incluso se retiran para no comprometerse sólo con escucha lo que paso hace unos años. “Es mejor dejar esas cosas enterradas y seguir viviendo; ahora todo ha cambiado”, dicen. Uno de ellos relató cómo al final del día de las elecciones del 2003 para elegir alcaldes, un grupo de encapuchados asaltó el vehículo que transportaba los votos del corregimiento Chimila a la cabecera municipal y quemó varios paquetes de sufragios en plena carretera.
El precedente de una autoridad armada implacable lo habrían sentado dos años antes con el asesinato de Luis Laborde Restrepo, en su momento aspirante a la Cámara de Representantes que había expresado sus planes de postularse en los años anteriores a la alcaldía, pero sin someterse a las reglas establecidas por las Auc. La muerte de este político en el 2001 marcó el derrotero del proceso electoral para los años siguientes. A los lugareños les quedó claro quién tenía el control.
Pese a esto algunos comparando las situaciones vividas dicen con la simpatía que caracteriza a los vallenatos que ‘el proceso político avanza con normalidad’. En lo político, al igual que en el pasado, son sólo dos los aspirantes a la alcaldía. Pablo Ordóñez del Partido Conservador que tiene más simpatía de la actual Administración y Wilfrido Ruiz de Alas Equipo Colombia, que tiene gran ascendencia en los sectores populares.
En el centro del Cesar está el cinturón minero del departamento. Ahí tienen sede las empresas explotadoras de carbón, lo que genera que a las arcas de las alcaldías ingresen a manos llenas millonarios dividendos de regalías. Esta habría sido uno de los más grandes atractivos para los paramilitares que habrían sometido a algunos alcaldes. Era tal el control, que la gente aún tiene presente la denuncia que hizo un concejal de La Jagua de Ibirico que hace algunos años dijo que los paras los presionaban para votar a favor o en contra de los proyectos de la Administración.
Por su parte, Bosconia guarda en su historia capítulos de hurto y sacrificio de ganado y cobro de jugosas vacunas. “Aquí se habló hace años de que iban a hacer un matadero público grande y que lo iban a administrar los paramilitares, pero eso nunca se hizo”, dijo un vendedor de agua, sentado a la orilla de la carretera Troncal de Oriente. “Lo bueno ahora es que se acabaron las cuotas que uno tenía que pagar obligatoriamente; ahora nos dejan trabajar tranquilos”, indicó.
Le siguen Becerril y Codazzi. Poblaciones unidas no solo por límite territorial, sino por el recordado asesinato en el 2003 de la jueza Amarilis Hinojosa, tras un supuesto complot paramilitar para quedarse con unas tierras con yacimientos carboníferos y para sacarla de la escena política pues había comentado sus aspiraciones por la alcaldía. En el caso por su crimen fueron vinculados los alcaldes de esos dos municipios Jhonny Amaya y Tomás Ovalle López, ambos privados de la libertad por otros delitos.
En la memoria de los habitantes de Becerril aún permanece fresco el recuerdo de esa tarde cuando llegó la noticia del homicidio de la funcionaria. “Nos cayó como un baldado de agua fría. Aunque han pasado tres años todavía la tenemos muy presente” dice un grupo de becerrileros que aceptó hablar del tema. Los testimonios dan cuenta de asesinatos de muchas líderes de estos dos pueblos, que tenían la capacidad de mover masas y llenar reuniones políticas. Pero la impunidad en que quedaron sus muertes se ha convertido en aliada del miedo con el que aún viven. Un temor que se pasó luego al vecino Chimichagua al que algunos llaman el municipio 9 del G-8.
Por ahora las candidaturas que hay en estos municipios, no se ven con la suficiente fuerza para asegurar que vencerán en los comicios de octubre. “Tenemos todavía tres meses para decidirnos por quién votar” dijo una ama de casa de Chiriguaná, donde hasta el momento son solo dos los candidatos en la baraja que presentarán a los electores: Ramón Díaz de Alas Equipo Colombia y Carlos Oyaga del Partido Liberal. En Becerril hacen proselitismo Raúl Machado de Cambio Radical, Yancy Bueno, independiente, y Olver López del Partido Liberal, aunque de este último se dice que tendría que salir del ‘juego’ por cuestiones jurídicas.
Pese a que no son muchos, si tienen una característica que en lo político marca una diferencia grande con lo que ha sido esta región: ninguno de ellos está con Alas Equipo Colombia, el partido que logró en los últimos años gran representación en la región. Llegó a tener 23 alcaldías de 24 municipios que tiene el departamento. Ahora ha visto menguar su fuerza política a punta del escándalo de la parapolítica.
En El Paso están haciendo trabajo político Luis Restrepo del Partido Liberal, Carlos Pumarejo y Gunder Escobar de Alas Equipo Colombia En Codazzi Efraín Quintero del Partido de la U suena con fuerza. La Jagua de Ibirico, con cuatro alcaldes en un solo periodo, tiene en la baraja a tres candidatos. Hernando Fidel Guerra, de Alas, Alfonso Palacio Niño, liberal y Juan Hernández, que ha sido alcalde en dos oportunidades.
Pese a lo despejado que aparentemente luce el panorama, la gente e incluso los mismos políticos tienen cierto recelo de la actual tranquilidad. Quizás por la presencia armada que se aproxima desde el sur del Cesar. Muchos de estos municipios tienen alcaldes elegidos en procesos atípicos, generados por líos con la justicia de los alcaldes titulares que terminaron retirados de sus cargos. Y en estas elecciones es como si fuera borrón y cuenta nueva.
Aún quedan tres meses. Los electores de estos municipios tienen esperanzas de que nada de lo que antes sucedía vuelva a ocurrir, y que el 28 de octubre puedan llegar a las urnas con libertad a las urnas, para darle una nueva oportunidad a la democracia en la tierra que por años la llamaron el G-8 de Jorge 40.