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Orden público
Entre la política y el miedo
En Caquetá se medirá si la democracia vencerá a las Farc. María Alejandra
Villamizar, de SEMANA, recorrió el departamento que se prepara para las
elecciones en medio de la guerra.
Para hacer política en Caquetá, o
se tiene una fe muy grande en Dios o se confía en sacar una tajada que compensa
el riesgo. Nadie, en este exuberante departamento, puede dar garantías para que
un político esté a salvo mientras hace lo suyo. Aun así, hombres y mujeres
desafían su propio miedo y se hacen candidatos. Atribuyen su aspiración a su
deseo de trabajar por la comunidad, pero en la mayoría de los casos los alienta
una enorme pobreza y la ambición humana de ser algo más en la vida.
La
agitación electoral aparece ante los ojos del visitante desde que se llega a
Florencia, la capital. En medio del caos vehicular del medio día, el destello
del sol cae justo sobre el nombre del gobernador, Juan Carlos Claros, que se
repite en vallas bien pintadas a lo largo de la avenida circunvalar. Pero de
Claros no se habla bien. Escandalosos porcentajes de comisión en los contratos
que ha otorgado son la comidilla de la gente, que ya en campaña, empieza decidir
cuál de los ocho candidatos a la Gobernación debe ser su reemplazo.
Y
para el alcalde de Florencia, Arnaldo Barrera, el tiempo fue corto para cumplir
con sus promesas. Huecos interminables y abundante basura en los andenes
aparecen como una cuenta de cobro. Nada extraordinario en una capital alejada
del centro del país, que tiene mejores condiciones de seguridad, en donde las
campañas políticas van al son que toquen los parlamentarios y sus recursos.
Distinto se vive en los pueblos donde la sombra de las Farc oscurece aún el
panorama.
Doncello, Puerto Rico y San Vicente del Caguán son tres
poblaciones unidas por una carretera. La vía por largos trayectos está en
condiciones de trocha veredal. Tiene seguridad de principio a fin. Tanquetas del
Ejército, camiones con soldados y con policías transitan a diario al lado del
ganado y del queso, que son los dos pasajeros más frecuentes. Sin embargo,
quienes viajan por Colombia y viven por ella no intentan moverse cuando el sol
se oculta. Y menos en época de elecciones.
En un retén, el último de
camino a San Vicente, un soldado requisa las maletas con una lista en mano. En
ella se lee la descripción de una "terrorista de la ONT Farc, alias 'Ximena',
acaba de entrar a la estructura central del frente 14. De pelo claro, ojos
oscuros". En semanas recientes las Farc aparecieron en la vía con sus camuflados
y fusiles. Ni la seguridad democrática ha podido contrarrestar la intimidación
sobre esta vía vital para Caquetá. No hay candidato, gobernador o presidente que
no renueve la promesa de una solución al lío de la carretera, pero la artería
principal de la economía agropecuaria de esta región no se recupera.
Contra la marea
Los cementerios son pruebas del vínculo
que hay entre la muerte y la actividad pública en Caquetá. Argemiro Medina, el
carnicero del pueblo, ocupa la más reciente tumba en el camposanto de Doncello.
El 10 de julio terminaron sus 65 años de vida, los tres últimos dedicados al
Concejo, porque las balas de las Farc lo encontraron en la sala de su casa a la
hora de la misa. De poco sirvieron los refuerzos de Policía que habían enviado a
la estación o las advertencias que corrían de boca en boca. La concejal Ofelia y
su hermana también cayeron. Las mujeres eran tan pobres, que nadie ha pagado ni
una cruz para su tumba. Quedaron vivos nueve de los 11 concejales.
Y los
que sobrevivieron se fueron. Algunos que aspiraban a la reelección, desistieron.
Álvaro Gallego, por ejemplo, hace papeles para irse para Canadá, en donde ya
viven al menos ocho familiares. El personero, Diego Giraldo, confirma que las
solicitudes de certificados de amenazas aumentaron después de la matanza, y el
comercio registra una baja en sus ventas.
