Quién es quién

Alto Riesgo

La política en Bogotá tiene matices. Aunque los alcaldes son elegidos por voto de opinión, con ediles y concejales el clientelismo es protagonista.

Campañas
La clientela de Bogotá

Más allá del cacareado voto de opinión, en Bogotá persisten las prácticas de la politiquería tradicional. Las elecciones de ediles llevan a todas las localidades la cerveza y la lechona, junto con los votos comprados y los cobros por adhesiones.

No es raro por estos días, escucharle a políticos que las elecciones en Bogotá se han encarecido. No es un comentario aislado. En la mayoría de las localidades el panorama de las elecciones revive los antiguos vicios, saca a la luz los caciques locales y trae a las manifestaciones la típica lechona con cerveza que lleva a muchas personas a las urnas.

El precio del respaldo de los ediles a los concejales varía según la localidad; no es fácil encontrar una donde no exista alguien que tase su apoyo. Y, por supuesto, los unos necesitan de los otros para lograr su aspiración: los ediles requieren del aval del partido del concejal y estos a su vez de la convocatoria de los líderes locales. Por eso, se habla de transacciones económicas donde se pide un dinero por el apoyo y adicionalmente financiación para los actos de campaña.

En palabras del candidato al Concejo por el PDI Antonio Sanguino, “hay ediles que venden su votación y concejales que se acostumbraron a comprarla”. Una campaña para edil puede hacerse con diez millones de pesos, pero en algunas localidades se habla de inversiones que superan el tope impuesto de 20 millones. No es gratis que los llamen el ‘sindicato de los ediles’ que conformaron verdaderas microempresas alrededor de las elecciones locales. Sólo así se explica que se rumore sobre campañas de ediles de hasta 50 millones de pesos, cuando el salario de uno de ellos apenas supera los 41 millones anuales.

Nixon Pabón Martínez, edil de Kennedy que aspira al Concejo por el partido conservador, fue víctima de este cobro. “¿Cuánto me das y te ayudo?”, le dijo uno de los líderes más activos de su localidad. Para este político es un círculo vicioso porque las ‘ayuditas’ que antes ofrecían los concejales les enseñaron las malas costumbres a los ediles y ahora no dudan en chantajear de manera directa al concejal.

En Bogotá se eligen 184 ediles y el que menos votos logró en 2003 lo hizo con 500 votos. La máxima votación fue de 2.900 votos.

Hay concejales que comienzan un año antes de las elecciones. Uno de ellos dijo a Votebien que los aspirantes organizan prácticamente una nómina paralela con los líderes de las comunidades a quienes les pagan sueldo para que mantengan a sus votantes cautivos, organicen las reuniones barriales y consigan más seguidores. En contraprestación, se dan contratos o se gestionan puestos en la administración pública.

El panorama es mucho más desolador cuando se mira la búsqueda de los electores. En Ciudad Bolívar, varios líderes coinciden en acusar a dos actuales ediles y candidatos a repetir de cambiar cupos y becas en colegios de su propiedad por votos cuando nisiquera viven en la localidad.

Otro mecanismo es el simple engaño. El periódico El Tiempo publicó una información según la cual el candidato al Concejo, Marcial Rodríguez, está cobrando entre mil y dos mil pesos a los vendedores ambulantes para garantizar su permanencia en las calles de Chapinero.

Por ello, hay muchos líderes que ya no creen en los compromisos. Porejemplo, en la promesa con que llegó un candidato al barrio Perseverancia de que durante su ejercicio lograría la pensión para las madres comunitarias. Ellas son un verdadero botín político y en localidades como Usaquén son “perseguidas” en esta época, según las propias palabras de una líder de la zona.

El programa estrella de la actual administración ‘Bogotá sin hambre’, se convirtió también en ‘caballito de batalla’ para los aspirantes al concejo de Bogotá. Aunque el programa se convirtió en una política pública de la ciudad hay denuncias sobre aspirantes del Polo Democrático que amenazan con que de no ser ese partido el que se quede con la Alcaldía, la atención prioritaria en alimentación podría acabarse.

No se trata, sin embargo, de que el voto de opinión bogotano sea producto de la imaginación de los analistas políticos. Es más bien que los bogotanos votan de opinión para la Alcaldía Distrital, pero amarran su decisión en las contiendas locales. Prueba de ello es que la votación de alcaldía vs. la del concejo prácticamente fue la misma en el número de votos para las elecciones de 2003, pero no así en la distribución en los partidos. Mientras en la Alcaldía barrió el Polo, para concejos y Juntas Administradoras Locales las votaciones estuvieron distribuidas en todos los partidos. Así lo ve Andrés Hernández, investigador del Informe de Desarrollo Humano de Bogotá, quien define al elector de la capital como ‘ambivalente’. “En general, en todas las localidades hay voto de opinión, pero se concentra en la Alcaldía Distrital; para elegir a los ediles el voto está cautivo”.

A tan pocos días del cierre de inscripciones y por lo tanto el tiempo para obtener y entregar avales, las prácticas clientelistas se hacen mucho más evidentes y la razón es que en manos de los ediles y los alcaldes locales está la distribución de los recursos futuros.

Hernández explica así el proceso de las campañas de ediles: Primero hacen campaña prometiendo la distribución de los recursos, luego son ellos mismos quienes entregan la terna para la elección de los alcaldes locales y al final distribuyen los recursos que debería decidir la alcaldía.

No significa que todos los líderes locales tengan vicios. Juan Fernando Rueda, otro aspirante al Concejo por el Polo Democrático, defiende a los líderes naturales que tienen un proceso con la comunidad y siempre han mantenido una posición clara respecto a sus apoyos en el concejo.

Por ejemplo, el concejal Fernando Rojas, no niega que la mayor fortaleza para haber logrado su puesto, está en dos ediles de Suba y Bosa quienes obtuvieron las mayores votaciones en la ciudad.

El otro problema es la falta de renovación. En localidades como Fontibón, los líderes son muy tradicionales y hacen su campaña a la antigua usanza. Es muy extraño que allá lleguen nuevos candidatos porque los existentes están muy arraigados y en cada nueva elección, sacan la lechona y la cerveza para mantener a sus seguidores.

Las denuncias recorren el mapa de Bogotá. En Usaquén, por ejemplo, según el edil de Usaquén, Andrés Felipe Vásquez Mejía, son muchas las irregularidades Desde trasto de votos hasta la corrupción de las registradurías. Mientras, el edil Cirano Augusto Cardona denuncia transfuguismo.

Para Andrés Hernández, la descentralización política es un mito y la única manera de quitar la tentación a los ediles de cobrar por los apoyos es también quitarles la posibilidad de decidir sobre los presupuestos locales. Sólo así, podrían dedicarse a la que es su función principal: el control político.

Hay otras tesis, como la solicitud de que los alcaldes locales sean elegidos por voto popular o que sea la Alcaldía la que decida, con participación de la comunidad, cuáles son los proyectos en que debe ser invertido el presupuesto. Cualquiera de ellas, lo importante es que los bogotanos puedan llevar la cultura de votar libremente desde la Alcaldía hasta sus propios barrios.