Quién es quién

Alto Riesgo

Los municipios caldenses tienen una historia de poderes e influencias. Manzanares, Pensilvania, y La Dorada son algunos de los municipios marcados.

Caldas y Risaralda
El eje de los Barones

Partidos políticos buscan abrirse paso en dos departamentos influenciados por caciques electorales y capos de la mafia.

Café y turismo no son las únicas riquezas que esconde el Eje Cafetero, una de las regiones más prósperas del país y considerada el centro del Triángulo de Oro del territorio nacional.

Su estratégica posición geográfica le sirvió no sólo para enfilarse como polo generador de desarrollo sino además, la puso en el ojo de los intereses de la mafia y los grupos armados ilegales financiados por el narcotráfico. La razón es sencilla, Caldas y Risaralda son corredores naturales para el tráfico de droga. Tienen acceso hacia el Océano Pacífico, pasando por el Chocó y además comparten frontera con departamentos como Antioquia, Boyacá, Tolima, Chocó y Valle, en zonas de reconocida influencia mafiosa y subversiva; sumado a ello, cuentan con zonas boscosas que sirven para mimetizar toda actividad ilegal.

Eso explica el porqué ambos departamentos se convirtieron desde hace varios años en el escenario de operación para organizaciones mafiosas lideradas por capos como Ramón Isaza, comandante de las Autodefensas Unidas del Magdalena Medio y Carlos Mario Jiménez Naranjo, alias ´Macaco´, a cargo del Bloque Central Bolívar, BCB. Ambos se encuentran desmovilizados y hacen parte del proceso de paz que se adelanta actualmente con el Gobierno Nacional.

Aunque actualmente no existen presiones directas por parte de grupos armados ilegales, el temor es generalizado debido a la presencia subversiva, los reductos de paramilitares que estuvieron al servicio de Ramón Isaza o ´Macaco´ y la persistencia de cultivos ilícitos, pese a la erradicación. Líderes cívicos de ambos departamentos coinciden al manifestar su temor por la presunta llegada de las temidas ‘Águilas Negras’; “sabemos que a esta zona arribaron hombres armados y con la intención de reclutar a nuestros jóvenes”, confiesa uno de los dirigentes políticos del mítico barrio Las Ferias en La Dorada, Caldas.

En medio de ese dominio territorial donde hasta hace poco imperó el régimen del terror, los cerca de dos millones de habitantes de la zona enfrentarán la próxima contienda electoral. Será un ejercicio democrático que en el pasado estuvo influenciado por intereses oscuros y que aún hoy muestra señales de vulnerabilidad como la autocensura proselitista y el trasteo de votos.

Votebien recorrió siete localidades de Caldas (La Dorada, Norcasia, Victoria, Samaná, Pensilvania, Manzanares y Manizales) y dos de Risaralda (Pereira y dosquebradas), donde encontró que pese a los esfuerzos de las autoridades, la influencia ejercida por ´señores´ del narcotráfico, el paramilitarismo y la guerrilla, continúan vigentes.

Testimonios recogidos por Votebien dan cuenta que esas fuerzas oscuras sirvieron para amasar caudales electorales y mantener intacta la influencia de maquinarias políticas. A la fecha no existen elementos concretos que permitan establecer esa alianza, salvo episodios de orden público ligados a narcos y paramilitares, iguales a los ocurridos en los últimos quince años en el oriente y norte de Caldas, que dejaron una estela de terror y muerte y donde varias de las víctimas fueron políticos.

Sin embargo, en un análisis del Observatorio de la Vicepresidencia de la República, cuyos resultados se divulgaron recientemente, el asesinato de políticos en los últimos quince años en esa zona, ilustra la influencia de estructuras criminales al servicio del narcos como la banda ´Los Cocholos´, asentados en Aguadas, y paramilitares del Bloque Cacique Pipintá, estrechamente relacionado con Ernesto Báez. Según el mismo estudio, entre 1990 y 2005, se registraron 19 muertes violentas de personas con algún tipo de influencia política en el norte de ese departamento.

Barones políticos

Los tentáculos de los barones de la mafia no son la única amenaza que enfrentará la región durante el ejercicio democrático de octubre próximo. Tanto Caldas como Risaralda cargan con el predominio de caciques electorales que por décadas se repartieron la torta del poder burocrático.

Liberales y conservadores fueron los dueños de las tendencias electorales hasta que aparecieron en el escenario nuevas propuestas, especialmente aquellas lideradas por el uribismo. Sólo esos tres partidos políticos parecen disputarse con serias opciones, el dominio territorial. La disciplina impuesta por los barones electorales y la antigüedad de sus maniobras son tan eficientes que, incluso, en muy pocas localidades (seis) se debió recurrir a la consulta interna del 8 de julio donde se definían candidatos a cargos de elección popular.

