
Los indígenas podrían estar perdiendo representación por cuenta de los avales que la ASI le ha dado a candidatos de opinión.
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Partido
Venidos a más
Un movimiento político indígena que ha respaldado candidatos alejados de las maquinarias políticas, se está convirtiendo en la alternativa de muchos de los llamados candidatos de opinión. Pero no todo ha sido ganancia.
Este año la Alianza Social Indígena (ASI) se está jugando su nombre. Después de un rápido crecimiento en los últimos años, y de ser reconocido por avalar a candidatos como Antanas Mockus y Sergio Fajardo, el Partido ha logrado presencia en 31 de los 32 departamentos. Para las próximas elecciones de octubre le entregó su aval a 2.473 candidatos de zonas tan disímiles como varios de los municipios del Catatumbo en Norte de Santander, Arauca, Antioquia y Magdalena. Su imagen ha estado al margen de escándalos de la parapolítica, no ha sido vinculada con grupos armados, ni con escándalos de corrupción. Además quienes han tenido relación con este movimiento coinciden en que a pesar de su respaldo, no exigen cuotas burocráticas.
En las principales ciudades y departamentos, la ASI tiene a algunos candidatos con reconocimiento nacional a los que se ve por fuera del manto de la politiquería. Los más reconocidos son Alonso Salazar, candidato a la Alcaldía de Medellín, quien tiene las banderas de la continuidad de Fajardo; Rodolfo Daníes, ex superintendente de sociedades que aspira a la Gobernación de Atlántico; Fabiola Perdomo, viuda de uno de los ex diputados muertos en cautiverio, que aspira a la Gobernación del Valle; y Juan Carlos Flórez, un periodista y académico asociado por sus ideas a Mockus, que aspira a la Alcaldía de Bogotá.
La pregunta sobre quién busco a quién no será nunca resuelta. La versión oficial es que el aval fue una decisión mutua entre los candidatos y los dirigentes de la ASI. Por un lado Marco Anibal Avirama, presidente del Partido, dice que avaló a estos personajes después de estudiar sus hojas de vida y determinar que se ajustan a la plataforma política del partido (respeto a la diversidad, apoyo a las minorías y a los pobres, respeto por la naturaleza y respetar la autonomía de la organización). Y por otro, los avalados coinciden en que les gustó la ASI por tener un “sello de transparencia”. Así se lo dijeron a Votebien Antanas Mockus, Alonso Salazar y Juan Carlos Flórez.
Hoy no hay razones para dudar de su transparencia. Pero las elecciones de octubre serán determinantes. La dirección nacional de la ASI, en cabeza de Avirama - un indígena coconuco del Cauca que está al frente del partido hace dos años y medio- delegó a 15 oficinas regionales la decisión sobre los avales a los candidatos de algunos departamentos. Cada una tuvo como responsabilidad revisar los antecedentes de cada uno de los aspirantes y discutir el apoyo en una convención regional. Aunque Avirama descentralizó estas decisiones, tiene en la cabeza la información sobre quién es quién en cada región. Aunque da un poco de tranquilidad y en apariencia fue un proceso riguroso, él mismo reconoce que filtrar a más de dos mil candidatos no es tarea fácil. “No estamos exentos de que alguien se nos haya colado. Si lo detectamos, procederemos a sacarlo”, le dijo a Votebien. En unos meses se sabrá.
Aunque poco conocida, la ASI es hoy uno de los 16 partidos políticos que logró conservar su personería política en 2006. Hoy tiene presencia en prácticamente todo el país y un fortín electoral fijo entre las 84 comunidades indígenas, numerosos grupos de afrodescendientes, las organizaciones campesinas y otras asociaciones regionales de vendedores ambulantes, artesanos, sindicatos y pequeños empresarios.
Además, sacó a la esfera pública a líderes como Jesús Piñacué, Anatolio Quirá y Eulalia Yagarí, adalides de la causa indígena que lograron avances contundentes para el reconocimiento de los derechos y privilegios para estas comunidades. Para eso fue creado.
Por esto el aval que el Partido le dio a todos tantos candidatos no indígenas (entre los que se cuentan los ilustres y todos los demás) puede ser un arma de doble filo. Por un lado personajes como Salazar, Flórez, Perdomo o Daníes le dan nivel al Partido. Pero, por otro, no es claro que esto le dé beneficios a las etnias que dice representar. El caso de la Alcaldía de Mockus es contundente. No hubo representantes de los indígenas en el gabinete del Alcalde y tampoco hubo políticas claras enfocadas a estos pueblos. Igual con Fajardo. “La ASI le está sirviendo de puente a estos prohombres. Pero ninguno termina siendo representante del Partido, sino que una vez elegidos se vuelven alcaldes independientes”, le dijo el analista Pedro Medellín a Votebien. Así ocurrió con las administraciones Bogotá y Medellín. Estos alcaldes no llevaron ninguna bandera, ni fueron llamados a rendir cuentas. La ASI no ejerció el control político que se espera de cualquier partido en el poder. Estuvo completamente ausente.
Es paradójico. El desapego frente a la burocracia y al intercambio de favores habla bien de la forma como la ASI hace política, pero mal de su estructura partidista. Esperar algo a cambio del aval no es malo. Cuando un partido logra llegar al poder, lo más lógico es que sus miembros e ideología se vean representados de alguna forma. O que por lo menos los ciudadanos sepan cuál es el partido en el poder. El que pocos colombianos sepan que la ASI fue la que llevó a estos candidatos a la elección da un resultado negativo en el análisis costo beneficio.
Para Avirama el reconocimiento obtenido a través de estos apoyos fue suficiente y reconoce orgulloso que en estos casos su partido no esperó nada a cambio del aval. Aunque desinteresada, su posición demuestra falta de organización partidista. “La ASI no tiene un espectro ideológico que lo diferencie. Sus postulados son muy amplios. Hoy el partido es simplemente una suma de intereses minoritarios y mientras sigan dando este tipo de avales no lograrán construir un proyecto”, agregó Medellín.
Tal vez les falte establecer un proyecto a largo plazo. Pero el de estas elecciones es claro: ser un partido nacional, con cada vez mayor representación. A eso le apuntan. Ya no quieren ser el partido de los indígenas, de los negros o de los campesinos. Van a mitad de camino, pero su suerte dependerá en gran medida de si funcionan los controles con los que en otros momentos han garantizado la transparencia de sus avalados.