Pero nadie para a esta gente.
La campaña política en Doncello está en auge. Tres candidatos son los más
opcionados para disputar la alcaldía. Un liberal, uno de la Alianza Social
Indígena y otro más por Convergencia Ciudadana. Ya tienen sedes pintadas. La
muerte de los concejales, hace 20 días, parece cosa del pasado, y aunque no hay
listas definidas, hay candidatos dispuestos a cumplir las recomendaciones
necesarias para conseguir los 200 votos que necesitan: no salir al campo, ni
hacer proselitismo después de las 6 de la tarde, tampoco alejarse del centro.
El empeño por seguir adelante tiene que ver con la historia de empuje
que tienen los habitantes de estas zonas de colonización. La mayoría es hijo o
nieto de gentes que llegaron a probar suerte. Tienen alma de peregrinos, no
tienen trazada la vida en una línea recta y sienten que su suerte está echada. O
si no, ellos mismos se la echan. Como lo evidencia la importancia del programa
radial del Indio Chumayoi. "El indio que les quita los maleficios a los blancos
civilizados".
La amenaza de las Farc sobre los concejales, alcaldes y
diputados está siempre vigente. El 14 de julio llegó la última, firmada por la
columna Teófilo Forero. En ella piden la renuncia de todos estos servidores
públicos de Neiva, Campoalegre, Algeciras, Gigante, Hobo, San Vicente del Caguán
y Puerto Rico. Y como ninguno lo ha hecho, ya son objetivo militar.
En
Puerto Rico hace unos años los habitantes vieron volar en pedazos la alcaldía y
la sede de Telecom; después el asesinato de dos alcaldes consecutivos, y el 24
de mayo de 2005 vivieron la masacre de cuatro concejales en "el recinto de la
democracia".
Aunque cinco nombres se pelean la Alcaldía, sólo dos tienen
el aval de un partido político. Wílmer Cárdenas, liberal, y Adrián García, del
Polo Democrático. Alguno tendrá que conseguir los 1.200 votos con los que
alcanza a ser elegido. La baja participación en las elecciones es la regla en
estos lugares en donde la población del campo muchas veces no puede votar.
Lo que no se ve por estas tierras ni pintado en la pared, literalmente,
es el partido de La U. Los candidatos uribistas deben buscar un aval no tan
vistoso como el del rey de la coalición de gobierno. A Cambio Radical también le
va mal. Poco y nada sirve en esta zona, lo que en otras es la garantía del
triunfo político, la foto en compañía del Presidente. Por esto, los partidos
Convergencia Ciudadana, Colombia Democrática, Apertura Liberal, y la Alianza
Social Indígena reparten avales a diestra y siniestra. Se nota el debilitado el
poder del Partido Liberal tras la muerte del clan Turbay, asesinado por las
Farc.
En este municipio, al que le dicen: "el pueblo de las dos
mentiras" porque ni es puerto, ni es rico, mandan las mujeres. La secretaria de
gobierno, María Eugenia Herrera, tiene 22 años y va que vuela para la política.
Es tan entusiasta, que califica lo que pasa en Puerto Rico como producto de la
magia de "Macondo". También es mujer la personera, Dos jóvenes abogadas que
reemplazan al alcalde, porque éste, por seguridad, no permanece en el pueblo.
La ciudad sitiada
San Vicente del Caguán simboliza el
deseo de triunfo del Estado sobre las Farc. A este pueblo grande llegaron las
Fuerzas Militares a restablecer el orden, llegó el presidente Uribe a ejercer la
soberanía, a las calles aledañas de la plaza central llegaron los recursos de
Estados Unidos para construir una biblioteca, el Ministerio del Interior
financia una nueva sede para la alcaldía, que reemplace la destrozada por una
bomba, y el programa de la Presidencia, Acción Social, entrega subsidios y
mercados para los más pobres. Pero la continuidad de la zozobra es tan notoria,
que es inevitable pensar que esta guerra está lejos de ser ganada. Las Farc aquí
siguen mandando.