A la puja política se suman movimientos como el de Salvación Nacional, liderado por el embajador Luis Emilio Sierra, el movimiento Comunidad Indígena y Cambio Radical.

Como protagonistas de esa trilogía política enquistada en Caldas, aparecen los nombres de Víctor Renán Barco, Omar Yepes y Luis Alfonso Hoyos-Óscar Iván Zuluaga; los dos primeros senadores desde hace décadas, y los dos últimos ex congresistas y hoy miembros del gabinete ministerial del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez. Hoyos labora como Alto Consejero Presidencial y Zuluaga es ministro de Hacienda.

Salvo la influencia uribista, los nombres de Barco y Yepes están ligados desde hace más de 20 años a la historia y el control político de la región. Prueba de ello es la existencia de la famosa coalición Barco–Yepista, en la que además de repartirse electoralmente al Departamento, se alternan el poder tanto de la Gobernación como el de la alcaldía de Manizales.

Una muestra de la existencia de ese engranaje político, es que actualmente el liberalismo Barquista tiene bajo su influencia las alcaldías de diez municipios del departamento (Belalcázar, Risaralda, Chinchiná, Palestina, Pácora, Salamina, Villamaría, Aguadas, Norcasia y Filadelfia), mientras que el conservatismo Yepista cuenta con cinco administraciones locales (Anserma, Aranzazu, Manzanares, Marulanda y San José).

Una de las hegemonías políticas más diezmada en los últimos quince años en la región es justamente la Yepista que pasó de tener el control en un total de 20 alcaldías a sólo cinco. “Es quizás uno de los movimientos más golpeados en el Departamento, especialmente con la llegada de corrientes cívicas”, expresó Dilia Estrada, ex congresista conservadora de Caldas. Al aparente declive político de Yepes, se suma que uno de sus líderes y escuderos en Manizales, Ferney Tapasco, ex diputado, se encuentra envuelto en el escándalo como presunto determinador del asesinato del subdirector del periódico La Patria de Manizales, Orlando Sierra, ocurrido el 30 de enero de 2002. Ferney junto a su hijo Dixon, hoy representante a la Cámara por Caldas, son señalados por un testigo clave como los autores intelectuales del crimen y pese a que desde hace cinco años la clase dirigente de Caldas y varios testigos, entre ellos sicarios, los sindican como los responsables de ese asesinato, sólo reciéntemente la Fiscalía lo llevó formalmente al proceso.

Otro escenario debe enfrentar el movimiento Barquista para octubre próximo, pues desde ya alista baterías para retomar alcaldías importantes como La Dorada, hoy en manos del Movimiento del Pueblo, de tendencia uribista. “Esa tarea ya la iniciamos y estamos seguros de lograrlo porque revitalizamos el partido con pensamientos de gente joven; pero lo más importante es que reconocemos los errores cometidos en el pasado”, enfatizó Jorge Eliécer Laverde Vargas, concejal Barquista de La Dorada, candidato a la asamblea de Caldas y actual presidente del directorio liberal en esa localidad.

Tanto Barco como Yepes tienen la difícil tarea de recuperar electorados en por lo menos una docena de municipios que les fueron arrebatados por corrientes como Salvación Nacional, asentado en Viterbo y Supía, dos imperios de Barco; Cambio Radical, con alcaldes en Marmato y Victoria; el Movimiento Indígena, cuya hegemonía poblacional le permitió conquistar la alcaldía de Riosucio y finalmente el partido de la U, que a través de Actitud Renovadora y Movimiento del Pueblo, conquistaron alcaldías importantes como La Dorada, Samaná y Pensilvania.

Zonas vedadas

Amenazas, zozobra en zonas de alto riesgo son el ingrediente adicional que probablemente afectará el normal desarrollo de la contienda electoral en algunos municipios de Caldas y Risaralda.

En el oriente y norte de Caldas, el temor no sólo se extiende a los líderes cívicos y políticos sino también a las propias autoridades electorales. En Samaná, por ejemplo, las 16.613 personas aptas para votar sólo podrán hacerlo en el casco urbano, pues pese a la presencia del Ejército, no existen condiciones de seguridad para desplazar a los representantes de la Registraduría. “Tenemos problemas de toda clase. Por ejemplo, en la vereda Confines existe la amenaza paramilitar, en la vereda El Consuelo el lío es con los cultivos de coca que existieron en el pasado y en la vereda Encimadas el fenómeno de orden público tiene su origen en el desplazamiento de campesinos”, confesó un dirigente político quien pidió reserva de su nombre.

