Quién es quién

Opinión
Top Informes
Más Noticias

Radiografía de un fenómeno
la Participación electoral atípica como variable de riesgo.

Por:Javier Andrés Flórez Henao*

Los Colombianos escogerán el próximo 28 de Octubre a sus representantes y gobernantes a nivel departamental y local, quienes regirán los destinos de sus municipios y departamentos en los siguientes cuatro años. Sin embargo, las elecciones que se avecinan no están exentas de innumerables problemas generados por las debilidades internas del sistema político y por diversos factores de riesgo externos, como la presencia de los grupos armados y sus consecuencias como, por ejemplo, el desplazamiento forzado. Es responsabilidad de todos buscar, por medios legítimos, blindar la democracia a través de unas elecciones competitivitas, libres, y, sin duda, transparentes, donde los candidatos y candidatas, de todos los sectores sociales, puedan expresar su propuestas y los ciudadanos-electores escojan libremente sus preferencias a la hora de ejercer su derecho al sufragio. Sin unas elecciones con estas características mínimas, la democracia pierde uno de sus grandes soportes.

Lo que esta en juego no son solo unos cuantos presupuestos municipales, el control político de algunas regiones o la disputa ilegítima de éstos territorios, temas también vitales y de mucha importancia: sino que está en juego la democracia misma. ¿Existe democracia sin unas elecciones confiables, donde la voluntad real de los ciudadanos y ciudadanas sea la que, finalmente, decida en las urnas? Una democracia sustentada en elecciones fraudulentas y manipuladas es, sencillamente, un espejismo de la democracia real. Ufanarnos de ser la democracia más antigua de Latinoamérica bajo estas condiciones electorales, es irónico e inadmisible.

Ahora bien, dentro de las variables a tener en cuenta para analizar los eventos electorales, encontramos la participación electoral, la cual se presenta como el canal esencial y central de vinculación entre el electorado y sus preferencias políticas mediante la elección de sus representantes y gobernantes. Al sistematizar y analizar las estadísticas o datos de la participación electoral en Colombia se pueden identificar centros poblados del país que se alejan bastante de los niveles que históricamente, en nuestro caso, son los normales. En otras palabras, existen municipios con participaciones exageradamente altas y otros con un porcentaje de participación excesivamente bajo. En ambos casos algo está pasando y, muy probablemente, los ciudadanos no pueden, por las razones que sean, ejercer libremente su derecho al sufragio, atendiendo a sus preferencias.

Cuando se presenta esta información en ayudas cartográficas el asunto empieza a tener más sentido. Mientras que en el norte del país, específicamente en los departamentos de Cesar, Magdalena, Córdoba, Sucre, Atlántico y Bolívar, donde existe -¿existió?- una fuerte presencia de grupos paramilitares, el riesgo es debido a altas participaciones, en el sur encontramos exactamente lo contrario, municipios con porcentajes de participación bastante bajos, como es el caso de Amazonas, Guainía, Caquetá, Putumayo y Vaupes, donde las FARC tienen un fuerte control territorial. Estos datos confirman que mientras los primeros presionan para que los electores salgan a las urnas, los segundos amenazan para que las elecciones no se lleven a cabo. En ambos casos, el derecho al sufragio en condiciones de libertad y trasparencia está siendo obviamente vulnerado. Cabe resaltar dos casos diametralmente opuestos que sirven de ejemplo. Por un lado está el municipio de González en el Cesar, donde la participación en la elección a Senado 2006 fue de 93% de su censo electoral y el gran ganador fue el hoy ex-senador Álvaro Araujo Castro. Por el otro lado se encuentra Mapiripana en Guainía con tan solo una participación, en el mismo evento electoral, del 5,31% de sus ciudadanos, tierra esta de las guerrillas.

La participación electoral es un espejo del evento mismo. Nos nutre de una información importante para el análisis; datos que servirán para confirmar hipótesis de trabajo que de otra manera mueren en el intento. En otras palabras, una participación extremadamente alta en un municipio no nos dice nada en sí misma, sencillamente nos plantea la posibilidad de que como dicho municipio se alejó bastante de la votación considerada típica, se podría haber presentado alteraciones de cualquier tipo durante las elecciones. A partir de esa línea de base podemos, entonces, comparar estos resultados con la presencia de grupos armados ilegales en éstas zonas u otras variables y, finalmente, comprobar la relación planteada.

Finalmente, los resultados presentados por la Misión de Observación Electoral en su primer mapa de Riesgo Electoral, que agrupa a investigadores de prestigiosas universidades e instituciones, son realmente impactantes con respecto a la atipicidad por participación electoral. Existen hoy 13 departamentos con más del 50% de sus municipios con participaciones electorales atípicas, esto es, específicamente, el 38% de nuestros municipios en riesgo. Para percibir lo trascendental del asunto, contextualicemos éste porcentaje. En estos municipios habita el 16% del censo electoral del país, es decir, 4`086.472 ciudadanos podrían estar en riesgo para las próximas elecciones, un número alarmante. Aun así, queda claro que aunque fuese una sola persona en riesgo, la democracia perdería legitimidad, entonces, con esta cifra, se puede decir que las elecciones regionales y locales de octubre se presentan como un desafío gigante de nuestra democracia. La legitimidad democrática de nuestro país está, de nuevo, en riesgo.

Todos los días recuerdo una frase de Octavio Paz que, sin duda, a tres meses del evento electoral que legitima nuestra democracia, queda perfecta: “Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos”. Colombia, el próximo 28 de Octubre, puede, otra vez, quedar lisiada. Manos a la obra, queda mucho por hacer.

*Miembro del Observatorio de Procesos Electorales (OPE) Universidad del Rosario.