Lo saben todos. Y lo saben quienes aspiran a ser
elegidos en octubre, personas del pueblo que quieren gobernar este lugar que
tiene una agenda por resolver que pondría en aprietos incluso a un gobernante de
la más alta estatura política.
Tiene casi 50.000 habitantes y 280
veredas, de las cuales no se pueden visitar sino dos o tres. Es del tamaño del
departamento del Huila y las carreteras están en mal estado y sólo en el casco
urbano se mantiene un control relativo en la seguridad. Hay prohibición de la
guerrilla para comercializar los más de 500.000 litros de leche que se producen
al día. Tiene 14.000 millones de pesos de presupuesto y se desconoce el monto de
la deuda pública.
Es sede de un batallón inmenso repleto de soldados,
una estación de Policía donde se dice que hay unos 60 hombres, una brigada móvil
del Ejército y un batallón de alta montaña, y un número no despreciable de
personal de los organismos de inteligencia. Aun así, está azotado por la nueva
realidad de la delincuencia común que asalta casas y negocios. Esto, en medio
del arraigo histórico de las Farc que la rodean y merodean con los frentes 14,
la columna Teófilo Forero del Bloque Sur, guerrilleros del Bloque Oriental y
cientos de milicianos en el casco urbano.
Pese a este panorama, están en
marcha las elecciones para que llegue 'el cambio'. Y este les va a llegar
primero a las vidas de los que ganen. A los concejales y al alcalde de San
Vicente les toca vivir dentro de una cuadra custodiada las 24 horas, tener
escolta y usar, en lo posible, chaleco antibalas en un clima de 35 grados
centígrados.
El candidato más visible es Hernán Cortés, quien trabajó en
el municipio durante 14 años. Fue mensajero, tesorero, jefe de presupuesto,
hasta secretario de Hacienda. Encontró el aval en Apertura Liberal. Empezó la
campaña hace un año con escoltas que paga de su bolsillo y una campaña a la que
se le nota el apoyo de los patrocinadores. "Hicimos una rifa de un carro, 100
boletas a un millón de pesos y de ahí, nos hemos financiado", comenta.
Y
están los demás. Un teólogo, ex seminarista joven que trabajaba en el vicariato
de la iglesia, levanta la bandera del Polo Democrático. Está convencido de que
si "el campo vota, el Polo gana", pero aún no se confirma si habrá mesas de
votación en las inspecciones de Policía. Podría dar la sorpresa porque el Polo
sacó en San Vicente la más alta votación en las presidenciales.
Los
demás candidatos dicen que por ahora manejan un bajo perfil. Julio César
Carrillo, de la Alianza Social Indígena, espera que su estrategia de campaña le
funcione y confía en el desgaste de Cortés. Y Farid Quintero, del Partido
Liberal, se ve muy solitario.
Con los concejales, la historia no es
distinta a la de los otros pueblos. El último asesinato fue en enero de este año
y las muertes del Doncello tienen a algunos con dudas de lanzarse a la
reelección. Pero muchos sí están decididos, como Eduardo Cedeño, que ha
sobrevivido a dos atentados y busca un segundo período. "Uribe alborota a las
Farc desde afuera. Que se iguale en condiciones de seguridad con nosotros a ver
si sigue siendo tan guapo", comenta.
Y para cerrar el círculo, la
corrupción campea en el departamento como la misma plaga guerrillera.
Investigaciones y denuncias se tramitan sin esperanza porque dicen algunos que
aquí la justicia depende de quien la pague mejor. Es verdad, llegan las
elecciones y se debería respirar un nuevo aire. Pero por ahora, no parece que
exista candidato capaz de vencer los designios de un pasado que no le permite
dar la bienvenida al futuro.
Artículo publicado en SEMANA # 1.318