En localidades como Norcasia, Victoria y Pensilvania, si bien no existen zonas vedadas para desarrollar actividades electorales, algunos candidatos se abstienen de visitar caseríos considerados de alto riesgo. “Algunas veredas y corregimientos como Berlín, Quebrada Roque, San Esteban y Santa María que en el pasado fueron corredor estratégico y zonas destinadas al cultivo de coca, preferimos no visitarlas”, confesó un dirigente liberal de Norcasia, una pequeña población de 7.500 habitantes, ubicada en el extremo nororiental de Caldas.

La tensión baja un poco en municipios como Manzanares, Marulanda y Marquetalia, pese a que en esos pueblos se percibe una fuerte presencia guerrillera, especialmente el frente 47 de las FARC, al mando de Arnulfo Ríos Henao, alias ´Fabio´ o ´Muelas´. En esa zona, paras y guerrilla se disputan el dominio territorial, considerado un complejo para la siembra y producción de coca. Esa guerra se desarrolla en forma escurridiza para las autoridades, debido a las condiciones geográficas de la región que además de brindarle salidas fáciles a los criminales, es de difícil acceso.

El Eje de Macaco

Si en Caldas los problemas contra el libre ejercicio de la democracia no dan tregua, en Risaralda la situación es menos alentadora. Este departamento de trece municipios y habitado por 900.000 personas, no escapa al fenómeno del narcotráfico, el paramilitarismo y la guerrilla.

Sin duda la punta del iceberg la tiene Carlos Mario Jiménez Naranjo, alias ´Macaco´. Este narco puro que logró colarse en el proceso de Paz que se adelanta con el Gobierno Nacional, es uno de los verdugos de la región. Desde su desmovilización y posterior reclusión en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí, su nombre no ha dejado de ser relacionado con oficinas de cobro y el manejo de bandas delincuenciales como La Cordillera, cuya zona de influencia se extiende desde Pereira hacia localidades como La Virginia y Dosquebradas.

El capo dejó entrever que sus tentáculos no sólo se extendían al negocio del narcotráfico, sino a la política, especialmente en Dosquebradas, su ciudad natal. Ese propósito se evidenció cuando se conoció la aspiración que tenía su hermano, Roberto Jiménez Naranjo, quien ejercía como presidente del Concejo de la localidad y posteriormente renunció, argumentando problemas de seguridad. Hoy en Dosquebradas no se habla de Roberto y mucho menos de su candidatura. Localmente ha despertado mucha inquietud las amenazas de muerte que recibió el actual alcalde Uberney Marín, que algunas personas relacionan con el proceso político de la región.

La clase política dirigente de Pereira tampoco escapa a estos cuestionamientos. Uno de los más serios estuvo relacionado con el diputado Mario Marín Hincapié, de quien se asegura tiene una hija relacionada sentimentalmente con el capo. Al parecer, ese hecho le impidió a Marín consolidar su intención de ser el candidato a la Gobernación de Risaralda por el partido Liberal.

Al abanico de cuestionados se suma el nombre de Habib Merheg Marún, uno de los candidatos purgados de las listas uribistas durante las elecciones al Congreso celebradas en 2006 y además, mencionado en el proceso de la parapolítica. Este congresista resultó salpicado en un caso en investigación por la adjudicación irregular de tierras a personas cercanas a él en el Vichada, una región con influencia de ´Macaco´ según fuentes oficiales. En círculos sociales y políticos de Pereira, hubo persistentes versiones de los presuntos nexos del senador con narcotraficantes y organizaciones paramilitares. Él asegura que esto fue resultado de su participación en el proceso de paz.

Una compañía de televisión por cable en la que Merheg fue gestor y de la que luego se desvinculó, estuvo involucrada en un proceso de lavado de activos. Se trata del lío judicial con la casa de cambios Sirius que involucró a varias empresas con las que tenía tratos comerciales.  La situación fue enfrentada por Luis Fernando Baena Mejía, que era su representate legal. Baena estuvo como precandidato a la alcaldía de la capital risaraldense pero declinó pese a ser considerado el más firme sucesor del actúal alcade.

Por ahora Merheg enfila baterías para apoyar la candidatura de su esposa Juliana Enciso, a la asamblea de Risaralda, avalada por el partido Colombia Viva, al cual pertenece el senador; asimismo, respalda la aspiración independiente de Luz Ensueño Bertancourth, quien postuló su nombre para la alcaldía de Dosquebradas.

Todos estos antecedentes dejan la sensación que tanto en Caldas como en Risaralda, los tentáculos del narcotráfico, el paramilitarismo y la guerrilla continúan siendo protagonistas del escenario electoral y, como tal, intereses oscuros parecen dominar las estrategias políticas que prevalecen en varios municipios influenciados por barones de la región.